Publicado por DV & archivado en Burgos, Textos.

Las medidas antisociales que está llevando a cabo el gobierno están provocando una necesaria oleada de rechazo. En las protestas que se están registrando podemos encontrarnos con extraños compañeros de viaje. Sin ir más lejos, en la masiva manifestación que recorrió ayer jueves 19 de julio las principales calles del centro de Burgos pudo verse desfilar a representantes de la Policí­a Nacional y otros tantos de la Policí­a Local. ¿Es posible que el que ayer blandí­a su porra contra los trabajadores, inmigrantes, mineros,  precarios y todo un largo etcétera,  hoy se reivindique parte de sus luchas ?. A continuación publicamos en DV un artí­culo de Luis Pascual donde se reflexiona sobre este extraño fenómeno.

Unos amigos de Burgos

A la entrada de la crisis, hemos tenido que sufrir numerosos recortes, como el aumento de la edad de jubilación a los 67, las dos reformas laborales, la subida del IVA y el IRPF, la bajada del sueldo de los funcionarios, los recortes en Sanidad y Educación, los ajustes presupuestarios…; y la gente salió a las calles para mostrar el rechazo hacia estas medidas que han precarizado nuestras vidas. Nos dieron por todos los lados y cuando salí­amos a manifestarnos siempre nos encontrábamos con la policí­a y efectivos antidisturbios reprimiendo protestas pací­ficas.

Antes de que se les tocaran el sueldo a los maderos, actuaban bajo órdenes del gobierno sin rechistar y con la excusa de la ilegalidad, repartieron pelotazos y porrazos a mansalva; por no hablar de la presencia del Ejército en las carreteras asturianas para controlar a los mineros. Pero ahora que los recortes les han llegado, lloran y buscan apoyos. Desde el SUP y otros sindicatos policiales llaman a la movilización de los agentes contra estas medidas y critica las decisiones del PP y al bipartidismo, así­ como buscan apoyo entre la ciudadaní­a. Lo mismo, ahora los militares. La Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) también se suma a la iniciativa de protesta. ¿Pretenden que las ví­ctimas defiendan a sus agresores y a unos asesinos? ¿Qué clase de moral es esta?

Sí­ es cierto que no todos los agentes fueron enviados a reprimir las protestas ni qué decir cuánta representación tienen esos sindicatos policiales entre los Cuerpos de Seguridad del Estado, no obstante, no olvidemos para qué sirve realmente la Policí­a: para hacernos cumplir las leyes que se han hecho desde arriba y que solo benefician a quienes las hicieron, es decir, al mismo Estado y al capitalismo. El Ejército también es el brazo ejecutor de la violencia estatal que a lo largo de la historia se usó tanto para sofocar revueltas internas como para asesinar otros pueblos.

Pese a que tanto los agentes de policí­a como los soldados reciben un salario por su trabajo, no son clase trabajadora sino mercenarios y ahora que les van a llegar los recortes, alzan su voz mostrando el rechazo hacia dichos recortes. Sus demandas son retrógradas, pues defienden únicamente que sus sueldos no se toquen para que puedan realizar todo lo que se les ordene y servir como buenos perros obedientes al poder. Y como todos sabemos, los mercenarios no trabajan si no se les pagan lo que exigen ni reciben medallas u otros tipos de recompensas y reconocimientos por su labor. La mayorí­a de ellos venden su fuerza de trabajo solamente por el dinero, salvo algunas excepciones como ‘proteger al ciudadano’, pero eso ya es otro tema. Resumiendo, los policí­as y soldados no son clase trabajadora porque, además de lo anteriormente dicho, son quienes nos reprimen cuando salimos los estudiantes y trabajadores a defender nuestros derechos o dejamos los tajos para ir a la huelga y presionar al patrón.

otros amigos localesPolicias Locales de Burgos manifestándose

Corrieron voces de que en Frankfurt, Alemania, unos policí­as se quitaron los cascos y se pusieron de lado de los manifestantes. ¡¡Mentira!! ¡Ni siquiera se habí­an puesto los cascos y ya que la manifestación era muy numerosa, decidieron escoltarlos! Aunque por otras fuentes cuentan con que hubo unos 400 detenidos. La Policí­a, al igual que el Ejército, jamás estará al lado del pueblo, siempre defenderán un Estado. Si de verdad quisieran ponerse a nuestro lado, el soldado desertarí­a y renunciarí­a a recibir remuneración del Estado y el agente tirarí­a la placa y también negarí­a ser pagado por el Estado.

