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En julio de 1936, tras el inicio del denominado Alzamiento Nacional con el que dio comienzo la Guerra Civil, se orquestó dentro del territorio controlado por los militares golpistas un sistemático proceso de represión que buscaba eliminar a todas aquellas personas contrarias a las instauración del nuevo régimen totalitario. Burgos, a pesar de ser una ciudad de retaguardia, no fue una excepción a la regla y desde los primeros dí­as se registraron detenciones ilegales y asesinatos.

Fuentes documentales sitúan el primero de estos asesinatos en el centro de la ciudad, junto al edificio de Correos. Según el relato de Antonio Ruiz Vilaplana en su libro Doy Fe, donde se narra su experiencia durante un año como secretario del Juzgado de Instrucción de Burgos, el 19 de julio de 1936 un albañil caí­a abatido por un disparo de bala que habí­a partido de una camioneta que transportaba a un grupo de “pistoleros de Albiñana”, entramado ultraderechista de carácter paramilitar con cierta implantación en Burgos.

Pancarta Cartujajpg

Otro de los lugares de triste recuerdo en la ciudad de Burgos por su vinculación con la represión franquista son las inmediaciones del Monasterio de la Cartuja de Miraflores. En este paraje boscoso considerado “un lugar estratégico, admirable y de gran efecto en los sentenciados”, fueron ejecutadas numerosas personas que provenientes de las temibles sacas del Penal de Burgos eran transportadas hasta el lugar donde encontraron la muerte.

El pasado 19 de julio de 2015, CNT de Burgos organizó un recorrido por alguno de los lugares más significativos de la represión franquista en la ciudad para honrar la memoria de aquellas personas que fueron ejecutadas por su defensa de la libertad y por su esperanza en la construcción de un mundo completamente contrario al régimen totalitario que terminó insturándose.

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