Publicado por DV & archivado en Eventos, Historia.

AnarquiaSi algo ha carcterizado a los anarquistas a lo largo de la historia es su oposición a cualquier tipo de autoridad y a cualquier tipo de Estado, en cualquiera de las variadas formas que este adopte: dictadura o democracia; monarquí­a o república. Hoy 14 de abril de 2007, aniversario de la proclamación de la II República Española, publicamos un texto a cerca de uno de los aconteciemintos más dramáticos de este periodo: Los Sucesos de Casas Viejas

Los Sucesos de Casas Viejas. 1933

Al comenzar la II República en España en 1931, el nuevo gobierno puso en marcha una Reforma Agraria para dotar de tierras a los campesinos sin propiedad llamados jornaleros o yunteros, sin embargo, la falta de fondos para indemnizar a los latifundistas hace que la ley aprobada en 1932 sea excesivamente lenta. La inquietud social y la protesta de la izquierda por este retraso fue la causa del alzamiento anarquista que acabó con los sangrientos sucesos de Casas Viejas (Cádiz).
En la mañana del 11 de Enero de 1933, los jornaleros del pueblo cortan las lí­neas telefónicas y telegráficas y abren zanjas en las carreteras. Concentrados en la plaza destituyen al alcalde de filiación republicano-radical y le exigen que comunique a los guardias civiles que toda resistencia es inútil. El Sargento de la Benemérita responde que “antes morirí­a defendiendo la República que entregarse”. Entonces se produjeron los primeros disparos contra el cuartel que no conseguirí­an tomarlo. Mientras se producí­a el ataque los campesinos quemaron el Ayuntamiento y la casa de arbitrios.

Por la tarde llegan los refuerzos enviados desde San Fernando que ocuparon el pueblo y matan a un campesino desarmado e hieren a otros dos, la casi totalidad de los afiliados al sindicato anarquista huyen al campo. Doce guardias de asalto y cuatro guardias civiles al mando del teniente Fernández Artal ocupan el pueblo y comienzan los registros de las casas.

Se detiene entonces a Manuel Quijada Pino reconocido por la guardia civil como uno de los que disparaban por la mañana contra el cuartel, y lo encaminan hacia la choza del Seisdedos . Al tratar de violentar la puerta el guardia de asalto Martí­n Dí­az muere de dos disparos a quemarropa y cae en el interior de la choza. Los guardias, parapetados detrás de una tapia, conminan a los del interior a que salgan con las manos en alto. Nuevos disparos desde la choza y cae herido el guardia Madras. El teniente manda al detenido Quijada para que convenza a Seisdedos y los otros de que no tienen más remedio que rendirse. Se para el tiroteo y hay calma hasta las diez de la noche. A esa hora llegan más guardias de asalto desde Cádiz, traen bombas y una ametralladora. Se suspende el asalto hasta el amanecer.
Al dí­a siguiente, hacia las dos de la madrugada, llegaron nuevos refuerzos al mando del capitán Rojas.
Rojas ordenó el ataque con granadas y llega un telegrama terminante del gobernador: “Es orden terminante del ministro de la Gobernación se arrase casa donde se han hecho fuertes los revoltosos”.
Por orden del capitán se preparan unas piedras envueltas en algodón impregnado de gasolina. Se prende fuego en la choza inmediata a la del Seisdedos y rápidamente el fuego se extiende a la techumbre de paja donde están los rebeldes. Lograron escapar una mujer y un niño, después dos personas que son abatidas por el fuego de la ametralladora, se rescata al guardia herido, que habí­a caí­do dentro del corral. En la choza mueren seis personas.

Al amanecer los guardias recorren distintas casas con la orden de Rojas de disparar contra el que se resistiera a abrir su puerta, un viejo jornalero fue muerto en el umbral de su casa y doce jóvenes aldeanos son capturados al azar y fusilados aplicándoles la “ley de fugas” pese a que según todos los testimonios, eran inocentes pues no quedaban en el pueblo ningún miembro del sindicato.

En la investigación parlamentaria que se produce para esclarecer los hechos el capitán Rojas declaró:

“Al bajar yo a la casa del Seisdedos, les dije a estos prisioneros que por culpa de ellos habí­a sucedido, la canallada que habí­an hecho; y que como la situación era muy grave, porque no sólo era la solución de Casas Viejas sino de toda la provincia, que estaba levantada, si no daba un escarmiento muy fuerte, se exponí­a a que se declarara la anarquí­a.”

El cura del pueblo, Andrés Vera, dijo sobre Seisdedos a al misma comisión que ...

“era una persona excelente, de un comportamiento admirable con sus familiares, que jamás se habí­an metido con nadie, ni con el culto ni con su persona … ”

Varios jornaleros detenidos, Francisco Quijada, Sebastián Pavón Pérez, José González Pérez, José Monroy Romero, Antonio Durán, manifestaron :

” que son analfabetos, que durante todo el año llevan ocho y diez meses sin trabajo, y que viven casi todos los jornaleros del subsidio de seis reales que reciben del ayuntamiento de Medina (Sidonia). Que en el pueblo hay gente de la CNT y de la UGT. José Monroy, Sebastián Pavón y José González manifiestan haber recibido enormes palizas por un cabo de la guardia civil. Nos exponen sus brazos y pecho, en donde se aprecian equimosis.”

Por último, el médico forense certificó …
” que levantó por orden judicial un cadáver en un callejón a un kilómetro aproximadamente de la casa del Seisdedos, y a poca distancia de ésta habí­a en un montón informe catorce cadáveres, (…) Los catorce cadáveres estaban ensangrentados en la cabeza y por lo que pudo apreciar todos heridos por delante. Tení­an balazos cada uno. Después fue reclamado por el juez para que levantase otro cadáver. Este era el de un anciano dentro de su casa. Recuerda que oyó que se llama Barberá: estaba herido en la cabeza y cree también, sin poderlo precisar, que tení­a alguna otra herida de arma de fuego. Vio que la familia, desolada, enseñaba a los que le acompañaban unos impactos en la cama y otros en la pared cerca de la cama.”

El periódico de la CNT describió así­ la represión:

“Fue una razzia de mercenarios de la Legión en un aduar rifeño”

Por último y para darse una idea de la miseria de los jornaleros de la época, reproduzco la descripción que hací­a del pueblo su alcalde José Suárez al periódico socialista El Pueblo:

(…) El mayor número de calles está sin empedrar y las aguas residuales de limpiezas han de pasar necesariamente por ellas. En las mismas arrojan los vecinos las basuras, dándole al pueblo un aspecto de muladar, altamente atentatorio contra la salud pública. Se carece de plaza de abastos, basurero y matadero. La matanza se realiza aquí­ en plena calle, en igual forma que cualquier tribu marroquí­, a pesar de que se sacrifican más de cien cerdos diariamente. Existe un sólo médico para todos los habitantes. No existe farmacia. Hay dos escuelas nacionales con capacidad para veinte niños, donde se alojan sesenta, quedando a pesar de esta apretura antihigiénica y perjudicial, numerosos niños sin poder recibir la más elemental instrucción. “
BIBLIOGRAFIA:
MORENO ALONSO, Manuel. Historia de Andalucí­a. Ed. Cajasur. Córdoba. 1995
ALVAREZ-SABAN-MARTIN. Geografí­a e Historia de Espña y de los Paí­ses Hispánicos.
Ed. Santillana, Madrid 1986

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.