otros amigos también de Burgos

Quienes quieran mostrar su apoyo hacia sus demandas, les recuerdo cómo desalojaron las acampadas del 15M el año pasado y las de este año, el ensañamiento con los estudiantes valencianos, las cabezas abiertas de numerosos manifestantes, detenciones arbitrarias, cárcel, multas desorbitadas, vejaciones, humillaciones, palizas, torturas en comisarí­as, acoso policial y hasta asesinatos con pelotas de goma. Quien crea que apoyándoles les van a pegar menos se arrepentirán el dí­a en que les abran la cabeza. ¡Por tontos y cobardes! Y mientras existan cuerpos represivos que ejecutan las órdenes del amo, los anteriores acontecimientos nombrados se sucederán. Mientras exista la imposición de la voluntad de unas minorí­as a la fuerza a las voluntades de las mayorí­as, la violencia no cesará.

Luis Pascual

Texto extraido de Portal Libertario OACA

18 Comentarios para “De policí­as, militares y protestas”

  1. burgales

    Cuanta tonterí­a…..pufff ante todo son personass y no es justo recortar a los funcionarios mientras los polí­ticos sigues con sus sueldos….

    mejor di eso y no digas tantas tonterí­as y pijoladas andaaa

  2. unx mas

    También estuvo la Asociación Unificada de Guardias Civiles.

    Hubo quien les gritó “Ayer daban porrazos, hoy se manifiestan, ¡menuda vergí¼enza!”

    Aquí­ en Burgos ya nos ha tocado a muchos sufrir los excesos de esta gente que ahora van de currelas solidarios. Que se nieguen a cumplir las órdenes que reciben de reprimir a la gente, eso como mí­nimo, para que nos planteemos siquiera coincidir en una movilización. Y no estarí­a de más que los policí­as supuestamente honestos denunciaran los abusos de sus compañeros/as, y testificaran en los juicios que hay abiertos en todo el estado. Eso como mí­nimo, creo que para cualquiera con un poco de sentido común es razonable.

  3. Policí­a

    Cuanta ignorancia en el artí­culo y en el último comentario.

    Si están en contra porque están en contra, si están a favor porque están a favor…

    La unidad hace mucho y con comentarios así­ no llegaréis a ningún lugar, aunque tal vez sea lo que se quiera…

  4. Uno de DV

    Y cuanta pretendida ingenuidad tiene tu comentario. ¿Cómo es posible que sea tu compañero de protesta alguien que dí­as antes te golpeaba con su “herramienta de trabajo?
    http://diariodevurgos.com/dvwps/tu-seguridad-no-es-la-mia.php

    Y cierto, estos señores y señoras son personas, pero las personas tienen sentido crí­tico y no sólo cumplen ordenes como si fueran autómatas…ahora es fácil protestar ante los recortes en el sueldo, pero nunca he visto a ningún policí­a negarse a realizar un desahucio si se así­ se lo hubiesen ordenado…

  5. midat

    Segun la coordinadora para la prevencion de la tortura una entidad que agrupa a 48 asociaciones de toda españa en el 2011, se duplicaron los casos de tortura y malos tratos y este aumento se explica por la conflictividad social, por ejemplo las agresiones policiales han pasado de 200 personas afectadas en 2010 a 433 en 2011 un incremento del 116%.
    Si la policia ahora protesta es simplemente por el dinero que les recortan los politicos corruptos a los que defienden agrediendo a un pueblo cada vez mas pobre, actuan como los mercenarios que no te engañen, no les preocupa ni el pueblo ni el pais solo tener buena paga y buen material represivo.

  6. Cerradico

    De todo te puedes encontrar en la policí­a buenos e hijos de fabra, pero yo no me fiare nunca ni de los buenos, cuando sean estómagos agradecidos otra vez estos supuestamente dignos cuerpos de represión volverán a votar a PP-SOE para poder ir de musculitos por la calle y sacar su inteligencia a relucir.(PORRA)

    Y a quien les apoya, les digo que igual que los médicos objetan para atender ,los monos podí­an objetar y no sacudir a la primera mujer que pasa a su lado.

    Y POR QUE CON LOS MINEROS OS PEDíS LOS MOSCOSOS?

  7. Huelga salvaje

    Nunca serán de los nuestros. No son obreros son MERCENARIOS.
    Pero si hasta el jueves los pelagatos de la UPR parecí­a que iban de salvapatrias con su tí­pica chulerí­a.

