Publicado por DV & archivado en Burgos.

polHay que tener claro que la época que estamos viviendo es un momento histórico y que como tal quedara reflejado en la lí­nea de la Historia.

Dicho momento no es algo puntual ni tampoco nuevo, ni siquiera casual; mirando dicha lí­nea de la historia, esta nos demuestra que se han producido muchas otras crisis económicas, lo cual ha llevado a conflictos sociales, laborales… y que salvo pequeñas reformas se ha vuelto de nuevo al punto de partida. Se podrí­an considerar flujos cí­clicos.

Una crisis no es algo malo para el capital , puesto que no se cuestiona en ningún momento su existencia. Se acepta y punto pelota. Al contrario, es vista por este como un rejuvenecimiento del mismo, un nuevo impulso para que a base de recortes sociales, de salarios… en definitiva, de las condiciones de vida de la población, sus beneficios e ingresos sigan en aumento. Que la ruleta siga girando. Hagan juego señores.

Cuando se habla de “Capital” estarí­a bien definirlo igual de una manera simple ( no por ello menos real) de quien compone ese Capital y cuales son sus objetivos, no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que lo componen personas fí­sicas y no flujos endoplásmicos.
Pues bien; el Capital se ha dotado de un entramado muy complejo y usa un lenguaje enrevesado que solo ellos conocen. El Capital tiene su máximo activo en los “centros de creación de riqueza” los que vienen a ser empresas, fábricas… las cuales sus juntas directivas (en la cima de la pirámide) están conformadas por grupos de inversores; cuando digo empresas no me refiero a la fruterí­a de tu barrio ¿eh?.
Las grandes multinacionales son las que dirigen y guí­an los designios del sistema económico, pero hay una trampa en la que hemos caí­do como conejos, y es que a nosotr@s también nos han hecho participes de una manera impuesta. Hasta el momento hemos estado muy cómodos y asentados en este “estado del bienestar”: por ahora todo va bien, por ahora todo va bien, pero recuerde: lo importante no es la caí­da, sino el aterrizaje. Hemos aceptado sus leyes de: oferta y demanda, de consumo con el cual comprábamos nuestro “bienestar” y dicha comodidad ¿acaso se elige por los ciudadanos el sistema económico que quieren?. Es una pregunta que a nivel global ya estarí­a contestada de antemano, NO. Es algo impuesto e incuestionable.

El capital tan solo tiene un objetivo y solo uno, que es seguir aumentando infinitamente sus beneficios y sus ganancias para que estas sean repartidas cual botí­n de corsarios con los accionistas. El mundo entero y todo lo que en el se haya, se ha convertido en su particular monopoly. Mientras cumpla dichos objetivos no tiene que dar explicaciones a nadie, no tiene un código moral que seguir, no tiene obligaciones para con nadie , en definitiva, no tiene escrúpulo alguno.
En caso de no cumplir los objetivos a los únicos que rinden cuentas son a sus propios accionistas. Busca un infinito crecimiento sin importarle en absoluto las consecuencias ni quien las sufre (mientras no sean ellos, claro).

Ha creado todo un mundo de sombras chinas para seguir manteniendo y afianzando sus objetivos. En este gran circo; el jefe de pista no sale ni al principio ni al final de la función, se mantiene entre bambalinas mientras maneja sus tí­teres y marionetas.

He aquí­ donde entran en escena los polí­ticos (que ya se vendieron como personas, vendieron la moral, la vergí¼enza, la educación…), actores principales, los figurantes favoritos del capital, ya que teniéndoles en plena actuación la población se entretiene en ese choque supuestamente ideológico pero polí­ticamente correcto sobre por quien debe de ser gobernada y como debe ser dirigida. ¿Alguien me puede decir como se financian mayoritariamente los partidos por favor?; se convierten entonces en herramientas para una lucha de intereses ( y no precisamente sociales).
El espectáculo de los polí­ticos consiste en seguir manteniendo polarizada a la población en base a una confrontación de ideas (manteniendo siempre cierto equilibrio), y que ya hace tiempo quedaron abducidas y embelesadas por el gran Dios omnipotente de nuestra época : el Capital.
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Nuestras vidas se rigen por un sistema polí­tico que ha sido colocado ahí­ por dicho Dios con la función de seguir perpetuando su orden y se sigan cumpliendo sus preceptos e intereses sin posibilidad de cuestionamiento alguno.
Ahora la verdad se nos hace visible de manera clara e incuestionable, la población es vista y tratada desde hace ya muchos años como productos; actualmente se nos bombardea con esas palabras técnicas de: “mercado laboral”, “los mercados”; pues señores, en todos los mercados que conozco lo único que se oferta y se vende son productos. ME NIEGO A SER UN PRODUCTO; ¿Y Tíš?.

