Publicado por DV & archivado en Pensamiento, Textos.

Es la actitud que se muestra emprendedora y entusiasta en cualquier momento de apoyo mutuo. Espontánea, como es tu estado natural y así te siento, Verdad. No eres vasalla de la mente quién nos confunde o nos engaña cuando puede.

“Todo lo que he hecho hasta ahora, preferiría que no hubiera sido hecho; cuando pienso en todo lo que he dicho, envidio a los mudos; cuánto he deseado, lo juzgo maldición de mis enemigos; todo lo que he temido, ¡justos dioses!, cuánto mejor fue que lo que he deseado. Me he enemistado con muchos y del odio he vuelto a la amistad (si es que hay alguna amistad entre los malos): aún no soy amigo de mí mismo. He hecho los mayores esfuerzos por salir de la multitud y hacerme notar por alguna cualidad: ¿qué he hecho sino ofrecerme como un blanco y mostrar a la malevolencia dónde podía morderme?. ¿Ves a ésos que elogian la elocuencia, que escoltan a la riqueza, que adulan al favor, que ensalzan el poder? Todos son enemigos o, lo que es igual, pueden serlo; tantos son los admiradores como los envidiosos. ¿Por qué no buscar más bien algo bueno realmente, para sentirlo, no para mostrarlo?. Esas cosas que se contemplan, ante las que se detienen las gentes, que uno señala a otro con asombro, por fuera brillan, por dentro son deplorables”.

Un viento aliado sopla constante y generoso sobre las velas henchidas; se queja de sus huesos el navío con algún que otro crujido lastimero de las maromas que se resienten por la tensión. Hoy, navego por el mar de mis adentros.

“¿Cuál es el hombre que sea noble de veras? El que la naturaleza ha formado para la virtud […] Lo que ennoblece es el alma; en todas las condiciones, puede elevarse por encima de la riqueza […] lo que hace feliz, la vida es el verdadero bien, no puede tratarse mal”

(SÉNECA, 1992a: 166).
Fuente: Wikipedia

Creo también es duda
Que responda sin prisa, pues, pero que alivie cuanto antes esta repentina ansiedad por la insatisfacción que se siente en el común. De vez en cuando, hazte hueco, para que nos acaricie en el rostro el vientecillo de la libertad, y de paso, nos la recuerde. Que sí… Que somos todos muy humanos, demasiado, ya se sabe, cómo el agotamiento que acusa el planeta porque soporta un preocupante sobrepeso demográfico desde hace ya bastante tiempo. Sus recursos se agotan; están aumentando en muchos puntos de la Tierra que se han convertido en desiertos por falta del agua que riega todo de vida. Cuesta creer, que desde que se han convocado las cumbres climáticas y han sido el altavoz de la comunidad científica mundial, todas muy inquietantes a peor, que nos han advertido con mayor gravedad las críticas previsiones a medio plazo, cercanas a un escenario sombrío y lúgubre, y lo que más sorprende de todo es que no se ha hecho ningún esfuerzo radical por minimizar el impacto que ya es un hecho y lo será para el futuro por herencia y sin permiso. Ya no queda margen, pero, contamos con salvavidas para casi todos al final.
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Séneca se explica con claridad en Naturales Ouaestiones, argumenta que la naturaleza nos dota mediante un proceso gradual, evolutivo, de la potencia necesaria que considere debemos recibir. Porque, según Lucio, no podríamos asumir con nuestro intelecto un caudal equivalente a toda la sabiduría asimilada, así de pronto, de una sola vez, sino gradualmente. Será quizás, por la serenidad que me transmite, tal vez por su sabiduría paciente que convive con la hidalguía de los estoicos, o la moral de los antiguos tan piadosa como inclemente; el virtuosismo que tuvo para transitar por un entorno difícil y hostil, como los sufridos al servicio de tres césares endiosados del imperio romano en su principio del fin de su decadencia. Son muchos los destellos que emite Lucio. Por eso, cuando necesito dar sosiego a mí mente, lo visito y siempre regreso más sereno, con el ánimo reverdecido. Cuando lo leo sonrío y entre líneas le imagino como a un amigo fuera del tiempo y el espacio. He conocido personas sabias y sencillas; ése es el rasgo más reconocible de ellas. La humildad que se lee en sus ojos porque son libros vivos. Cada pueblo en que he vivido por el levante peninsular, tiene un punto de encuentro donde se reúnen todos los días del año nuestros abuelos. No fallan. Seguro que coinciden conmigo en que ese lugar elegido por ellos es el más agradecido para -estar- y, como ellos llaman entre risas sanas como manzanas, -el parlamento-. ¡Qué tesoro es la sencilla grandeza! La historia más lejana de la humanidad, casi en su totalidad, fue rememorada por la transmisión oral, de generación a generación, de aquellos aconteceres del pasado que no debemos olvidar por ser la referencia necesaria para llevarnos o llegar a cualquier parte y nos sirvamos de la experiencia. Esa voz es la que se obtiene a través de Las Fuentes Orales. Las primeras páginas de la Historia fueron descritas, nunca mejor dicho, a viva voz.

“Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad”

Sobre la felicidad

“Felicidad es conceder la vida a muchos, volverlos a la vida arrancándolos de la muerte y merecer el reconocimiento de los ciudadanos por tu clemencia. No hay ornato más digno de la alta colocación de un soberano, ni más bello, que la corona que se concede por salvar la vida a los ciudadanos; no las armas arrebatadas a los vencidos, no los carros ensangrentados con la sangre de los bárbaros, no los despojos conseguidos en guerra. El poder de los dioses es éste: salvar masas de gentes y colectividades”
26, 5

Hemos recorrido una distancia milenaria, es verdad. Pero no somos el epicentro de nada que esté más allá de un palmo de nuestro ombligo. Tendemos a presuponer, por algún error del que se ignora aún su origen, de tener la absurda percepción de que todo el cosmos está orbitando alrededor nuestro, mirándonos en éste instante. Séneca, en sus tratados de ciencias naturales, representa a una naturaleza activa que nos cultiva complaciente como una madre comprensiva y, a la vez, severa, determinante, que se reserva para sí la poda selectiva con la que fortalecer a todas las especies, a su equilibrio y a su simiente que mejora con el paso del tiempo. Todo, lo hace posible ese equilibrio universal que se necesita para cada impulso, con el que abordar los desafíos que nos prueban, y superarlos a menudo se cobra un alto precio, por amor al arte. Si se escalan las más altas cimas por el simple hecho de estar ahí… Ella, se recrea a sí misma y es la hacedora de los elementos.

Benjamín Lajo Cosido,
memorialista

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