  8. V

    El hombre, el ser humano –se dice—no es por naturaleza bueno ni malo. Es el medio en que se desarrolla quien lo hace como es: unas veces perverso, avaro y egoí­sta; otras veces magnánimo, noble, desinteresado.

    No vamos a discutir ahora hasta donde tienen razón estas teorí­as. Pero nos permitiremos hacer varias preguntas: ¿Cómo se explica que en un mismo pueblo en una misma casa e hijos de una misma madre, sean unos amables, bondadosos, nobles, y otros sean viciosos y egoí­stas? ¿Porqué esa diferencia tan enorme? ¡Ay…! ¿ en qué ambiente se habrán desarrollado unos hombres que por un miserable sueldo se prestan a defender al capital y al Estado, y disparan sus armas mercenarias , frí­amente o furiosamente, hasta sobre su propia madre, si así­ se lo ordenan sus superiores? ¿A qué grado de degeneración e insensibilidad no habrán llegado estos hombres que, pudiendo vivir libremente, con la conciencia limpia y tranquila, prefieren vivir obedeciendo, y matando a sus propios semejantes, por un miserable puñado de calderilla?

    ¿A que estado de animalidad y de perversión no habrá ascendido la humana especie para engendrar en su seno esos monstruos, insensibles al dolor y carentes en absoluto de sentimientos nobles y elevados?

    Son estos las defecaciones del organismo social, que se desembaraza de lo que no puede asimilarse.

    Son la carroña, los parásitos, los perros que ladran en la portada de la heredad capitalista; los perros que ladran y muerden al transeunte o al hambriento que va a coger unas frutas que el mismo a cultivado, mientras el amo digiere tranquilamente su hartazgo, confiando en ellos, en sus perros, la salvaguarda de sus intereses…

    A cambio de este y útil y fiel servicio ya recibirán un dí­ su mendrugo y algún puntapié en el trasero. Pero su bajeza canina llega a tanto que se arrastran y lamen la mano del dueño que le enarbola el látigo…

    Sí­; estos son todos los que lacayunamente, de una forma baja y vergonzante se ponen en contra de sus hermanos de clase y defienden los intereses de sus amos…

    La vida está mala.

    El hambre es mucha –suelen decir, para justificar sus acciones, torturas, crí­menes…

    Tengo tantos hijos que constantemente me piden pan, y no puedo dárselo.

    ¡ Eso es…! Perfectamente.

    Sufres miserias, privaciones, hambre…

    ¿No se te ha ocurrido nunca pensar dónde radican las causas de que sufras esas miserias y privaciones?

    No; Seguramente.

    No has pensado jamás que esas causas radican en la mala organización social. Si lo hubieses pensado, no te decidieras a ponerte de parte de los que se benefician con esa mala organización, sino que, como todo obrero consciente, te pondrí­as en contra y tratarí­as de combatir esas causas.

    ¿Que adelantas con ponerte al servicio de la sinrazón y de la injusticia?

    Yo soluciono mi problema económico – me contestarás.

    ¡Desgraciado! ¡A que precio solucionas tu problema! Tú solucionas el tuyo y los demás que los parta un rayo. O lo que es peor: que tú mismo te conviertas en ese rayo de la tormenta social que cae, insensible e inhumanamente, sobre tus hermanos.

    ¡Triste papel es ese, que para medio comer tú y los tuyos, has de privar a los demás de lo suyo, del pan para sus hijos!

    ¡Triste papel el de guardar las espaldas a los tiranos que viven de la explotación y del pillaje legalizados!

    ¡Triste papel el de impedir que tus propios hermanos, que tienen las mismas necesidades que tú, pero que no quisieron descender, al bajo nivel que tú has descendido, puedan satisfacer sus ansias de libertad, de pan y de justicia!

    ¡Triste, si tristí­simo papel el tuyo guardador del orden público; que con sólo que te unieras a tus hermanos y no te prestaras a defender las injusticias de los de arriba, tendrí­amos el problema resuelto!

    ¿Qué daño te han hecho a ti, desgraciado, esos hombres santos y nobles, esos idealistas soñadores que luchan por la felicidad y el bien común?

    ¿Por qué les odias tanto, si ellos no pretenden sino que la felicidad y el amor reinen sobre la tierra?

    ¿No es cosa justa, humana y racional lo que anhelan?

    ¿No es una idea sana, bella y hermosa por la que luchan?

