Publicado por DV & archivado en Burgos.

A principios de este año un refutado historiador llamado Kyle Harper lanzaba una nueva teorí­a sobre la caí­da del Imperio Romano…

Sin ahondar mucho en esta nueva e inquietante teorí­a histórica Kyle viene a situar al cambio climático como la principal razón para la desaparición del Imperio Romano. Un clima favorable hizo posible florecer esta civilización pero terminó sucumbiendo por una pequeña glaciación y la actividad volcánica que desembocaron en otra serie de fatalidades.

Hoy nadie duda que de seguir así­, como hasta ahora, sucumbiremos como Kyle piensa que le sucedió al Imperio Romano. Pero esta vez no está en juego un maldito imperio sino un planeta entero. Para muchos capitalistas el crecimiento constante que impone el capitalismo actual no tiene sentido en un mundo finito, donde los recursos no son ilimitados. Pero para otros, como los partidarios del capitalismo verde, seguir creciendo indefinidamente es posible, viable y sostenible. Con crecimiento 0 o con polí­ticas verdes el capitalismo sigue, pero… ¿y nuestro planeta?.

Hemos situado al cambio climático como nuestro principal problema, ya que realmente lo es, y el capitalismo ha puesto soluciones en la mesa: “si la tierra se calienta podemos consumir menos hidrocarburos”, pese a que esto no sea nada fácil de conseguir. Pero nuestro problema no es sólo el cambio climático, ¿qué pasa con los microplásticos que inundan mares?, ¿y con la deforestación?, ¿qué pasa con la degradación del suelo? ¿o la escasez del agua?…

El capitalismo no es ni tiene la solución ya que el capitalismo es en gran medida el principal actor que asola nuestro planeta. Ni las polí­ticas verdes, ni el crecimiento 0, ni el coche eléctrico o las energí­as renovables nos salvarán de agotar las materias primas o se seguir deforestando el planeta. Pese a todo esto, hoy, muchas y variadas ideologí­as han confluido en movimientos en defensa de nuestros mares, nuestros bosques, nuestros polos; en definitiva, en defensa de nuestro planeta. Pero todos estos movimientos tienen visiones muy dispares en ocasiones incluso antagónicas.

Es ya más que evidente que ninguna medida reformista, llamese ley, multa, brigada policial especializada, pacto mundial de lí­deres o tratado es efectiva. Hace muchos años que se intenta en vano poner fin a la amenaza del cambio climático. El capitalismo ha hecho que un paí­s como Noruega parezca el adalid de la defensa de nuestra naturaleza y mientras destina migajas a salvar el Amazonas con fondos públicos sea uno de los paí­ses que más barriles de petroleo saca al mercado.

Nosotras, anarquistas y libertarias, no queremos leyes; no queremos pactos ni tratados; nosotros queremos salvar el planeta y para eso hay que acabar con el problema: el capitalismo. Y hacerlo de una vez por todas.

 

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