Publicado por DV & archivado en 15M, Corrupción, Elecciones, Opinión.

El Anarquismo es una de las pocas filosofías políticas, quizás la única filosofía política, que se ha mantenido inquebrantable ante los partidos políticos. Pero eso, lamentablemente, no ha hecho que el Anarquismo sea referente político para muchas por una de las características que más lucidez le han otorgado.

Los debates políticos comunes habitualmente están absortos por la lógica de partidos. Se llega al punto de ser habitual que no se sepa hablar de política sin salirse de está lógica. Es probable incluso que al defender diferentes posiciones en habituales debates te encasillen en uno o en otro pese a que tú no te identifiques con ninguno. Los partidos han bajado el nivel político, nos han convertido en peleles dogmáticos. El trasfondo más simplista de esta lógica requiere ver a buenos y malos o en el mejor de los casos colores básicos como rojo, azul, morado o verde.

Un poco de historia

Podríamos decir que el origen de los partidos políticos es claramente burgués. Los partidos políticos fueron una estrategia política ideada por el ala liberal en el S.XIX para hacer frente al ala conservadora en el Reino de Gran Bretaña. Mientras que el ala conservadora defendía a la realeza y a la nobleza, el ala liberal representaba a la joven y pujante burguesía. La estrategia ideada para hacer más eficaz la representación de la burguesía en las instituciones políticas de la época se torno en un éxito. Pronto este modelo político se empezó a extender por toda Europa y posteriormente a América dándole el cariz mundial que actualmente tiene.

Pero el sistema de partidos no hubiese sido hegemónico si la izquierda no hubiese mordido el anzuelo. El sistema de partidos, que tan bien les funcionó a los liberales, más delante sería abrazado por la izquierda. Precisamente este hecho fue una de las rupturas ideológicas de La Primera Internacional Obrera. La ruptura conformó tres grandes bloques, marxistas, socialdemócratas y anarquistas. Salvo los últimos el resto no dudó desde el primer momento en asumir la estructura de partidos, llegando incluso a aliarse con liberales como estrategia de llegada al poder. Nada nuevo bajo el sol.

La falsa representación

La democracia representativa es a todas luces un cuento, una falacia. Habitualmente los representantes y los representados ni han mediado palabra y ni tan siquiera se conocen. No obstante hay más cuestiones que hacen de la representación política algo imposible. Ningún partido puede representar a la mayoría ya que los partidos han nacido de minorías, además estás minorías son elitistas y sólo se representan a ellas mismas.

¿Qué nos ha podido llevar a pensar que un invento burgués va a solucionar los problemas del pueblo?, probablemente la respuesta a esta pregunta nos la dieron Gramsci y Althusser. Althusser identificó lo que el llamó los Aparatos Ideológicos del Estado: “bajo la forma de instituciones distintas y especializadas (religiosas, escolares, familiares, jurídicas, políticas, sindicales, de información y culturales)”, Gramsci lo explicaba de la siguiente manera:

lo que se llama opinión pública está estrechamente vinculado con la hegemonía política, o sea, que es el punto de contacto entre la sociedad civil y la sociedad política, entre el consenso y la fuerza… La opinión pública es el contenido político de la voluntad política pública que podría ser discordante: por eso existe la lucha por el monopolio de los órganos de la opinión pública; periódicos, partidos, parlamento, de modo que una sola fuerza modele la opinión, y con ella la voluntad política nacional, convirtiendo a los disidentes en un polvillo individual e inorgánico

Gramsci

Infantilicemos la política: La izquierda y la derecha

No todo van a ser flores para un movimiento, el anarquista, que se ha dejado llevar por el simplismo y ha caído, el también, en está falacia. La lógica de partidos presenta siempre a buenos y malos; En el mejor de los casos una baja gama cromática compuesta por rojos, verdes, azules y morados.

Hace tiempo que la izquierda y la derecha se desdibujaron, se entremezclaron. Es cierto que con el tiempo el concepto de izquierda y derecha ha cambiado. Este concepto viene de la Revolución Francesa, mucho antes de los partidos. Los diputados que defendían a la monarquía y el feudalismo se sentaban a la derecha mientras que a la izquierda se sentaban los defensores de la soberanía nacional y la igualdad. Pero en general esta visión concuerda con una izquierda en defensa del interés colectivo y el progreso social mientras que la derecha lo hace por la conservación del «status quo» y el interés individual.

La realidad es que hay partidos supuestamente conservadores que en muchas ocasiones ejecutan medidas progresistas y partidos supuestamente de izquierdas que se dejan llevar por medidas liberales o conservadoras. Nuestro mundo no es tan simple, se ha tornado tremendamente complejo y pese a que la lógica de partidos nos empuje a seguir pensando en izquierda y derecha o en colores primarios el anarquismo debería romper con este molde que tanto le interesa al poder.

