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AnarquiaIván Nistal Calzón nos cuenta: En la fecha de hoy se cumplen 74 años de la masacre de Casas Viejas. Sirva este humilde artí­culo para recuperar la conciencia de clase frente aquellos que hacen de la memoria silencio, olvido y negocio.
“Estamos viviendo igual que cuando viví­amos en plena Dictadura. Nada ha cambiado: la misma burocracia, los mismos jefes militares, la misma policí­a y, por tanto, la misma represión, ahora ejercida por una policí­a integrada por socialistas. Hablo de la Guardia de Asalto… Ante esta situación no valen lamentaciones; hay que reaccionar y pronto para demostrar a los gobernantes nuestro desacuerdo y la muerte de la esperanza republicana. La clase obrera, a la altura que hemos llegado, tiene la obligación – si no quiere negarse a sí­ misma – de buscar su salud fuera de las marrullerí­as polí­ticas y de sus partidos, escuela burocrática del poder. La polí­tica de la clase obrera no tiene más parlamento que la calle, la fábrica, los lugares de producción, ni más camino que la revolución social a la que sólo puede llegarse por una constante lucha revolucionaria.” (1)

Esta cita de Buenaventura Durruti sirve claramente para comprender cual era la situación en la que se encontraba la clase obrera ante la proclamada II República. La esperanza en poco tiempo se tornarí­a en una gran desilusión por parte de las masas al ver que el cambio de sistema solo habí­a servido para que todo siguiera igual.

De esta desilusión, de las durí­simas condiciones de vida y de la gran difusión del anarquismo en España desde la llegada de Giuseppe Fanelli, allá por el año 1868, es posible comprender aquella insurrección que se produjo en esta aldea gaditana en enero de 1933.

Nos adentraremos brevemente en esta localidad de la mano de Jesús Bartolomé Martí­n (2) para conocer de cerca el contexto en el que se produjo la insurrección y posterior masacre:

Casas Viejas en 1930 tení­a alrededor de 1850 habitantes. La mayorí­a de los hombres se dedicaban al trabajo agrí­cola y ganadero. La mayor parte de los campesinos eran trabajadores eventuales. Entre los trabajadores eventuales se podí­an distinguir a los jornaleros (contratados para realizar una tarea estacional) y peonistas (contratados para realizar una tarea especí­fica). Estos trabajos eventuales eran estacionales y dependí­an de los ciclos agrí­colas, la cantidad de cosecha, etc. Por tanto, los trabajadores eventuales dependí­an del propietario agrí­cola. Otros trabajadores eventuales eran los gañanes que se les denominaba así­ porque viví­an en unas mí­seras casas llamadas gañaní­as, en las que la ventilación y la higiene brillaban por su ausencia. La mayorí­a de la población viví­a en chozas mí­seras.

El trabajo de los hombres constituí­a la principal fuente de ingresos de las familias, pero estos ingresos no cubrí­an las necesidades de gasto de las familias por lo que las mujeres y los niños se veí­an obligados a trabajar. Hay que tener en cuenta también que el desempleo era algo común en Casas Viejas.

La propiedad agraria se caracterizaba por el dominio general de los grandes latifundios, que pertenecí­an a la nobleza y, sobre todo, a la burguesí­a. Por lo tanto, era notorio el contraste entre las mí­seras condiciones de vida con la riqueza de los terratenientes, en donde muchas de sus propiedades a pesar de su riqueza natural, estaban sin explotar.

En este contexto, la llegada de las ideas anarquistas a Andalucí­a hizo que la desesperación de la población se fuera organizando, tomando conciencia de la situación en la que viví­an y la necesidad y posibilidad de cambiarlo a través de la lucha. Numerosos historiadores han pretendido justificar las revueltas de esta época desde un punto de vista irracional, espontáneo y milenarista de manera generalizada, argumentos un tanto simplistas que se caen por su propio peso al no tener en cuenta la organización, coordinación, estrategias y coherencia de sus actuaciones, ni el desarrollo ideológico y polí­tico de los anarquistas en estas regiones. (3)

En 1932, un año antes de la insurrección, cabe destacar la reapertura del sindicato de Casas Viejas, que se afilió a la CNT, contando con alrededor de 300 personas. Además existí­a un grupo de afinidad de la FAI, que estaba unido a un grupo local de la Federación de la Juventud Libertaria (FJL). (4)

La recién proclamada II República de 1931, como comenté al comienzo de este artí­culo, pronto se convirtió en una gran desilusión entre gran parte del campesinado y de proletariado industrial. Concretamente en Casas Viejas, la reforma agraria que era lo que más le afectaba, no trajo cambios sustanciales a la aldea, al contrario, con el Decreto de Términos Municipales, que obligaba a los terratenientes a emplear braceros locales, trajo más paro y miseria a Casas Viejas, ya que los campesinos no podí­an ir como antes a recoger la aceituna en invierno a otras localidades. A esto hay que unirle el empeoramiento de la situación económica y la crisis triguera, lo que produjo una situación insostenible para los habitantes de Casas Viejas, que llegaron a demandar a las autoridades trabajo y pan, pero como siempre se les abandonó a su suerte.

