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Desde que los hermanos Lumiére patentaran su curioso invento allá por finales del siglo XIX, lo social y puramente cinematográfico quedó í­ntimamente ligado.  En la propia partida de nacimiento del cine, más allá de la industria comercial en que la que se ha convertido, existe el deseo manifiesto de mostrar la realidad tal cual se nos presenta inmortalizando las injusticias y desigualdades a través de la cámara.

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El I festival de Cine Anarquista en Burgos que entra en su segunda semana de programación trata de mostrar algunas de las creaciones con las que el movimiento libertario ha ido elaborando su propia cultura cinematográfica. Una iniciativa que ha sido posible gracias a la colaboración de diversos espacios y que recoge también producciones de cine militante realizadas al margen de las directrices comerciales que imperan en el Séptimo Arte

Cuando los hermanos Lumiére patentaron un curioso aparato denominado cinematographe allá por finales del siglo XIX pocos de sus contemporáneos supieron ver con clarividencia la utilidad de aquel endiablado invento ¿para qué podrí­a servir semejante cachivache que no solo se valí­a del efecto de persistencia de las imágenes en la retina humana sino que además habí­a sido en parte copiado de un invento precedente del bueno de Thomas Alba Edison? ¿Para qué podrí­a servir tal mecanismo que tení­a la capacidad de mostrarnos la realidad tal cual era? Hubo incluso quien deparó para el recién nacido invento una existencia marginal ligada en exclusiva a los espectáculos circenses. Y no era para menos. Los espectadores de la primera sesión cinematográfica del aquel Parí­s de 1895 se alzaron asustados de sus butacas ante el pavor instintivo que les provocaba la imagen de un tren proyectada en la pantalla que a través de sus ingenuos ojos de hombres y mujeres decimonónicos se abalanzaba sobre ellos con riesgo de arrollarles irremediablemente. Aquello era pura magia, pero nada más. Cuanto se equivocaban.

El cine nació como espectáculo aquel 28 de diciembre de 1895 y más allá de las iniciales reticencias de algunos de los que asistieron a su alumbramiento, rápidamente se convirtió en una industria comercial que en la actualidad mueve inmensos capitales. Y sin embargo, en su propia partida de nacimiento el cine llevaba impreso el carácter social ya que una de las primeras pelí­culas en ser rodas fue la célebre  La sortie des ouvriers des usines Lumií¨re í  Lyon Monplaisir (La salida de los obreros de la fábrica Lumiére en Lyon Montplasis). La comunión entre lo social y lo puramente cinematográfico quedaba ya sellada para siempre desde el alumbramiento de aquello que vendrí­a a llamarse Séptimo Arte.

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Auguste y Luouis Lumií¨re, creadores del cinematographe

El anarquismo, movimiento contestatario que a finales del siglo XIX se presenta como un inquietante fantasma que amenaza la estabilidad polí­tica de media Europa, pondrá sus ojos en el nuevo invento que la genialidad de los hermanos Lumiére supo dar  a luz. Sin embargo, las primeras producciones cinematográficas no hací­an otra cosa que representar en la gran pantalla los clichés que la sociedad burguesa proyectaba sobre los anarquistas. Hombres barbudos lanzando bombas, rabiosos nihilistas sedientos de sangre, son los estereotipos tradicionales que se reproducen en las primeras pelí­culas de cine mudo como Execution of Czolgosz with Panorama of Auburn Prison producida por los Estudios Edison en 1901 o incluso en pelí­culas del propio D.W. Griffith como The Voice of the Violin realizada en 1909.

Pero si ajustamos la lupa con sentido crí­tico y siguiendo lo descrito Richard Porton en su libro Cine y anarquismo: la utopí­a anarquista en imágenes descubrimos todo un legado histórico que toma al universo libertario como eje fundamental y que desde la Comuna de Parí­s, pasando por los mártires de Chicago y la profusa creación cinematográfica de los anarcosindicalistas de la Guerra Civil Española pasando por manifestaciones más contemporáneas como la de los situacionistas de mayo de 1968, llega hasta nuestro presente con las producciones de cineastas como Ken Loach.

cine y anarquismo

Es de especial interés remarcar el capitulo que el cine anarquista desarrollará durante la Guerra Civil Española. En el contexto de la revolución social que se desata tras el alzamiento de los militares facciosos, las industrias del espectáculo, como tantas otras entidades, quedaran colectivizadas, desarrollando una forma de entender el arte radicalmente opuesta al sistema burgués y capitalista.  La producción cinematográfica anarquista fue una experiencia única que logro acaparar la vida creadora en Cataluña y que se extendió a Aragón, Madrid y Levante. Si hemos de hacer el esfuerzo de citar alguna de esas curiosas producciones sin duda tendrí­amos que quedarnos con Aurora de Esperanza realizada por el Sindicato de la Industria del Espectáculo de Barcelona en 1937.

En el transcurso de este I Festival de Cine anarquista de Burgos se ha dedicado también una parte de la programación a la realización de varias sesiones  prácticas que bajo el formato de taller de cortometraje y documental de guerrilla pretende reflexionar acerca de cómo los medios audiovisuales pueden aplicarse en la actualidad en la labor que se viene realizando desde los movimientos sociales.

Desde DV esperamos que este primer festival en Burgos, que surge siguiendo los pasos de encuentros similares en Barcelona, Buenos Aires o incluso Chicago, sea el punto de partida de una iniciativa que logre afianzarse en nuestra geografí­a más cercana y pueda representar el nexo de unión entre lo cinematográfico y la práctica libertaria y contestataria.

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