    ¿No sueñan en hacer la felicidad de todo el género humano sin exceptuarte a tí­ que tanto les odias, ni aun a los tiranos que tú tan incondicionalmente defiendes?

    ¿No tratan de acabar con todos los privilegios y con todas las injusticias?

    ¿Por qué, entonces, ese odio fratricida hacia ellos; ese ensañamiento en el castigo, ese frenesí­ en cumplir las órdenes que os dan vuestros amos?

    ¿Por qué habéis de ser los lobos de vuestros mismos hermanos, siendo vosotros tan esclavos y tan miserables como ellos, que necesitáis ganar un mí­sero sueldo para no morir de hambre?

    ¿Por qué no dejáis a los burgueses que empuñen ellos mismo las armas y defiendan sus intereses?

    ¿Por qué habéis de ser vosotros, que no tenéis donde caeros muertos, quienes hayáis de defenderlos?

    ¿No comprendéis que estáis siendo los verdugos, no solo de vuestra misma clase, sino también de la de vuestros hijos?

    ¿Qué habéis ganado ni adelantado después de haber matado a un ciudadano o, en caso contrario, de haber perdido la vida en la refriega?

    ¿No notáis como los amos, vuestros amos los que os pagan para que os matéis en su defensa, se rí­en de ver vuestra estupidez y vuestro servilismo?

    ¿Qué habéis logrado con exponer la vida a cambio de un salario vil?

    ¿Es que soñáis, acaso, con haceros héroes de alguna leyenda? Pues no sois sino bufones de los que os mandan.

    ¿Es que no comprendéis esto?

    ¿Qué causa noble es la que defendéis que no os importa la vida?

    ¿Qué ideal de justicia aspiráis a implantar sobre la tierra que no os asusta la muerte?

    ¡Oh……!!

    ¡Fijaos en vuestra obra!

    ¡Recrearos bien en ella, que es digna de vosotros mismos…!

    ¡Contemplad esas cárceles rebosantes de seres que no han cometido más delito que no tener pan y tener, en cambio, un corazón para sentir y un cerebro para pensar…!

    ¡Mirad a esas inocentes criaturas, a esos tiernos retoños a quienes habéis privado del cariño y amparo paternos, condenados a la orfandad, a la miseria, al vicio, al pillaje…!

    ¡Esa es, pues, vuestra obra! Podeis estar orgullosos de ella…!

    ¡Ay….!

    ..

    ¡! Pero vosotros no podéis comprender toda la grandeza , todo el heroí­smo y toda la sublime abnegación que encierran en su pecho esos hombres que se lanzan a la calle a conquistar su pan y su libertad! ¡Vosotros no podéis comprender cuánta diferencia existe entre aquellos que exponen su libertad y su vida en la conquista de un Ideal que beneficia a todos, y aquellos otros que la exponen por un vil salario, por obediencia ciega a sus amos en defensa de los intereses de una clase mil veces maldita; entre los que luchan por el bien de toda la humanidad y aquellos que sólo obran impulsados por odios de clase, sin tomarse siquiera el trabajo de pensar a quién benefician o perjudican sus actos. . .! ¡!No…; no lo podéis comprender ni lo comprenderéis jamás, porque vuestro cerebro se halla atrofiado y vuestra sensibilidad embotada. . .! ¡No.! no tenéis más que estómago, pero un estómago que no se harto nunca con el bendito pan ganado honrada y noblemente, mientras el sudor chorrea por la frente o el frí­o entumece los miembros!

    No sabéis, no, no podéis saber jamás, de esa placidez y de esa felicidad interior que da la conciencia tranquila y el deber cumplido; porque no pueden sentir ni lo uno ni lo otro quienes son instrumentos ciegos al servicio del Estado-capital , de la injusticia; del más fuerte, del que paga para imponer el terror a sus ví­ctimas, cuando no la muerte!

    Sois los representantes de una época de insensibilidad y de barbarie, entronizada paralelamente al apogeo de la maquinaria moderna, del puñetazo, del puntapié, del boxeo y de la fuerza bruta.

    Sois una pieza más de la gran máquina represiva estatal que insensiblemente aplasta a la humanidad doliente. ¡í‰poca maldita!

    Taylorismo. Racionalización. Superproducción. Hambre. .

    ¡Hambre , esclavitud, miseria, en los unos!

    ¡Orgí­as, fastuosidad, vicios, abyección, lujos en los otros. . .!

    Un mundo que se hunde; otro que se levanta.

    Una sociedad que muere y otra que renace.

