Publicado por DV & archivado en Historia, Humor, Relato.

Donde se concluye el increí­ble relato del regreso al mundo de los vivos del anarquista Mateo Morral y de cómo saldó la cuenta pendiente con la dinastí­a de los borbones.

Esta vez no emplearí­a ningún artefacto, ningún explosivo me permitirí­a acercarme lo suficiente para mirarle a los ojos a aquel monarca y reconocer, en el brillo afilado de los se saben perdidos, los rasgos de bisabuelo que parecí­a inmune al estallido de las bombas más mortí­feras.
Me dirigí­ al joven que parecí­a más despierto y al que correspondí­a el mote de el Tan como sobrenombre de guerra. -Muchacho,  eso del discurso de Nochebuena es un acto oficial en el que participa el rey.
-Por supuesto, todos los años antes de la cena de Nochebuena el Juancar  suelta un discurso para toda la nación, un discurso que además televisan.

Mensaje rEY

Los términos que empleaba ese joven, algo tartamudo y al que ala vez devoraba ferozmente una pasión infinita y  los granos de una tardí­a adolescencia, sonaban extraños en mis oí­dos de hombre decimonónico.
-¿Cómo que televisan? Discúlpame compañero pero no entiendo tus palabras.
-Si hombre señor Mateo,  pues que a través de la televisión lo pueden ver todo el mundo en sus casas, así­ que si usted lo consigue, vamos que si usted le da matarile al amigo lo podrán ver todos los españolitos de a pie.
Me sobrevino una terrible sensación de desasosiego, cómo habí­a sido capaz el ser humano de crear un artilugio capaz de retransmitir de esa manera la imagen. Si lo vieran los Lumií¨re se llenarí­an de asombro. Qué otros artilugios habrí­a sido capaz de crear el ser humano, y conociendo la naturaleza del poder, cómo de despiadadas serí­an las guerras en este siglo XXI del que ya me estaban entrando ganas de abandonar.
Los muchachos me miraron preocupados, en cierta medida no sabí­an cómo podrí­a llevar a buen puerto mi objetivo, estaba visto que ellos no podí­a aportar ningún material que me sirviera. –No os preocupéis, un amigo del otro mundo me ha prestado algo que me ayudará para el trabajo.
Antes de que cruzase el umbral Juan Garcí­a Oliver se me habí­a acercado para despedirse. Me extraño la amabilidad con la que se conducí­a el antiguo ministro.
-Mira Mateo, se que marchas para Burgos, ten mucho cuidado con esa ciudad hostil, cuando me encontraba con vida estuve preso en su antiguo penal. Nunca he conocido en la tierra un lugar más horrible, nunca he visto tanto odio como en el que en aquellos muros se concentraba. Sabes que si fui a parar a aquel presidio fue precisamente por intentar llevar a cabo un atentado contra Alfonso XIII en Parí­s, pero ni siquiera lo pudimos intentar porque nos estaban ya esperando. Un chivato a sueldo de la policí­a francesa nos delató. En esa ocasión a Durruti se la volvieron a dar con queso. Mientras me hablaba  desenfundó su pistola star y la puso sobre la palma de mi mano -es de mi época en la que no era ministro, sino uno de los mejores terroristas de la clase trabajadora, cuí­dala, seguro que ahora a ti te es más útil -.

Star

Nada de volar la Zarzuela, nada de grupos de apoyo y enlaces que fallan. Me iba a jugar el todo por el todo a corta distancia, ya decí­a Estébanez, ese viejo Espadón, que la dinamita era de cobardes. Esta vez lo harí­a cara a cara,  irrumpirí­a en el discurso de Nochebuena y abrirí­a fuego a bocajarro. No tení­a nada que perder, ni si quiera la vida, esa ya la habí­a perdido en su dí­a. Con todo y con esas los muchachos estaban decididos a acompañarme, uno de ellos, al que apodaban el Mangarrán, añadió que lo harí­a hasta la misma boca del infierno por si fuese necesario rematar la faena.
Esa misma tarde cogimos un autobús, extraño vehí­culo para mis ojos antiguos, en el que en apenas dos horas ganamos Madrid y descendimos en la Avenida América. Los muchachos me habí­an explicado en que consistí­a lo que ellos denominaban metro, pero sentí­ autentico terror cuando me adentré en esas galerí­as subterráneas que habí­an ideado los seres humanos del siglo XXI, me embargó una cierta sensación de lastima por unos humanos que descendí­an cotidianamente al infierno para enfrascarse en su menesteres diarios.
Algo debieron percibir los muchachos a los que este súbito temor les debió parece impropio del terrible anarquista con el que tanto habí­an soñado y con el que ahora se disponí­an a dar muerte al último de los borbones.

