Publicado por DV & archivado en Bulevar, Burgos, Entrevistas, Gamonal, Historia, Literatura.

Óscar Esquivias es uno de los escritores burgaleses con mayor proyección en el panorama literario actual. Autor de la apasionante trilogía que se inicia con la novela Inquietud en el paraiso,  a la que se añaden La Ciudad del Gran Rey y Viene la noche, con la que se completa finalmente la saga, es uno de los máximos referentes culturales en la ciudad de Burgos.

Óscar Esquivias

Desde DV hemos tenido la oportunidad de realizar una entrevista sobre Gamonal, el barrio que vio nacer a Óscar Esquivias allá por lo inicios de la década de los setenta. A través del correo electrónico Óscar nos habla del Gamonal de su infancia y adolescencia, de las transformaciones y conflictos que en él se  han vivido a lo largo de su historia aportando además su visión personal sobre la lucha vecinal contra el bulevard de la calle Vitoria en enero de 2014.

Después de novelas como Inquietud en el Paraíso, La ciudad del Gran Rey o Viene la noche, con la que se concluye la trilogía, la publicación de un nuevo libro de Óscar Esquivias se está haciendo esperar. ¿En qué estas trabajando actualmente Óscar?
Estoy tratando de terminar una novela que me tiene entretenido desde hace varios años; en cualquier caso, durante este tiempo no he dejado de publicar: después de la trilogía publiqué dos novelas juveniles en la editorial Edelvives (Mi hermano Étienne y Étienne el traidor), han aparecido dos libros de cuentos (La marca de Creta y Pampanitos verdes, ambos en Ediciones del Viento) y muchos cuentos sueltos más en revistas y libros colectivos. Me siento muy orgulloso de estos relatos, en especial de los que figuran en las antologías Rusia imaginada (Nevsky Prospects, 2011), Steampunk (Fábulas de Albión, 2012) y El descrédito (Lupercalia, 2013). Todas estas editoriales son pequeñas, independientes y admirables por su valentía.

Tras varias décadas de trabajo dedicado a la escritura Óscar Esquivias se ha convertido en uno de los autores más interesantes del panorama literario actual. ¿Cómo era el barrio de Gamonal que te vio nacer allá por 1972? ¿Cómo influenció el barrio en el que creciste a la hora de convertirte en escritor?
La porción del barrio en la que yo me crié tenía estos límites: la Plastimetal y las enormes escombreras que había donde hoy está Pentasa hacia el este; la barriada Inmaculada al norte (donde entonces estaba la biblioteca pública del barrio); lo que hoy es Eladio Perlado al oeste y el silo de Capiscol y las vías del tren hacia el sur. Esa parte de Gamonal es la que yo conocí. Era un barrio a medio construir, lleno de grúas, con las calles sin asfaltar (por no tener, no tenían ni nombre: la mía se conocía como la calle “3-34” y el ayuntamiento tardó en bautizarla). Hacia Casa La Vega todo eran campos de labor y yo recuerdo los rebaños de ovejas pastando en lo que llamábamos la «La Campa», la actual calle Pedro Alfaro, donde había unos chopos añosos. La Real y Antigua conservaba su cementerio y la iglesia se levantaba en mitad de un barrizal, con el atrio sin escaleras y un amontonamiento de tierra a modo de rampa para acceder a ella. En mi calle había muy pocos comercios y estaban siempre atestados. Desde mi casa se veían los chalés del ejército del Aire, se oían los toques de trompeta de los cuarteles de la Nacional I y también la sirena de la Plastimetal y de la Firestone. Recuerdo los enormes atascos en la calle Vitoria, llena de coches franceses con sus focos amarillos y sus matrículas de fondo negro con números en blanco. Casi todas las casas tenían cocinas de leña y era frecuente ver a los carboneros cargados de sacos y a los vecinos partiendo astillas en la calle, apoyando los troncos en los bordillos. La basura se dejaba amontonada en las propias aceras y en los autobuses urbanos se entraba por la puerta trasera, donde había un cobrador. Así, a vuela pluma, estas son algunas imágenes que se me vienen a la cabeza. Por lo demás, yo recuerdo una infancia muy feliz: el barrio estaba lleno de niños, nos pasábamos el día en la calle y, pese a la modestia de nuestras condiciones de vida, todo resultaba más asequible que ahora (me asombra pensar que mis padres, con el sueldo de un obrero, pudieron comprarse un piso: hoy eso sería imposible).
Respecto a lo de ser escritor, la verdad es que nada en mi entorno cercano (ni en mi familia ni en Gamonal) me servía de referente. Pero creo que quien tiene una vocación (literaria o de cualquier otro tipo) encuentra las fuerzas y los medios para sacarla adelante.

