Publicado por DV & archivado en Humor, Relato.

SofiaAhora que desde hace ya tiempo que han cerrado el blog en el que confesaba a mis queridos lectores los infortunios que padece una niña perteneciente a la realeza española cuyo acceso a la corona se ve seriamente entorpecido por una directa rival, aprovecho este otro blog para seguir relatándoos mis desvelos sucesorios. “Si, me llamo Sofí­a de Borbón y Ortiz y odio a mi hermana”.

“La mayorí­a de las personas cree que todos los niños ricos son felices, pero mi vida ha sido desgraciada desde el mismo momento en que nací­. A pesar de pertenecer a la realeza española, sufro un mal mundano. Tengo una hermana mayor y ella es más guapa, más simpática, más lista y más querida por todos. Sin contar con que es mi único obstáculo para que pueda ser Reina de España. Sí­, me llamo Sofí­a de Borbón y Ortiz y odio a mi hermana”.

Así­ comenzaba la bitácora que tan afanosamente escribí­a y en la que relataba los muchos desvelos que desde el mismo momento de nacer he padecido como eterna segundona a la sucesión de la Corona de España. Misteriosamente mi blog ha desaparecido del horizonte, y es que los muchos tentáculos de mi abuelo llegan hasta los parajes más recónditos de la red. Ya no solo lo arbitrario de mi concepción en segundo lugar me llena de tristezas y amarguras, sino que ahora incluso impiden que me exprese y desahogue en mi diario. Pero con tal de que mi voz se oiga estoy dispuesta a aliarme con quien haga falta, si es necesario lo haré con los carlistas, esa rama colateral de la familia de la que tantos quebraderos de cabeza dio a mis antepasados y de la que mi abuelo tanto habla en las comidas familiares henchido de esa aureola sacrosanta que le traspasa cuando se refiere a las glorias pasadas.

-Ay, las Guerras Carlistas, eso si que eran auténticas polémicas en las que los españoles derramaban su sangre por dilucidar que rama borbónica ocuparí­a el trono. Esos si que eran buenos tiempos, hoy  nos tenemos que contentar con esas bobadas sobre si en el Reino se tortura o no, y encima nos lo tienen que recordar desde la pérfida Albión.

¿Por qué no dejan que se oiga la voz de una niña? ¿Por qué me mandan callar los esbirros del abuelo, es que acaso me parezco a Chávez? Luego que no se quejen si me da por morder las orejas de los niños plebeyos que contribuyen a amargarme la existencia. Estoy dispuesta a proclamar la República con tal de apartar de la lí­nea sucesoria al trono a mi hermana Leonor. Eso si mis padres no conciben un varón y echan al traste todas mis aspiraciones, así­ de machista y sálica es la sucesión española, por mucho que se vanaglorien de pragmáticas sanciones y de igualdad entre sexos de la que se jacta la Constitución de 1978 que firmó el abuelo.  Mis primos mayores me han dicho que justo antes el abuelo habí­a estampado también su firma al lado de la de un tal Franco, del que siempre se habla con respeto en casa, en unas sentencias a muerte de 1975. Yo no se mucho de eso, pero seguro que algo habrí­an hecho.

¿Por qué no puedo expresarme? ¿Es que no es lo más normal del mundo en el que vivimos que dos hermanas discutan? Estoy dispuesta incluso a capitanear un golpe de Estado con tal de ascender un peldaño en la sucesión al trono. Eso si, no un golpe chusco y chapucero como los de Tejero y Armada que con toda su buena y patriótica intención no se dieron cuenta que estaban siendo utilizados para reafirmar la figura de mi familia tan entredicho por su connivencia con un tal Miguel Primo de Rivera y un tal Franco, otra vez ese señor. No, esta vez será diferente, un pronunciamiento previamente organizado con aquella parte del ejército que me sea fiel y que lo mismo puede servir para militarizar el espacio aéreo que para limpiar el camino hacia mi ascensión a la Corona.

Y como ya ni hablar me dejan estoy incluso dispuesta a aliarme con esos tenebrosos anarquistas que me han prestado su blog para que pueda desahogarme aunque tamaña aventura les pueda deparar una citación para darse una vuelta por la Audiencia Nacional, aunque no se por qué en casa siempre se refieren a ella como Tribunal de Orden Público. Y estoy dispuesta incluso a aliarme con estos pintorescos cibernautas libertarios aún a sabiendas de su no oculta admiración por un tal Mateo Morral cuyo regalo de bodas a mi tatarabuelo Alfonso XIII estuvo a punto de impedir mi llegada al mundo por el expeditivo método de la bomba orsini.

Me da igual que sean feos y poco glamorosos, barbudos, piojosos y con una inclinación mal sana hacia el fracaso.  Me da igual que su blog este lleno de faltas de ortografí­a y no sepan hacer la “O” con un canuto (solo saben fumárselos los muy perrofláuticos). Me da igual, yo solo sigo sin entender por qué han cerrado mi blog.

Sofí­a de Borbón y Ortiz

Nota de DV: “Este es un relato totalmente ficticio que no pretende  dañar la imagen del menor, simplemente contribuir al debate sobre la censura de blogs en internet”


2 Comentarios para “¿Por qué me manda callar el abuelo?”

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