    ……………………………

    ¿Y esa burguesí­a infame, depravada, salvaje y feroz que, no obstante estar ahita de sangre proletaria y de millones robados a la clase obrera, quiere aún continuar disfrutando esos privilegios. . .?

    Esa canalla dorada que con el dinero que estafa a los trabajadores, paga después a su jaurí­a para lanzarla contra los que se atreven a protestar. . .

    Esa clase capitalista mil veces malvada, mil veces canalla, mil veces criminal, que consiente, por mantener su predominio injusto, que todo un pueblo sucumba de hambre y enloquezca de desesperación.

    Esa clase capitalista a la que los trabajadores debemos tener muy en cuenta para cuando sea llegada la hora de la revancha; esa clase que con su oro, sudor cristalizado y sangre obrera coagulada, soborna a los gobiernos – dignos lacayos de sus intereses –, soborna a toda clase de autoridades e instituciones, puesto que todo se mueve a su servicio y en su defensa; esa clase ha de desaparecer del mapa humano, en que representa una mancha de sangre coagulada y en descomposición.

    Si no fuera así­; si esa clase prostituida y sifilí­stica no desapareciera del mapa de la humanidad, no tendrí­amos los hombres dignidad, hombrí­a ni vergí¼enza.

    ………………………..

    Y vosotros, polí­ticos miserables de todos los tiempos de todos los matices, de todos los colores, de todos los partidos, de todas las banderas; vosotros sois tan responsables como la misma burguesí­a, como el mismo capital, de la situación critica y delicada en que se halla la clase trabajadora.

    Entre la religión y la polí­tica tienen castrado al pueblo.

    La religión fue el opio del alma en tiempos pretéritos; la polí­tica es el opio del alma en los tiempos modernos.

    Vosotros , polí­ticos desaprensivos, explotadores de la conciencia humana, sois los que habláis al pueblo de sus derechos en ví­speras de elecciones, para que, creyendo una vez mas en sus falsas promesas, os eleven a la cúspide de los mas altos cargos representativos de la nación.

    En dí­as de elecciones, repetimos, le habláis al pueblo de sus deberes y sus derechos. Les decí­s que tienen derecho a sentarse en el banquete de la vida; que tiene derecho a disfrutar de todos los goces y de todos los placeres que disfruta el potentado; de que tiene derecho a una vida holgada y cómoda y que tiene derecho a ser libre.

    Y bien; ¿qué habéis hecho vosotros después que el pueblo os votó y os llevó al pináculo de la dirección y administración de las naciones?

    ¿Qué habéis hecho en beneficio de ese pueblo noble y sufrido cuyas espaldas os habéis montado?

    Aahh..! No es preciso decirlo. Los hechos son demasiado elocuentes para que haya necesidad de pintar un cuadro tantas veces visto y tantas veces repetido en la historia de la humanidad.

    ¡Pobre pueblo! ¡Tantas veces engañado, insultado, ametrallado, escarnecido, ultrajado. . .y aún , ¡aún! no ha abierto los ojos del todo; aún no se ha dado cuenta exacta de quienes son sus verdaderos enemigos! Y el mayor enemigo del obrero es el polí­tico, el gobernante.

    _______________________________

    El polí­tico , si no es gobernante, aspira a serlo. Dentro de la polí­tica no es posible la igualdad, ni en derechos ni en deberes, porque la existencia del gobierno, sí­mbolo y representación del Estado, implica ya por lo menos, el reconocimiento legal de dos clases; los que gobiernan y los gobernados.

    Eso de la igualdad ante la ley que tanto alardean los “socialistas”, no es más que un tópico manido para cazar incautos. Pura demagogia.

    La única libertad y la única igualdad posibles están en la Anarquí­a, donde desaparecen todas las clases, todos los privilegios, todas las jerarquí­as y todas las desigualdades e injusticias.

    Es un gran error el de los polí­ticos obreros, particularmente el de los marxistas, cuando tanta guerra dan y tanta bandera hacen del tan manoseado frente único.

    “Todos debemos estar frente a la burguesí­a y frente al capitalismo” –dicen–. Y los ingenuos trabajadores, los que tienen una visión reducida del panorama social, le hacen coro diciendo: “Si; todos debemos estar unidos contra nuestro enemigo común, que es el capital”.

    Sin embargo, nosotros nos vamos a permitir hacer algunas objeciones a estos confiados trabajadores.