Se nos dice que hay que aumentar la competitividad, ¿pero contra quien competimos?, porque cuando se compite es contra alguien y no con alguien. ¿Competimos con los indios, los chinos…?. Pues vayan preparándose señores, al tiempo. ME NIEGO A COMPETIR.
Dicha polí­tica de competitividad que se nos inculca desde le escuela (esto serí­a un tema más amplio), no hace otra cosa que separarnos, etiquetarnos, disgregarnos… unos de otros en base a tu nota, tu actitud, tu inteligencia, tu implicación.. nos atomizan en individualidades egoí­stas que incluso en muchos casos nos hace ver a nuestro compañero de trabajo, de colegio, a nuestro vecino… como un enemigo y no alguien con el que interactuar de manera conjunta y real frente a los designios de la vida. Para eso ya tenemos a los sindicatos, a los delegados de clase, a los presidentes de comunidad… Se rompe la comunicación directa y las verdaderas relaciones de las personas que se hayan en esa misma situación.
Esto es algo aplaudido y fomentado por el capital, ya que de esta manera; controlando como hace las principales estructuras sociales y en vista a que cada individuo de la población va a mirar por sus propios intereses aunque la problemática sea conjunta; es mucho más fácil de aplastar y criminalizar dicha protesta individual y puntual que si fuera de manera colectiva ya que perderí­a dicha credibilidad y autoridad que nosotros mismos le damos.

Vemos como el capital quien por su absurda lógica de continuo crecimiento (en base a un beneficio y enriquecimiento particular, minoritario e infinito) ha llevado a la población a una situación de “colapso” y de incertidumbre social. Ellos, quien por su desorbitada e insultante avaricia nos han abocado a esta situación; han tenido que irrumpir en la función saliendo de detrás de bambalinas y mostrando su rostro para apuntar de viva voz a sus marionetas (la de la mano izquierda y la de la derecha) lo que tienen que hacer, como y cuando; pisoteando y orinando la ficticia “soberaní­a popular” rompiendo así­ el encantamiento. Pero el público seguí­a tranquilamente en sus butacas observando la accidentada obra.

El juego democrático se descubre como inútil, sin sentido y vací­o. Si asumimos los designios del capital que así­ sea; pero no sigamos con esta gran farsa democrática. ¿Para que valen las elecciones entonces?, si salga quien salga tendrá que obedecer fielmente cual corderillo a sus jefes económicos (los mercados de los que tanto hablan). Igual es para que los ciudadanos crean que son ellos quienes eligen (a una persona fí­sica) a quien va a dirigir y guiar sus vidas en todos los ámbitos de la misma (trabajo,escuela, ocio…).
Es un insulto a la inteligencia que quienes nos han llevado a esta situación sean los mismos que nos venden las soluciones. Increí­ble e ilógico. Abogan por la confianza que hasta ahora ya han tenido y que nos han hecho llegar a este punto en el que nos encontramos, valora tú mismo.

capitalismo espanolLa inercia y la tan extendida huida hacia adelante nos impide ver, e incluso plantearnos otras maneras de funcionar y de relacionarse al margen de lo meramente mercantil y económico. Es necesario una ruptura clara con el actual sistema ya que parte de unos principios podridos, egoí­stas y minoritarios. En caso de producirse será traumática y dolorosa porque el capital no va a permitir que la población tome conciencia y disipe la nube de humo que han lanzado delante de sus ojos. Una consecuencia de esto serí­a que la gente pierda el respeto al sistema polí­tico y por tanto a todo lo que este representa o dice representar.

Tenemos mucho que desaprender.

NO NOS CREEREMOS LA CRISIS HASTA QUE LOS RICOS EMPIECEN A SUICIDARSE EN MASA.

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