¿Cuáles son las principales transformaciones que se han producido en el Gamonal de tu infancia y adolescencia respecto al barrio actual?
Aparte de la urbanización general del barrio y de la desaparición de las fábricas que habían quedado rodeadas de edificios (Loste, Campofrío o la Celebusa), encuentro que Gamonal ahora –en su aspecto humano– tiene una población mucho más envejecida. Todos los obreros venidos de zonas rurales en los sesenta y setenta ya están jubilados y muchos de sus hijos han abandonado el barrio. Entre los nuevos vecinos (esta es una novedad importante) hay ahora una presencia significativa de población extranjera, tanto de latinoamericanos como de asiáticos, africanos o personas del Este europeo. Cuando yo era niño era raro encontrarse con alguien que no fuera español.

Desde finales de los años setenta hasta prácticamente la actualidad Gamonal ha sido escenario de numerosos conflictos sociales ¿cómo viviste aquellas situaciones que parecen acompañar de forma constante a la historia de Gamonal?

Sé que durante la Transición hubo problemas laborales y sociales (tengo un remoto recuerdo de asistir a manifestaciones con mi padre y de tumultos y enfrentamientos en la calle Vitoria, pero yo era entonces muy niño y no tenía plena conciencia de lo que sucedía). Después de eso, creo que no ha habido conflictos realmente graves (o no mayores que en otras zonas) hasta 2005, cuando se quiso hacer el aparcamiento subterráneo en la avenida de Eladio Perlado y la protesta derivó en un estallido social. En esas fechas yo estaba fuera de Burgos, así que no lo viví de forma directa. Mi opinión particular era contraria al aparcamiento, pero también –y de forma radical– a las manifestaciones de violencia con las que se detuvo la obra. El año 2005 marcó un punto de inflexión en las relaciones del barrio con el ayuntamiento de la ciudad y con el partido mayoritario en el ayuntamiento (no hay que olvidar que hasta ese momento José María Peña y Juan Carlos Aparicio habían tenido el apoyo de los electores de Gamonal).

En enero de 2014 Gamonal volvió a convertirse en un campo de batalla tras las protestas contra la construcción del bulevar en la calle Vitoria. ¿Cuál es tu valoración personal sobre este conflicto que hizo que nuestro barrio se convirtiese en el epicentro de la actualidad informativa durante varios días?
Seguí las noticias con mucha intensidad y sentimientos contradictorios. Por una parte, la oposición vecinal adquirió el carácter de símbolo y yo soy muy sensible a esa épica obrera y revolucionaria, a lo Victor Hugo o Zola: buena parte de España vio en Gamonal un acto de rebeldía frente a la impunidad de los políticos y su forma impositiva y sospechosa de gobernar. A mí me impresionaron mucho las imágenes de los miles de vecinos ocupando la calle (y creo que fue esta movilización popular y no los famosos contenedores en llamas lo que detuvo la obra). Personalmente, siempre he sentido que no se produjera una movilización similar en otras obras de nuestra ciudad (pienso sobre todo en el aparcamiento de la Flora, una desgracia urbanística que me duele especialmente). A mí el proyecto del bulevar de la calle Vitoria me parecía inoportuno y poco realista, pero –urbanísticamente– apuntaba en la dirección correcta: un Gamonal más ecológico y humanizado, con espacios ganados para el peatón, la bicicleta y el transporte público. Pese a la épica popular de la que hablaba arriba, me temo que entre ciertos vecinos de Gamonal también subyace cierto espíritu inmovilista y hasta reaccionario, enemigo de cualquier limitación al transporte privado y opuesto a la peatonalización o ajardinamiento de estos espacios comunes. Mi modelo de ciudad ideal, desde luego, no se parece en nada al aspecto que tiene la calle Vitoria ahora mismo. Si volver a tener una carretera como calle principal es un triunfo, me parece un logro muy pobre que sólo beneficia a los constructores, que han cobrado sus indemnizaciones y han hecho su negocio igualmente. Sé que no es fácil resolver el problema del aparcamiento en el barrio, pero contentarse con la situación actual me parece que es reducir el «efecto Gamonal» a casi nada.

