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1936guerracivil0Desde Radio Ondaexpansiva nos ofrecen la entrevista realizada con el creador del juego 1936 Guerra Civil. Un juego de cartas que toma como trasfondo argumental el conflicto bélico que durante tres años asoló nuestra geografí­a. Un juego no convencional que ofrece una visión panorámica de nuestra guerra civil en el 70 aniversario de su finalización.

2 Comentarios para “1936 Guerra Civil”

  1. EL PSOE MEMORIA HISTORICA-JAJAJAJ

    DESPUES DEL FRANQUISMO VINO UN SOCIALISMO IRREAL.

    El socialismo consiste en una austeridad digna, igualitaria, ecológica y participativa para tod@s. Pero la socialdemocracia lo degrada a un capitalismo de estado cuya función principal es defender la economí­a de mercado de su propia violencia. La izquierda capitalista no hace polí­tica para resolver los problemas de la gente, sino para resolver los problemas del mercado. No pone la brida a “los mercados” sino a los polí­ticos, para que adapten su polí­tica a las necesidades de los mercaderes. No ocupa el estado para redistribuir el excedente social de arriba abajo y prevenir a la población de las amenazas del capitalismo, sino para entregar a banqueros y especuladores los recursos públicos que niega para vivienda, sanidad, empleo, educación y pensiones.
    El socialismo propone limitar nuestros deseos irracionales para que vivamos como personas dignas e inteligentes. Por el contrario, el PSOE nos invita a emular a los triunfadores, convirtiéndonos en una horda de cómplices consumistas e impotentes. Esclavos voluntarios, ignorantes tecnológicos que damos gracias al dios mercado por no estar como en Somalia.
    Lejos de nacionalizar la banca, procesar a los criminales multimillonarios y garantizar el crédito para actividades ecológicamente sostenibles, creadoras de seguridad alimentaria, relaciones cooperativas y empleo digno, el gobierno socialista ha puesto en marcha el Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria (FROB) para acometer la reconversión de un sector, ayer modélico y hoy bajo sospecha. Este fondo, dotado con más de 8.000 millones de euros pretende: 1) subvencionar la eliminación de quince mil puestos de trabajo fijo en Cajas de Ahorro y Bancos, 2) reforzar la solvencia de las entidades que lo necesiten, aunque no lo merezcan, 3) regalar dinero a la entidad que se fusione, absorba o compre a otra quebrada o amenazada. La garantí­a para estas inyecciones de dinero fácil, barato y en algunos casos gratis, es de papel. La socialdemocracia aplica un socialismo al revés: socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias de los ricos.
    Con la burbuja inmobiliaria pinchada y la amenaza de quiebra de nuestro “virtuoso” sistema financiero, llegan los despidos y el aumento del paro. Con la crisis, las empresas claman por su derecho a “crear riqueza”. Esto significa redoblar las agresiones contra quienes, en pleno crecimiento económico, ya eran ví­ctimas de precariedad, deslocalizaciones, despidos, EREs fraudulentos, cambio arbitrario de jornadas, libranzas y ritmos de trabajo, suspensión de derechos laborales, sindicalismo amarillo único, explotación, trabajo sumergido, amenaza de movilidad geográfica, retraso de la edad de jubilación, obligación de aceptar cualquier empleo a quienes cobran el paro y represión a quien diga no.
    El “milagro español”, hecho de especulación y explotación de l@s trabajador@s más indefensos, no se explica sin la “modernización” de la izquierda y el sindicalismo. Dicha modernización consiste en poner la protección del beneficio empresarial por delante del respeto a los derechos humanos y sociales. A la hora de considerar al capital como el verdadero sujeto de derechos, frente a los derechos de los ciudadanos y los pueblos, no hay ninguna diferencia entre la derecha tradicional y la izquierda sindical y polí­tica, sobrevenida en nueva derecha.
    En España, la izquierda realmente existente es el PSOE. Este partido, que ha pervertido la mejor memoria del socialismo, ha vampirizado el comunismo y el sindicalismo, penetrando en casi todos los movimientos sociales, convirtiéndoles en una oposición leal, controlada y subvencionada. Sin movimientos populares autónomos, es decir sin poder constituyente, fuera de esta trama de complicidades sólo quedan buenas intenciones, marginación y resentimiento sectario.

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