Un ejemplo claro de todo esto es el uso del término fascismo. Hemos roto el término, se aplica fascista a casi cualquier cosa que huela a derecha. Hace tan sólo unos días, Emilio Gentile, historiador especializado en el fascismo nos lo explicaba así tras el reciente triunfo de la ultraderecha Italiana:

El pasado terminó. Se puede y se debe estudiar, pero el presente hay que entenderlo para poder contarlo. Si todo es fascismo nada lo es. Y lo mismo sirve para la mafia. Es un continuo distraer la atención de otras amenazas que nada tienen que ver con el régimen del Duce, que, por cierto, no nació del miedo a los migrantes

Emilio Gentile

Emilio Gentile propone llamar a las cosas por su nombre. Propone comenzar a pensar, a pensar que esto no es sencillo y que entender nuestro contexto social y político es complicado.

El dogma como bandera

Los partidos políticos son dogmáticos, necesitan creyentes. El votante ideal es una persona absorta, fanática, que está sometida a ideas y prejuicios ideados por un partido. El dogma es una proposición aceptada como innegable. Por ejemplo un votante de un partido neoliberal aceptará como dogma que “lo público es ineficiente y lo privado es eficiente”, así un votante de un partido racista aceptará “que los inmigrantes le roban el trabajo”. Pero los dogmas de los partidos no pueden ser cualquier cosa, años y años de argumentos se han ido perfeccionando para convertirnos en personas que no los cuestionan. Jean Lacroix lo explicaba de la siguiente forma:

Esto ha terminado en una grave y doble deformación: la religión y la metafísica, que son del dominio de lo absoluto, se les trata desde un punto de vista político, es decir, relativo, mientras que la política, que es del dominio de lo relativo, se la trata desde un punto de vista metafísico o religioso, es decir; absoluto

Jean Lacroix

Pero no todos los dogmas son políticos. Uno de los principales dogmas que aceptamos al participar en la democracia representativa es el hecho de ni tan siquiera podamos elegir el nombre del representante, la fe permite confiar en las personas recomendadas por el partido.

Los partidos desplazan continuamente el debate. La intención es distraernos del verdadero problema para concentrar la atención en ellos y en definitiva en sus dogmas. Se busca la conexión emocional, así es más probable que la lealtad piense por los votantes. Un buen votante ignora y distorsiona cualquier realidad que cuestione su lealtad. Esto es lo que Leon Festinger en 1950 llamó disonancia cognitiva.

Una guerra fratricida

Pero los partidos juegan otro papel fundamental en nuestra sociedad: dividirnos. Los partidos políticos tienen que dar respuesta a las percepciones, tienen que parecer elecciones presuntamente inteligentes para el pueblo en una época determinada de sus vidas. Al elegir el partido entramos en conflicto con el resto de nuestra clase social, el que no eligió nuestro partido es el enemigo.

La lógica de partidos en España se ha apoyado mucho en los nacionalismos. Los nacionalismos han sido y son fruto de muchas rupturas sociales, han confrontado a poblaciones en excepcionales ejercicios de cooptación. Esto ha llevado al populacho a sacar banderas y retales de diferentes colores por las ventanas para matarse en las calles por defenderlos. Para el poder este hecho es ideal ya que rompemos los lazos sociales y nos fatigamos en defender los corrales que nos imponen los demenciales partidos. La situación es muy parecida a la de una guerra, mientras nos matamos argumentalmente, los que han diseñado el conflicto se codean sin entrar en los barros a los que nos han lanzado.

Conseguir que la población rompa con los partidos es una nueva oportunidad para crear estructuras sociales de colaboración y no de confrontación. Una opinión bastante polémica que defienden muchos politólogos es que a preguntas concretas personas que aparentemente se encuentran en polos opuestos de la política responderán de forma muy parecida. Es decir que para un neonazi y un marxista sus metas en la vida pueden llegar a ser bastante parecidas. Sin entrar a defender esta polémica observación, si merece la pena reflexionar sobre la siguiente pregunta ¿cómo nos han cooptado nuestras ideas políticas?, ¿dirigimos nuestras ideas políticas para luchar contra el de arriba y no contra nuestro igual?, ¿molestamos al poder o le seguimos el juego?.

El neoliberalismo

El poder que nos oprime es el poder neoliberal o como algunas lo llaman: “el capitalismo”. No es la derecha ni es el fascismo. El contexto actual, el de parte de la península ibérica, es el de un partido como VOX que ha comenzado a subir como la espuma en las encuestas, sale en las noticias, capta la atención de medios y se blanquea desde los mismos. No podemos razonar que nuestra clase dirigente es fascista o de derechas o que el neoliberalismo es otra clase de fascismo. Este hecho responde a una estrategia y la estrategia será probablemente algo sumamente inteligente. De hecho hace unos días conocimos una filtración de Wikileaks donde se evidenciaba como el Grupo Eulen, el Corte Ingles, Nestlé, FCC, OHL han contribuido a través de “Hazte Oír” al auge de la extrema derecha.