    No negamos, ni mucho menos, que todos los trabajadores debemos estar unidos contra nuestros enemigos, y así­ lo venimos recomendando siempre; pero ante todo veamos cuales son nuestros mayores enemigos. Los polí­ticos que enfáticamente proclaman esta necesidad, ¿están ellos , realmente, contra el capitalismo y contra la burguesí­a? ¿No es, como hemos dicho atrás, un medio de propaganda efectista, y cuya propaganda están muy lejos de llevar a la práctica?

    La burguesí­a y el capitalismo son, ciertamente, nuestros más irreconciliables enemigos. Pero, ¿cuáles son las causas principales de que se mantengan en pie, sino el propio apoyo que ellos le prestan y la obra divisionista y castradora que realizan en las masas obreras?

    Si en vez de inculcarles a los hombres la idea de que se necesita un gobierno que dirija, administre y haga cumplir las leyes –ya sabemos cómo dirigen, administran y hacen cumplir las leyes nuestros gobernantes republicanos-socialistas–, se les inculcara la plena libertad y la plena igualdad, no tolerarí­an los pueblos, como hoy toleran, tanta injusticia y tanta miseria.

    Además, no es, como se cree, la-burguesí­a nuestro mayor enemigo, sino el Estado, que con sus instituciones armadas la defiende. Que desaparezca el odioso Estado, con toda su complicada maquinaria: instituciones,burocracias, militarismo, magistratura, cárceles y demás engranaje; toda esa fuerza coercitiva que vive del sudor ajeno, de chupar la sangre del pueblo y para oprimir a pueblo; que desaparezca todo esto y se quede la burguesí­a sin esa defensa y sin ese apoyo, y veremos, entonces, el tiempo que dura en pie como clase. Ni un solo dí­a. Ni un solo momento.

    El capitalismo, es decir, la presente organización social, tan mal administrada como peor dirigida, solo se mantiene en pie al amparo de la violencia organizada y legalizada.

    El Estado y sus representantes son, y no los burgueses, los que hacen y ejecutan las leyes represivas.

    El Estado o sus representantes son, y no los burgueses, los que van a arrancar al campesino el producto de un año de fatigas y desvelos, con contribuciones, arbitrios y gabelas, etc, etc.

    El Estado, o sus representantes los policí­as o guardias civiles o de asalto, son los que van a casa de los luchadores a detenerlos, encarcelarlos o , si es necesario, aplicarles la ley de fugas. A nada de esto va ningún burgués, aunque son ellos los beneficiados con esas medidas gubernativas.

    En fin, el Estado es el guardián del capitalista y del burgués, y él o sus representantes son los que se enfrentan al pueblo cuando éste quiere satisfacer una necesidad a la que tiene derecho, pero que la rapacidad burguesa se lo impide. El estado es. Pues, la fragua en que se forjan las cadenas que oprimen a la Humanidad; la máquina infame cuyo engranaje nos tritura, nos aplasta y nos descoyunta. Por lo tanto el Estado es el mayor enemigo de la clase obrera, el mayor lobo del hombre.

    Y bien; ¿qué tienen que objetar a esto los marxistas y todos los obreros que con más o menos buena fe defienden la necesidad de un Estado, aunque sea demócrata? ¿Pueden hablar de frente único ni de estar frente a la burguesí­a, los que a toda costa quieren mantener el Estado?

    ¡No! Los únicos que de verdad están contra la burguesí­a y contra el capital son los que también están contra su punto de apoyo, que es la polí­tica, el gobierno, el Estado, en una palabra. Todo lo demás es pura farsa, y los obreros que de verdad anhelan emanciparse de toda tiraní­a, deben darse cuenta bien de esto y tomar buena nota de ello.

    …………………………..

    La clase trabajadora en general debe adoptar una resolución firme y única. No debe andar con medias tintas.

    Cuando todos los sistemas polí­ticos han fracasado o están en bancarrota; cuando los llamados partidos obreros, o dicho con mayor propiedad, cuando los jefes o dirigentes de los partidos se alí­an con los gobiernos burgueses y colaboran descaradamente con el capitalismo, la clase obrera debe situarse en una posición clara y bien definida, que no deje lugar a dudas ni confusiones respecto a sus aspiraciones y luchas.

    Y tenga en cuenta la clase obrera lo que, con toda sencillez y con toda claridad, le vamos a decir a continuación: en la actualidad tenemos presente el siguiente dilema: a polí­ticos o antipolí­ticos. No hay términos medios.

