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El 2 de marzo se cumplen cuarenta años del asesinato a garrote vil de Salvador Puig Antich, militante del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación o 1000), una organización polí­tico-militar que nace, oficialmente, en enero de 1971 en Toulouse, Francia, y se autodisuelve en agosto de 1973. Publicamos a continuación un texto  sobre Salvador Puig Antich y el MIL que se incluye en el último número de la Publicación Anarquista Todo por Hacer.

PUIG ANTICH 1974


Este grupo, formado por jóvenes tolosanos provenientes del ámbito libertario, y barceloneses más cercanos al marxismo heterodoxo, no pretende ser la avanzadilla de la revolución ni el germen de ningún partido, y es consciente de que es un elemento “exterior” al movimiento obrero a pie de fábrica, a la organización de base de la clase obrera: por ello no quieren dirigirla sino servir de apoyo; para el MIL, la clase obrera misma es la que puede y debe autoorganizarse,sin tener que esperar a nadie que se lo diga desde fuera. í‰sta es una nueva concepción dentro del panorama de la izquierda en España, pues rompe con el modelo leninista de los grupúsculos de la izquierda marxista que se autoproclamaban (aún siendo cuatro) vanguardia del proletariado.

La intervención polí­tica del MIL para apoyar las luchas del movimiento obrero cristalizará con dos proyectos paralelos. El primer proyecto son las acciones armadas, que tienen un triple sentido: la lucha contra la represión, la autofinanciación y la financiación de las luchas a pie de calle, y mostrar al movimiento obrero que el nivel de violencia que se puede ejercer contra el estado burgués es más grande de lo que es percibido subjetivamente por los trabajadores. El segundo proyecto será la difusión masiva de literatura revolucionaria anticapitalista–básicamente marxista- en el proyecto llamado “biblioteca socialista” y que tomará cuerpo finalmente con la creación de unas ediciones más adelante, en 1973, llamadas significativamente Ediciones Mayo 37, reivindicando la última insurrección proletaria que cierra el ciclo revolucionario de 1917 a 1937 en España.

Porque se trató de la última sentencia de muerte firmada y ejecutada por Franco, el asesinato de Salvador Puig Antich se ha visto rodeado de un halo de misticismo y revisión de la historia, para desposeerla de sus elementos polí­ticos y reescribirla, haciendo entender a la audiencia que todos cuantos empuñaron un arma bajo el yugo de la Dictadura de ayer, lo hicieron apostando por la Democracia de hoy. Algo que, sencillamente, no es cierto.

En cualquier caso, Salvador no fue el único muerto del MIL. Dos años después, Oriol Solé Sugranyes será abatido por el fuego de la Guardia Civil el 6 de abril de 1976, al intentar llegar a la frontera francesa, tras haber participado, junto a una treintena de presos de ETA, en la fuga de la cárcel de Segovia.

La construcción de una mitologí­a democrática de la transición homogeniza el pasado, al no trascender el simple rechazo a la brutalidad del franquismo, y no profundizar en absoluto en la orientación real de la práctica de sus represaliados.
Recuperar la memoria de Puig Antich solo puede ser tarea de sus familiares y amigos. No queremos caer en el personalismo y el culto al mártir que el propio Salvador criticó en una de sus últimas cartas a un familiar. Preferimos recordar su lucha, poniéndola en valor como
se merece.

Para ampliar vuestro conocimiento con respecto al MIL, recomendamos encarecidamente el archivo digital www.mil-gac.info, en el que se encuentra digitalizada una gran cantidad de documentos internos, trabajos, comunicados, estudios y correspondencia escaneada disponible para ser consultada.
Asimismo, para aportar algo más de información y análisis sobre este grupo, también incluimos en estas páginas el extracto de una entrevista a Sergi Rosés, autor de El MIL: una historia polí­tica, (tí­tulo que recomendaremos en la sección de reseñas) publicada en El Viejo Topo nº 222-223, julio de 2006.

PREGUNTA. ¿Cuáles fueron las principales actividades del MIL? ¿Cuál fue su ámbito de actuación? ¿Fue estrictamente un grupo catalán?