Para Buenaventura Durruti, era obvio lo siguiente: “El campesinado está maduro para la revolución: no les faltaba nada más que un ideal que canalizara su desesperación. Y con el comunismo libertario lo han encontrado.”

En esta situación, la CNT decidió apoyar con fines insurreccionales, la huelga ferroviaria convocada por la Federación Nacional de la Industria Ferroviaria (FNIF), creada por la CNT, pero la insurrección fue un fracaso, varios pasos mal dados provocó que se desconvocara la acción. En esta situación de desconcierto, comenzó la insurrección en Casas Viejas que duró los dí­as 10, 11 y 12 de enero de 1933. Se cortaron los cables de teléfono, se vigilaron los cruces de los caminos y se hizo una zanja en la carretera de acceso a Casas Viejas. Con estos actos se intentaba aislar la aldea para que ninguna fuerza exterior pudiera disolver el recién implantado comunismo libertario. Los revolucionarios visitaron al diputado alcalde del pueblo, Juan Bascuña, al que le comunicaron la proclamación del comunismo libertario haciéndoselo comunicar a la Guardia Civil, advirtiendo que no les ocurrirí­a nada si no abandonaban sus cuarteles, entonces se produjo una refriega en la que fallecieron tres guardias. Llegaron refuerzos de Medina Sidonia y de Alcalá de los Gazules, comenzando a matar y detener a varias personas. Los revolucionarios se refugiaron en la choza del anarquista Francisco Cruz Gutiérrez “Seisdedos”, quien no habí­a participado en el levantamiento debido a su avanzada edad, y que en palabras del cura del pueblo, decí­a de él ser “una persona excelente, de un comportamiento admirable con sus familias, que jamás se habí­an metido con nadie, ni con el culto ni con su persona…”

Los revolucionarios se atrincheraron en la choza y las fuerzas represivas tuvieron que pedir refuerzos por parte del teniente Artal al Gobernador de Cádiz, lo que hizo intensificar el asalto, por parte de la Guardia de Asalto, ante la negativa de los insurrectos a salir de la choza y rendirse.

El capitán Rojas, enviado desde Jerez de la Frontera recibió ordenes terminantes de sofocar enérgicamente la rebelión y de arrasar la casa donde se habí­an hecho fuertes los revoltosos. Es entonces cuando se instaló una ametralladora que mató a “Seisdedos” y a otro revolucionario, pero también al guardia civil allí­ retenido. Posteriormente se ordenó incendiar la choza, logrando huir Marí­a Silva Cruz “La Libertaria” y el niño Manuel Garcí­a Franco, los demás fueron abatidos o calcinados en la choza. “La Libertaria”, en palabras de Federica Montseny era “Tal como es, llena de poesí­a y tragedia, penetra en la inmortalidad. Es la encarnación y el sí­mbolo del martirio de España. Mariana de Pineda representa un momento de la conciencia y de la vida española. Marí­a Silva es la voz, la carne sangrante de un pueblo crucificado”. (5)

Para dar muestra de su personalidad, he aquí­ la siguiente anécdota: “El propio “Gallinito” (Antonio Cabañas Salvador, uno de los anarquistas más activos en la aldea) relató en el periódico “La Voz del Campesino”, el incidente que Marí­a tuvo con la Guardia Civil cuando paseaba con un pañuelo con los colores de la CNT. Fue requerida para que se lo quitara. Al negarse, se lo quisieron arrebatar delante de los vecinos. Marí­a abofeteó a uno de los guardias. Se ha dicho que en este incidente, estuvo el origen de su
asesinato.” (6) Y así­ ocurrió en 1936, al comenzar la guerra civil fue fusilada estando embarazada de un niño fruto de su unión libre Con Miguel Pérez Cordón, que se habí­an conocido en la cárcel a raí­z de los sucesos ya que ambos fueron encarcelados, Marí­a por presuntamente participar en los hechos y Miguel por denunciar los asesinatos y por llevar donativos a los damnificados por la tragedia.

La represión continuó aun habiendo fallecido todos los ocupantes de la choza, se produjo a la detención de los militantes más destacados, pero la excitación de los guardias era muy grande y durante los registros se mato y detuvo a personas que no habí­an tomado parte en la insurrección debido a su avanzada edad. Se les trasladó a la calcinada choza de “Seisdedos” donde se abrió fuego contra los detenidos, aplicándoles la famosa y terrorí­fica “Ley de fugas”. Se dice que el capitán Rojas querí­a exagerar la agresión acumulando cadáveres en la choza de “Seisdedos”. Los resultados de la autopsia reflejaban la brutalidad con la que se habí­a intervenido aquellos dí­as.