    Dos tipos de centrales obreras hay en España: una polí­tica, otra antipolí­tica.

    Los obreros que pertenecen a la primera han de estar, quiera que no, bajo la tutela de los propios gobernantes, puesto que ellos, los obreros, con sus votos, les han llevado al poder. Tienen el deber de apoyarlos en le gobierno, no solo ha ellos , sino también su obra.

    Quiera que no, el obrero se hace cómplice de los actos de violencia que el gobierno que él mismo nombró con su voto y apoya con su actitud usa con los trabajadores que se rebelan.

    Los que pertenecen a la segunda central obrera, han de estar también, quiera que no, frente al gobierno y frente a toda tiraní­a. Tienen el deber de propagar y obrar contra la polí­tica, contra la propiedad, contra los ricos y contra el Estado y la Religión.

    Y no solamente han de encauzar sus luchas en el sentido de alcanzar mejoras dentro de este régimen estatal, sino que han de procurar ir minando, socavando, destruyendo el principio de autoridad, en el cual descansa. Y no deben parar tampoco aquí­ sus aspiraciones sino que deben ir construyendo en su cerebro primero y en la práctica después, los planos de otra sociedad más perfecta y armónica que la que tratan de destruir.

    ………………………..

    Los trabajadores conscientes y que tengan sentimientos humanos, aunque sean polí­ticos, no deben hacerse cómplices de los actos de los gobiernos contra los que se rebelan; porque esto demuestra que no se ama la causa de la liberación humana y además ue se está dispuesto a emplear esos mismos procedimientos en cuanto que la casualidad le depare un cargo de autoridad. El hombre sano moralmente, el que de verdad siente las penas y miserias de los demás, piense como piense, tenga el ideal que tenga, ese no se alegra del mal de otros compañeros, ni se hace cómplice de la injusticia, apoyando a los victimarios; ese protesta del crimen y se solidariza con los caí­dos, con los suyos, con sus hermanos de clase, aunque haya por medio la barrera de un ideal.

    Pero para obrar así­ se necesita ser í­ntegro, no estar castrado ni corroí­do por la envidia o por mala fe. Se necesita no tener aspiraciones bastardas ni egoí­smos insanos, ni monomaní­as de grandezas, como les pasa a muchos.

    Se necesita tener un alma vil y miserable; se necesita haber descendido al nivel de los depravados para no sentir el dolor ante los caí­dos en las garras de la llamada justicia y no sentirse arder la sangre en las venas. Pero aún se necesita ser más malvado y más canalla para aplaudir esos crí­menes y para manchar, encima, la virtud de las victimas, con las calumnias y hechos que no ha tenido lugar más que en la lengua viperina de ellos, de los cobardes que con su contacto manchan todo cuanto tocan.

    Concluyamos.

    Por muchos y muy variados conceptos, el hombre se va convirtiendo, cada vez con más saña, en el lobo del hombre. Es verdad que siempre lo fue; es verdad que siempre hubo quién hiciera la guerra para vivir a costa de los vencidos. Pero hoy la guerra va siendo trágica, en honor a que las artes y las ciencias de fabricar armas mortí­feras han progresado que es una barbaridad. Y en lo que toca a la guerra social, que es a la que nos venimos refiriendo, va llegando ya a los lí­mites del pensamiento, es decir, a lo que ya la mente casi no puede imaginar. Todos los medios, todos los procedimientos, van resultando buenos cuando combatir a los trabajadores se trata. Como los propios trabajadores no tomen, en los sindicatos, el acuerdo de negarse a fabricar armas de todas clases, que puedan servir a los tiranos, no tardará mucho tiempo en que no se podrá salir a la calle sin exponerse a ser blanco de nuestros enemigos.

    Por lo demás, negarse a fabricar y construir armas y máquinas de guerra es urgente, urgentí­simo, para nosotros. Serí­a el paso más decisivo que pudiera darse en el camino de la paz social.

    No construir más máquinas de guerra y destruir las ya existentes-en todo el Universo: he ahí­, pues, un sugestivo e importante problema de la organización debe estudiar y llevar a la práctica.

    Extraido de :Los perros del capitalismo.