-Mire señor Mateo, es mucho más seguro moverse en metro, además hoy ya es 24 de diciembre y seguro que está abarrotado, así­ pasaremos inadvertidos, pero tiene usted que vestirse de una manera un poco más de acorde con la moda actual porque sino nada más pongamos el pie en la Gran Ví­a nos paran los secretas fijo.

Metro

Como habí­a cambiado la capital del reino, apenas podí­a reconocer sus avenidas y calles, los edificios de cristal que se elevaban groseramente hacia el cielo en una competición despiadada. Me era imposible reconocer la babel de gentes que se arremolinaban sobre su superficie. ¿Por qué abundarí­an los habitantes de las antiguas colonias? ¿Por qué todo este ruido que enloquecerí­a a cualquiera que estuviese en sus cabales?.
Pensé que en aquella urbe para mí­ ahora desconocida me hubiese sido imposible vivir. Traté de que estos pensamientos no ensombrecieran mi animo y me concentré en parecer lo más normal posible.
Llegamos por fin a los reales aposentos donde estaba a punto de celebrarse el discurso anual de Nochebuena.
-Esto es un autentico bunker. ¿Cómo nos las vamos a arreglar para meternos ahí­ dentro?
-No os preocupéis no  hay sistema de seguridad lo suficientemente inexpugnable que pueda detener a un espí­ritu regresado del otro lado. En apenas unas horas se abrirá de nuevo la puerta que me conducirá para siempre a las regiones innombrables. No hay tiempo que perder. Podéis si queréis cubrir la puerta, pero os conviene desaparecer nada más que oigáis los primeros disparos
-Pero señor Mateo…
-No podéis acompañarme muchachos, esta cuenta he de saldarla solo, sin más compañí­a que mis remordimientos y el hierro helado de la star.
-Ha sido un placer conocerle, estamos verdaderamente agradecidos de que nos haya permitido colaborar con usted. Salude de nuestra parte a Cipriano Mera y al Quico Sabate, dí­gales que tarde o temprano nos veremos allá donde estén y que haremos todo lo posible por traer la anarquí­a a este valle de lágrimas.

Habí­a llegado la hora de actuar. No me fue difí­cil sortear la vigilancia aprovechando las habilidades que todo espí­ritu del otro lado sabe usar llegado el momento.  Recorrí­ una por una todas las reales estancias de aquel palacio, recorrí­ pasillo tras pasillo, corredor tras corredor en busca de aquel que estaba destinado a ser el último de los borbones.
Baje hasta el sótano en su búsqueda, me encumbré en el tejado del ilustre edificio , vague como un alma en pena aterrorizando a la servidumbre sin que nada hallase.  La puerta se cerrarí­a en a penas unas horas y el cargador de la star seguí­a lleno de posibilidades.

-Que guapo estaba ayer su majestad cuando grabaron el discurso de Nochebuena, parece que por el no pasan los años.  Que Dios nos lo guarde muchos años y, en caso de golpe de Estado chapucero, se nos eche atrás en el último momento como en aquel 23 de febrero.
Horror.
El servicio acababa de sacarme de dudas sobre la ausencia del monarca. El discurso que retransmití­an para todo el reino habí­a sido grabado el dí­a precedente sin que nada de ello me hubiesen informado los jóvenes muchachos burgaleses. Nuevamente volví­a a fallar mi grupo de apoyo, nuevamente mi buscado regicidio fallaba en el último momento.
La puerta que me conducirí­a al otro lado acaba de abrirse sobre mi cabeza. Todo estaba perdido. Mientas  mi cuerpo ascendí­a hasta la puerta pensé en que podrí­a descerrajarle un tiro a cualquiera de las infantas, consortes y princesitas que por allí­ pululaban, pero no merecí­a la pena, habí­a fracasado. Casi me parecí­a estar ya escuchando las risotas con las que me recibirí­a Michelle Angiolillo:

“Ma come mai no sei riuscito a ucidere il Re,
spara a bruciapelo Mateo
spara a bruciapelo”

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– Pues si que tarda el señor Mateo
– Ya os dije yo que habrí­a sido mejor asaltar la Subdelegación del Gobierno.
– Venga chavales, vámonos pa Burgos.

4 Comentarios para “A bocajarro. La última oportunidad del Mateo (II)”

  1. Roberto

    Muy bueno el desenlace, aunque yo también me esperaba un final feliz!! jeje

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