En la actualidad eres uno de los escritores burgaleses que goza de mayor impacto en los medios de comunicación locales. Una de las constantes en las protestas contra la realización del bulevar fue la presencia de miles de manifestantes que expresaban su rechazo frente a la sede del Grupo Promecal que a ojos de muchos de ellos era identificado como parte responsable del conflicto. ¿Enero de 2014 significó un despertar de la ciudadanía contra el monopolio informativo de algunos medios? ¿Cómo viviste aquellos acontecimientos?
Me temo que mi influencia como columnista es pequeña, o al menos yo tengo la sensación de que las ideas que defiendo no prosperan (desde luego, en lo que se refiere al urbanismo de la ciudad o a la prohibición de la fractura hidráulica no he tenido ningún éxito). He de decir que en Diario de Burgos, pese a no compartir planteamientos importantes de su línea editorial (por ejemplo, es un periódico pronuclear, monárquico y taurino), siempre he escrito con plena libertad, he elegido yo los temas sobre los que he querido tratar –sin que se me sugiriera o vetara ninguno– y nunca han cambiado una sola coma de mis textos. Además, aprecio mucho la labor de sus periodistas y también la pluralidad de sus columnistas (aunque, ciertamente, haya una nutrida representación del pensamiento más tradicional y eclesiástico, pero es algo legítimo).
Respecto al «despertar de la ciudadanía», no sé qué decir. Creo –pero no tengo datos– que el número de lectores del periódico no ha mermado después del conflicto y que sigue siendo la fuente de información principal sobre la ciudad y su provincia. De momento, el alcance de los medios digitales es pequeño y sólo suelen llegar a una minoría afín y convencida; el Diario de Burgos, sin embargo, está en todos los bares de la provincia y allí lo leen –y lo discuten– desde el sindicalista hasta el director de la sucursal de un banco. Por lo demás, a mí me parece bien que se critique severamente la labor de los periodistas y la línea editorial del periódico, pero creo que la actitud hostil, insultona y amedrentadora de la masa estuvo lejos de la discrepancia razonada y se acercó peligrosamente al simple acoso.

Durante aquellos días las redes sociales como Twitter, medios alternativos como el nuestro o incluso proyectos periodísticos como eldiario.es de Nacho Escolar jugaron un papel decisivo. ¿Es posible la existencia de un periodismo genuino al margen de las grandes empresas de la comunicación?
Confío en que sí, aunque estamos en un momento de crisis y nadie sabe muy bien qué va a pasar con el periodismo tradicional (cuando hablo de “periodismo” me refiero al de investigación y el informativo, que es el que me interesa; hoy en día da la impresión de que muchos periodistas pertenecen más al mundo del espectáculo o del entretenimiento que al de la información). Yo soy lector de Eldiario.com, me parece muy valiente su sistema de suscripciones y su transparencia con las cuentas, pero está por ver si ese modelo es viable y se generaliza. En cualquier caso, ahora mismo creo que el alcance de Eldiario.com y de la prensa digital todavía es pequeño. Tendemos a magnificar lo que sucede en internet, pero hay una gran masa de población que se sigue informando por los medios tradicionales, fundamentalmente por la televisión, que no consulta los medios de internet ni sabe qué son las redes sociales. En el caso de estas últimas, sirven para conocer impresiones inmediatas y son muy útiles si el receptor es una persona formada y con criterio. De otro modo, se convierten en una fuente incalculable de bulos e inexactitudes.

¿Cuál crees que puede ser el futuro que le espera a Gamonal?

A mí me gustaría que toda esa corriente de rebeldía y de oposición al sistema se pudiera canalizar hacia una alternativa constructiva y eficaz que consiguiera un barrio más verde, más habitable y más solidario, con la creación de cooperativas de producción, servicios y consumo que demostraran que una sociedad se puede organizar de otra manera. Un reto importante es la integración de los extranjeros en la vida cotidiana del barrio. Personalmente, me gustaría que aumentara el número de árboles en ciertas zonas: el parque del G-9 (que, si hubiera voluntad, podría convertirse en un verdadero bosque), las plazas de Francisco Grandmontagne y Roma, la calle Lavaderos… (seguramente en muchos de estos espacios será imposible por los aparcamientos subterráneos que lo impiden). Y, puestos a pedir, me encantaría que se respetara la arquitectura del Silo de Capiscol y que se rehabilitaran las casas del antiguo pueblo de Gamonal tal y como eran, con sus fachadas de piedra y su aire rural, no reconvirtiéndolas en esa especie de chalés ridículos con los que las están sustituyendo.

7 Comentarios para “Gamonal a través de los ojos del escritor Óscar Esquivias”

  1. d.

    El mayor problema y lo que realmente me molesta de Diario de Burgos, amigo Óscar, es la tergiversación, manipulación y falta a la verdad que publica en sus páginas.
    La pluralidad, siempre dentro de su línea editorial, es como el papel que jugó el PSOE para cambiar el art. 135 de nuestra constitución. Todo atado y bien atado.
    P.D. En los tres primeros meses del año ha perdido un 4% de ventas.

