Publicado por DV & archivado en Burgos, Corrupción, Textos.

Hace ya algunos meses se hizo público el escrito de acusación del Ministerio Fiscal que señala a José Marí­a Arribas, expresidente de Caja de Burgos, como presunto responsable de un delito de administración desleal.

Cabe preguntarse si alguien más de la extinta entidad estaba al corriente de la fraudulenta operación financiera…

A principios de febrero de este año se hizo público el escrito de acusación de la Fiscalí­a de Burgos que solicitaba tres años de prisión para el expresidente de Caja de Burgos José Marí­a Arribas Moral por un supuesto delito de administración desleal. Los hechos se remontan al periodo comprendido entre 2005 y 2010 cuando el por entonces presidente de la entidad bancaria se habrí­a auto-concedido un total de 35 millones de euros en varias operaciones que fueron investigadas por el Juzgado de Instrucción número 2 de la Audiencia Provincial. La denuncia que finalmente sentará en el banquillo a Arribas incluí­a también un posible delito de apropiación indebida que no ha sido tenido en cuenta finalmente por el Ministerio Fiscal.

José Marí­a Arribas Moral

Según figura en el escrito de acusación, Arribas destinó más de 45 créditos a varias de sus empresas siendo plenamente consciente de que algunas de ellas se encontraban en clara situación de pérdidas, o incluso en concurso de acreedores, sin tener en cuenta las indicaciones del departamento de riesgos de la entidad bancaria. Las calificaciones de la fiscalí­a apuntan que aprovechó su posición como presidente del Consejo de Administración de la entidad bancaria para refinanciar las compañí­as de las que él, o alguno de sus familiares, era titular.

Por otro lado, hace aproximadamente un año, Rafael Barbero, actual director general de Fundación Caja de Burgos, declaró en la comisión de investigación que aborda en las Cortes de Castilla y León las irregularidades cometidas en la fusión de las cajas de ahorros de la comunidad, que durante el periodo de integración de Caja de Burgos en Banca Cí­vica, y después en CaixaBank, “era imposible auto-concederse nada” y que, a pesar que José Marí­a Arribas era su superior jerárquico en la estructura interna de la entidad, nunca se sintió presionado para la concesión de créditos.

Con todos los datos sobre la mesa, y a la espera del inicio de las vistas orales que juzguen estos hechos, llama poderosamente la atención la actitud corporativista del actual director general de Fundación Caja de Burgos que, frente a las evidencias judiciales que posteriormente se hicieron públicas, defendió a capa y espada al que por entonces era su jefe.

Hay quien podrí­a definir la actitud de Rafael Barbero ante la comisión de investigación como de lealtad hacia un superior, una cualidad imprescindible para medrar en el mundo financiero; pero también hay quien va más allá y observa claros indicios de falsedad en las declaraciones del director general de la Fundación Caja de Burgos. Barbero puede ser un pelota o un mentiroso, o quizás las dos cosas a la vez (ambas son cualidades de sobra aconsejadas por todos los coaches del mundo bancario), pero ya sea de una manera u otra, su actitud indica que la “manzana podrida” en Caja de Burgos no es sólo su expresidente José Marí­a Arribas y sus “auto-créditos”, sino que la podredumbre se extiende a la totalidad del cesto de la entidad bancaria.

El denominado caso Arribas pone de manifiesto que, frente a la actitud buenista (término que últimamente se ha puesto de moda) con la que Fundación Caja de Burgos pretende revestirse colonización amplios espacios de la realidad burgalesa, esta no deja de ser una entidad que encubre operaciones financieras fraudulentas, no duda en presionar o acosar a vecinos para que abandonen su casas, como en el caso de los vecinos de Manuel de la Cuesta, o continúa amenazando a un centro social en Gamonal para conseguir su cierre.

Quizás en los meses que quedan antes del inicio del juicio, tengamos que empezar a hablar no ya del caso Arribas, sino del caso Caja de Burgos, escenario perfecto para escenificar el cuento de la manzana y el gusano.

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