Publicado por DV & archivado en Burgos, Historia, Radio.

Nicolás Neira Fernández es uno de los militantes fundamentales del movimiento libertario burgalés de los años treinta que, como tantos otros, encontró la muerte a manos de la terrible represión que se desató en la provincia de Burgos al inicio de la Guerra Civil. Su trayectoria vital ha servido como argumento en varios programas de Radio Onda Expansiva (1) y (2).

Nicolás Neira

El equipo de investigación histórica de la CNT de Burgos ha rastreado en los archivos locales y documentos personales de la familia para completar los aspectos más desconocidos de su polifacética biografía, como las circunstancias que rodearon su muerte en el penal de Burgos o su intento de oponerse a los militares sublevados en julio de 1936. Una reseña biográfica que  ha sido recientemente publicada en la web Memoria Histórica CNT y que ahora compartimos con tod@s los lectores de DV.

Figura destacada del anarcosindicalismo burgalés en los años republicanos. Ferroviario de profesión, tenía además una capacidad polifacética para desarrollar diferentes artes y actividades, tales como forja, dibujo, fotografía, llegando incluso a sacarse el permiso para pilotar avionetas.

Estuvo encarcelado en diversas ocasiones por cuestiones relacionadas con su actividad en el seno de la CNT. Una de las estancias en prisión de la que se tiene constancia hay que situarla en diciembre de 1933, coincidiendo con el estado de Alarma decretado en todo el país tras el intento insurreccional anarcosindicalista en respuesta al ascenso al poder de las derechas. Aunque el peso principal de la insurrección se centró en amplías zonas de Aragón, La Rioja o Barcelona, la represión gubernamental sin embargo llegó también a la provincia de Burgos, donde al igual que Nicolás, fueron encarceladas varias decenas de personas de la propia capital burgalesa y de municipios de la provincia como Miranda de Ebro, Pampliega, Castrojeriz, Aranda de Duero o Castrillo de la Vega.

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A la izquierda de la imagen, Nicolas Neira, en una fotografía cedida por la familia

Para el día 19 de diciembre ya habían sido puestos en libertad 65 detenidos, siendo probable que Nicolás estuviese entre los liberados. Posteriormente, con la declaración del estado de guerra en octubre de 1934 a raíz de la Revolución de Asturias y de los acontecimientos de Cataluña, Nicolás vuelve a ser encarcelado y acusado, junto con los vitorianos Daniel Orille Orive y Cesáreo Sarralde y los mirandeses José Varona Clemente y Vicente Gálvez, de conspiración para cometer el delito de rebelión militar.

El 1 de febrero de 1935 se celebra el Consejo de Guerra contra los cinco acusados, en el que el fiscal jurídico militar, además de solicitar para cada uno de ellos la pena de 16 años de reclusión temporal, reclama también la disolución del Sindicato Único de la CNT de Miranda de Ebro, el Comité Comarcal de Sindicatos de la CNT de Vitoria y las Juventudes Libertarias de Burgos. La sentencia finalmente es absolutoria para todos ellos. Pocos días después, ya libre, Nicolás es nombrado vocal del Ateneo Popular de Burgos, centro que tenía como finalidad acercar la instrucción al pueblo y en la que se desarrollaban numerosas conferencias literarias y artísticas, se organizaban excursiones y contaba con una importante y voluminosa biblioteca.

Ya en 1936, a finales de junio, solicita al ayuntamiento de Burgos en calidad de presidente del Sindicato Único de la CNT de la localidad, la cesión del Teatro Principal para la realización de un mitin, el cual es celebrado el domingo 12 de julio. En el mismo intervienen, además de los compañeros de la Regional Centro Luis Caballero y Tomás Cano Ruiz, el propio Nicolás Neira. Apenas una semana después, con el inicio del levantamiento militar, Nicolás se va a encontrar entre los obreros que acuden al cuartel de la Guardia Civil de “El Morco”, tratando de conseguir armas con las que enfrentarse a los sublevados, debiendo finalmente abandonar su propósito sin éxito. Ante esa situación, la resistencia en la capital burgalesa se hace prácticamente imposible.

Comienza la “caza de brujas” por parte del ejército y demás fuerzas sublevadas. Los militantes obreros deben ocultarse para evitar su captura. El 28 de julio es detenido el hermano de Nicolás, Pablo Neira Fernández, de 23 años. También habían sido detenidos su suegro y su cuñado, ingresando todos ellos en el penal de la ciudad.

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Nicolás Neira en una fotografía en color cedida por la familia

Dos días más tarde Nicolás decide entregarse, enterado de la detención de su hermano, con la esperanza de que de esta forma liberarían a Pablo, cosa que así sucedió. Tras más de un mes de cautiverio, el 9 de septiembre, Nicolás muere en prisión, oficialmente por una angina de pecho, aunque es más que probable que le asesinaran como a tantos otros, no perdonándole su destacada militancia sindical y libertaria.

Valeriana, su amada compañera, supo trasladar convenientemente el recuerdo y la figura de Nicolás a la hija de ambos, Raquel Neira. Gracias a Raquel, a su inestimable testimonio y a las fotografías y cartas que conserva de su padre, escritas desde la cárcel en las diferentes ocasiones en las que estuvo preso, podemos hoy conocer con mayor profundidad la personalidad del indomable luchador libertario burgalés.

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Fragmento de una carta de Nicolás Neira desde el penal de Burgos

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