RESUESTA. Para comprender al MIL hace falta enmarcarlo en el contexto del movimiento obrero del área de Barcelona y dentro de todo un proceso de clarificación teórica, polí­tica y organizativa de éste. El grupo no fue la invención más o menos exótica de un grupo de jóvenes, ya que sus orí­genes están í­ntimamente ligados con la aparición, en la Barcelona de finales de los años 60, de un movimiento obrero que está rompiendo con las organizaciones de la izquierda e iniciando una marcha hacia la configuración de una autonomí­a obrera, mediante una tendencia surgida en las Comisiones Obreras que se llamaba “Plataformas de CCOO”. Aunque formalmente el MIL se creó en Tolosa de Llenguadoc (Francia), compuesto por tolosanos y barceloneses, el campo directo de su actuación polí­tica fue básicamente Barcelona y su cinturón, donde se distribuyó la casi totalidad de su literatura y donde se efectuaron la mayorí­a de las acciones armadas. El MIL no pretendí­a liderar la revolución, sino ofrecer materiales para que los propios trabajadores se emanciparan.

Para tal fin su intervención se articulaba con dos proyectos paralelos, la “agitación armada” y la “biblioteca socialista”, la difusión de literatura revolucionaria que no consistirí­a en órganos del grupo (tipo prensa partidista o folletos propios), sino en clásicos del movimiento obrero olvidados o ignorados, en su mayorí­a de diversas corrientes ultraizquierdistas. Esta literatura no marcaba una posición monolí­tica de grupo, sino que ofrecí­a elementos para la reflexión proletaria.

El proyecto literario debí­a conseguirse mediante la realización de expropiaciones (atracos a bancos, principalmente), pero al contrario de lo que se acostumbra a presentar, el MIL no querí­a quedarse voluntariamente en este estadio: las expropiaciones eran sólo una primera fase realista en relación a conseguir el objetivo de la biblioteca socialista teniendo en cuenta el tamaño del grupo, pero la “agitación armada” debí­a extenderse con la creación de múltiples grupos autónomos, que debí­an pasar además a otras fases de violencia, dado que se interpretaban los años finales del franquismo, con un acrecentamiento de la lucha de clases y de su intensidad, como una época en la que se estaba pasando de la defensa a la ofensiva obrera.
De hecho, el tema de la violencia obrera no fue una elucubración del MIL sino que surgió en las discusiones dentro del movimiento obrero autónomo catalán y llevó, por ejemplo, a la constitución de algún grupo de autodefensa obrera. (…)
Ni objetiva ni subjetivamente el MIL pertenecí­a a la oposición antifranquista. No perteneció ni a la Assemblea de Catalunya ni a ningún organismo antifranquista, dado que su objetivo no era derrocar a Franco sino ayudar a la realización de la revolución social: el MIL no era antifascista, era anticapitalista. Su actividad estaba en relación con la lucha por la emancipación de la clase obrera.

P. Puig Antich fue condenado a muerte y asesinado en 1974. ¿Podrí­as dar breve cuenta de su detención, del juicio y de su muerte?

R. Bueno, no he estudiado detenidamente el tema de Salvador Puig Antich, mi investigación se centró estrictamente en el MIL, que se autodisuelve en agosto de 1973. Un mes después, Puig Antich fue detenido, como la mayorí­a de miembros del MIL, y en su detención murió un policí­a. Fue juzgado en un consejo de guerra por estos hechos y también por los atracos, y condenado a dos penas de muerte, una por lo del policí­a y otra por un atraco, aunque ésta le fue conmutada.

Finalmente, como es bien sabido, fue la última persona en este paí­s en ser asesinada legalmente a garrote vil. Se ha hablado mucho sobre el proceso, de que éste estaba plagado de irregularidades, de que el cadáver del policí­a tení­a balas de diferente calibre, etc. Todo eso no es sólo posible, sino altamente probable, pero desde mi punto de vista aquí­ hay una cuestión a considerar: nada de eso niega la evidencia de que Salvador Puig Antich realizó consciente mente una acción, que era disparar a un policí­a: intentar presentar a Puig Antich como un buen chico que se encontró en un fregado contra su voluntad es falsificar los hechos. í‰l era un luchador anticapitalista que entendí­a que la lucha pasaba por utilizar la violencia revolucionaria contra los agentes del capital, y por eso disparó con la segunda pistola que llevaba oculta.

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