Pero no sólo es la derecha. Pongamos un ejemplo de una probable estrategia neoliberal que ocurrió hace no mucho. Él es Pablo Iglesias 2 años después del estallido del 15M, aparecía en La Sexta con lo más granado de la actualmente considerada cloaca mediática, en 2013 La Sexta era lo mismo que ahora, pero engañaba a más gente y tenia mas espectadores:

Por aquel entonces era de sobra conocido que Pablo planeaba fundar un partido. Ese partido era el camino ideal para encarrilar a las descarriadas ovejas del 15M de vuelta al redil de las urnas y el plan funcionó a las mil maravillas. Una persona con una oratoria sensacional y un discurso impresionante recogió a los perdidos del 15M y los acompasó para que siguieran votando. Pablo Iglesias fue uno de los principales desmovilizadores de un movimiento antipartidista, horizontal y muy peligroso para el neoliberalismo. Pero el error neoliberal fue darle demasiados minutos a Pablo, se pasaron de rosca y Podemos llego a tener un sorpaso virtual a la izquierda más servil con el capital, el PSOE. Así que los años posteriores Pablo Iglesias fue vapuleado, mancillado y ultrajado por sus compañeros de butaca en el 2013. Esos de los que hoy reniega se la jugaron bien jugada.

El neoliberalismo es una cultura que desculturiza. La meta del neoliberalismo es hacer que seas un iletrado, un inculto y un consumidor compulsivo. Erich Fromm en 1965 nos lo explicaba así:

Homo Consumens es el hombre cuyo objetivo principal no es principalmente poseer cosas sino consumir cada vez más para compensar así su vacío interior, la pasividad, la soledad y la ansiedad (…) El Homo Consumens está bajo la ilusión de la felicidad, mientras inconscientemente sufre su aburrimiento y pasividad. Cuanto más poder tiene sobre las máquinas, más impotente se convierte como ser humano; cuanto más consume, más se convierte en un esclavo de necesidades cada vez mayores

Erich Fromm

La política es también hoy algo parecido al consumismo, en el estante puedes elegir entre 4 ó 5 productos. No hay cabida para la reflexión, la participación o los matices, tristemente todo está encarrilado. Los parlamentos actuales son parlamentos neoliberales, la izquierda y la derecha está asimilada. Esto lo contaba Foucault siendo especialmente duro con la izquierda. Para Foucault los partidos socialistas aceptan el modelo liberal y sus gobiernos tratan de torcerlo administrativamente, es imposible que un partido socialista ponga en práctica el socialismo en un marco de parlamentarismo neoliberal.

Cartel antielectoral para las elecciones europeas del 2009 aparecido en Burgos

Acabemos con los partidos

Acabar con los partidos no es tarea fácil, todo lo contrario. Durante los años 90 muchos politólogos pronosticaron el declive y la caída de los partidos. Desafortunadamente estas instituciones políticas han demostrado superar muchos de los retos de los que se creía no serían capaces de superar. Sin embargo, tampoco podemos descartar que tal vez estás instituciones estén en declive y sean el eslabón más débil de la democracia representativa. El 15M ha sido el movimiento social reciente que más se acercó al colapso político en España y principalmente lo hizo contra los partidos. Tampoco podemos decir que el 15M fuese un movimiento antipartidista en su totalidad, de hecho terminó degenerando en al menos dos partidos. Pero sí lo fue una gran mayoría del movimiento y crítico en su totalidad con el bipartidismo. Aprender de los errores y los aciertos de este movimiento tal vez nos haga ser más certeros la próxima vez que nuestra sociedad se vuelva a lanzar contra los partidos.

Mientras la izquierda ha jugado un papel fundamental en los parlamentos neoliberales, el anarquismo no lo ha hecho. Esto ha llevado al Anarquismo al castigo, siendo objeto de las mismas recetas con las que los partidos cooptan a sus votantes. Dogmas como “el anarquismo es una utopía” o vincular anarquismo a caos han sido perpetradas desde el poder y utilizadas por los políticos de partido. Hoy muchas personas en nuestra sociedad han aceptado a pies puntillas y sin cuestionar estas falacias. La anarquía es perfectamente posible, se ha demostrado en innumerables contextos históricos y además el poder se ha afanado en derribar rápida y contundentemente cualquiera de su formas. El Anarquismo no solo ha demostrado no ser útil para el poder, además ha demostrado ser peligroso.
Lejos de ensalzar el Anarquismo, hoy es una ideología minoritaria. Si deberíamos tener cierta reflexión, sean cuales sean nuestras tendencias políticas, contra los partidos. Una sociedad revolucionaria que busque la participación ciudadana debería oponerse a los partidos y sus múltiples formas (fundaciones, sindicatos, organizaciones juveniles…).

¡Acabemos de una vez con los partidos!

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