  2. Efe Pe / facebook.com

    Como es un diario tan nuclear, que ha impuesto la divina creencia de que Garoña o nada, al norte de la provincia, que vive del veraneo vasco lo está machacando. ¿Hay algún periodista (de verdad) del norte de la provincia trabajando en los medios en la capital, escribiendo columnas, opinando?

  3. Ismael

    He leído algunos de tus libros, de los primeros. Suelo bendito, y también Inquietud en el paraíso. También te he escuchado en alguna charla sobre Virgilio Mazuela. En fin encuentro un tonillo de estómago agradecido tan frecuente en los autodenominados artistas de la ciudad. Unos se venden otros directamente se regalan. Algunos presentan una pose progre, quedaba bien en cierta época,a lo mejor hasta se follaba más. Como cantaba la negra Mercedes Sosa muchos de los artistas de Burgos no son sino “maza sin cantera, amasijos hechos de cuerdas y tendones, revoltijos de carne con madera, instrumentos sin mejores pretensiones” Muchos unos aspirantes a imitar una gauche divine de provincias.

    Mientras hay cincuenta encausados por intentar parar los pies a los señores de la ciudad otros, los artistas, los intelectuales, siguen cantando al señor feudal y dando lecciones de lo que habría que hacer o haber hecho. Así son la mayoría de los escritores, columnistas, violinistas municipales, y demás lameculos del poder económico o munícipal. Nadie ha dicho ni pío después de seis años jodidos. Espero que no haga frío en la torre de marfil. Después de seis años de un golpe de estado de qué hablan los artistas de Burgos. De qué hablan los sumos pontífices de la ficcionalización. Francamente me pregunto que haría una persona a la que valoras tanto como Virgilio Mazuela en estas circunstancias, aunque creo adivinar que pensaría sobre la actitud de tanto juglar de provincias.

  4. Uno de DV

    Ismael, creo que estás siendo injusto con Óscar Esquivias. Por supuesto que en Burgos existen artistas “paniaguados” por los poderes locales, pero creo que este perfil no encaja con el de Óscar. En primer lugar porque la mayoría de premios literarios los ha obtenido fuera de Burgos, al margen de cualquier institución local…y en segundo lugar porque su carrera como escritor se debe únicamente a su trabajo y no al favor de ningún gerifalte, como ocurre en muchos casos.

    Si investigas un poco verás como Esquivias se ha pronunciado en multitud de ocasiones sobre el tema de la Memoria Histórica u otros aspectos sociales como el rechazo a la homofobia. Le conozco como escritor y le he tratado como persona y desde DV o Radio Onda Expansiva siempre se ha mostrado cercano y sin ningún viso de endiosamiento.

    Es posible que su cercanía al Grupo Promecal, y en concreto a Diario de Burgos, le hagan adoptar un discurso políticamente correcto, o que cuando habla de rechazo a la violencia se olvide de la violencia generada por los cientos de antidisturbios llegados a Gamonal, pero para nada se ajusta a la imagen de “juglar de provincias” que propones.

  5. Ismael

    Yo no he llamado a Esquivias juglar de provincias. Lo que digo es que en Burgos los artistas se dejan meter mano con mucha facilidad por los paletos forrados o con bastón de mando, y me pregunto si esa connivencia tiene algo que ver con el arte poco comprometido del que suelen hacer gala. No me gusta el panfleto pero muchos son aduladores de corté gracias a un arte poco molesto para el poder incluso complaciente. buscan en lo estético una coartada para no meterse en molestos charcos.

    No conozco toda la obra de Esquivias y sé que tiene sus méritos. Pero me parece cómodo cuando sin mojarse nada critica la propia defensa como violencia. O dice como debería canalizarse el malestar y la rebeldía. Sólo le faltaba haber citado a Nelson Mandela. Francamente que se refiera a la actitud de los vecinos de gamonal como insultona, hostil y amedrentadora es muy muy decepcionante. Debería saber el artista que en su barrio hay gente que pasa hambre. Repito hambre. Que estaría muy bien que en gamonal hubiera árboles pero veo con disgusto que Esquivias mira al barrio con la frialdad de un geógrafo físico. Ve con más facilidad el urbanismo que las personas. Los desahuciados, los parados, los abuelos, los pequeños comerciantes cada vez más empequeñecidos, los emigrantes que se vuelven a marchar, los que buscan comida en los ignífugos contenedores, toda una juventud con mucho más miedo que futuro. Los artistas pueden seguir huyendo a otros lugares y otras épocas, y leo 95 por ciento de las canciones pueden seguir tratando de ligotear. Para artistas cómplices con el poder prefiero a los modistas y los cocineros.

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