Los dí­as posteriores a la masacre se produjo un gran revuelo polí­tico, creándose una comisión de investigación. La mayorí­a de historiadores afirman que lo ocurrido allí­ fue el principio del fin del gobierno de Azaña. En noviembre de 1933 llega al poder a través de las elecciones, los partidos de la derecha, el Radical y la CEDA. En el interrogatorio sobre lo sucedido, varias intervenciones dan muestra de la responsabilidad directa del gobierno y del por qué de estas actuaciones tan brutales… “Ni heridos ni prisioneros,
pues éstos podí­an declarar lo sucedido” “si no se daba un escarmiento muy fuerte, se exponí­a a que se declarara la anarquí­a”.

Las responsabilidades ante lo ocurrido brillaron por su ausencia, baste con decir que el capitán Rojas habí­a sido condenado a 21 años de cárcel de los que no cumplió ni un solo dí­a. Posteriormente al comienzo del alzamiento, Rojas estarí­a en primera lí­nea al mando de las milicias falangistas de Granada, haciendo lo que bien sabí­a hacer… Francisco Ascaso le pondrí­a en su lugar con unas demoledoras palabras; “¿Pertenecéis a otra raza que no sea la humana? ¿Y por eso no hallaba eco en vos el dolor de los otros? ¿Habéis podido contemplar cómo los hombres se doblaban despacio en agónico estertor, quedando extendidos en tierra, echando borbotones de sangre por la boca, y tenido el sadismo de pedir, de ordenar: “¡Más! ¡Todaví­a más!”, sin que vuestro corazón sintiera el frí­o del acero que traspasaba el corazón de los otros? Porque lo mandaban…. Porque así­ lo mandaban ¡Ni aunque lo manden, capitán! ¡¡Ni aunque lo manden!!” (7) Tampoco se quedarí­a libre, a manos de Ascaso, toda la clase polí­tica de sus responsabilidades: “Los espectros de los campesinos caí­dos en Casas Viejas rondarán eternamente alrededor de todos los polí­ticos.”

Como habí­a comentado anteriormente, estos sucesos tuvieron gran trascendencia debido a las repercusiones polí­ticas y mediáticas de la tragedia. La derecha aprovechó lo ocurrido como estrategia electoral que bien le sirvió para llegar al poder. El gobierno de Azaña se quitó de responsabilidades echando la culpa a los insurrectos, si bien a estos se los habí­a dejado a su suerte sin realizar el prometido reparto de tierras que hubiera evitado el levantamiento. Y la prensa se aprovechó del morbo de todo lo relacionado con la matanza para aumentar las ventas de sus periódicos. A dí­a de hoy las cosas siguen igual; la derecha sigue con su estrategia de borrar la memoria y seguir con el espí­ritu de la transición, es decir, seguir con la tan cacareada paz social para mantener el sistema dominante, mientras que las izquierdas siguen en su empeño de manipular y hacer de la memoria un negocio hotelero. Por su parte, la prensa sigue aprovechando todo este eco mediático para llenarse sus bolsillos… es la lógica burguesa.

Terminaré este artí­culo, como lo empecé, rescatando del olvido las palabras de Buenaventura Durruti – que buen uso hacen algunos de su figura para manipular – para que sirvan de orientación hacia la clase trabajadora de hoy en dí­a. “No queremos engañar a nadie, y lo decimos firmemente para que toda la clase obrera lo oiga: la República, o cualquier régimen polí­tico por el estilo, con socialistas o sin ellos, no resolverá jamás el problema obrero. Un sistema basado en la propiedad privada y en la autoridad de mando, no puede privarse de tener esclavos. Y si el trabajador quiere ser digno, vivir libre y dueño de su propio destino, no debe esperar a que se lo entreguen, porque la libertad económica y polí­tica no se da, sino que hay que conquistarla. ¡De
vosotros, pues, obreros, depende el continuar siendo esclavos modernos u hombres libres! ¡Vosotros debéis, por tanto, decidir!” (8)

Notas

(1) y (8) Durruti en la revolución española. Abel Paz
(2) Casas Viejas. Represión de una insurrección rural anarquista. Revista
Amor y Rabia nº 61. Jesús Bartolomé Martí­n
(3) Orí­genes sociales del anarquismo en Andalucí­a. Temma Kaplan
(4) Los anarquistas de Casas Viejas. Jerome R. Mintz
(5) Marí­a Silva “La Libertaria”. Federica Montseny
(6) Marí­a Silva Cruz y Miguel Pérez Cordón: el fruto de la esperanza. José
Luis Gutierrez Molina
(7) ¡¡Ni aunque lo manden, capitán!! Francisco Ascaso. Solidaridad Obrera

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