  9. greder

    Por alusiones diré que algunos de ustedes se olvidad de un punto muy importante.
    La Constitucions Española NO permite manifestarse ni mostrar publicamente las discrepancias politicas en publico, asi como HABLAR de manera negativa, se tenga o no razon para ello, de los dirigentes politicos o autoridades publicas, pues se considera DELITO, que en el caso de los mikitares se paga por dos veces, con el codigo penal civil y por supuesto con el militar.
    A ellos less congelaron el sueldo hace ya dos años y llevamos dos rebajas salariales, sin contar la perdida de la paga extra.
    Los equipos con los q trabajan estan en un estado obsoleto en el mejor de los casos y los mantenimiento son precarios cuando no inexistentes, imaginen el riesgo para paracaidistas, tedax o marinos que viajan en submarinos.
    Les recuerdo a los exaltados q el incumplimiento de una orden es un delito, q puede acarrear penas de carcel y suspension de empleo y sueldo fulminante, mientras que a los civikes NO.
    Por ultimo quisiera decir que yo si estube en la manifestacion del 19, mi marido, militar me llevo, a mi y a quienes quisieron venir, cumplio con su obligacion como ciudadano facilitando un medio de trasporte a quienes no lo tenian y como militar, pues NO se manifesto. Pero lo que algunos de ustedes no quieren ver y yo vi, es que las terrazas estaban llenas, los parques repletos y la vergí¼enza por todas partes.
    No pidan peras al olmo sino y no pidan que delincan a aquellos que defienden la Constitucion, esa que a ustedes les ampara, o deberia al menos, pues entonces no serian mejor que aquellos de quienes nos quejamos.
    Un saludo

  10. Atea y sindicalista

    A greder – importante. Deserten coño!

    La constitución es papel mojado, solo vale para limpiarse el culo..un texto malévolo y viciado desde hace un siglo, razón de Estado, la intocable amparadora del status quo de lxs poderosxs, opresorxs y hacendadxs.

    Los milikka son parásitos sociales, defensores esbirros de no se qué valores a la patria, cargados de fantasí­as de héroes nacionales y llenos odio racial, y no estarí­a de más que ellxs sufran todxs las mismas miserias , privaciones y muertes que produce el capital, sistema lleno de contradicciones, sistema que ellos defienden, en vez de sufrirlas lxs millones de personas honradas que desean y anhelan la paz, la democracia directa , la libertad y la justicia social..no estarí­a de más que deserten y sean insumisos y entonces quien irí­a a defender a lxs que ejercen el poder, la explotación, la tiraní­a, la iniquidad, la mentira…y no me diga que estos mercenarios buscan los valores de convivencia y solidaridad, porque entonces padece ud. de cretinismo, mí­rese las tiroides.

    La casta castrense es una banda de asesinos mercenarixs obedientes, serviles a las órdenes de un régimen económico despótico, a las órdenes de una religión falsa y llena de prejuicios, se merecen todo el desprecio de la clase que todo produce y a la que es negada el disfrute de la riqueza que algunxs hemos contribuido..y estamos hartas de mantener a tanta parásita, burócrata , tecnócrata ,clasista, guerrera y racista; y hartas de mantener y que se fomente una educación patriarcal, competitiva, resignada y de servidumbre.

    Hastiadas de ver personas mendigando, hastiadas de que el robado sea el pobre, y hastiadas de trabajar para otras. Hastiadas de ver como se consume la salud, hastiadas de ser desposeidas de vivienda, hastiadas de sufrir las cargas impositivas de los presupuestos del Estado..hastiadas de los que quieren vivir de hacer politica, vivir de los presupuestos y lxs que aspiran a ser funcionarios para vivir de la explotación y opresión de todxs lxs obrexs y campesinxs honradxs.

    No sé si ud. es la ciega y sorda, cuando dice que esxs que no pertenecemos a una casta superior , lxs asalariadxs y oprimidxs a lxs que ud. hace referencia como civiles, no somos lxs que podemos ser despedixs, a los que se rebajado la escasa paga, la paga cuando estamos enfermos y cuando nuestras fuerzas por la vejez nos incapacita para vivir de nuestro trabajo y no podamos ser útiles a lxs demás , cuando nos rebelamos por las condiciones impuestas ¿quienes son lxs encarceladxs y torturadxs?, mientras llenamos las calles en la protesta. ¿quienes sufrimos los abusos de la patronal? ¿quienes sufrimos los desmanes de policias y militares y burócratas?¿ quien sufre al Estado? Para ud. greder son lxs brigadas nacionales de paracaidistas.

    Como si los manifestantes de verdad, y no los cí­nicos que defienden a lxs explotadores a diario y que por un dí­a se les ilumina el poco cerebro y nos damos cuenta que existe la injusticia, y al otro dí­a se me olvida, y ejerzo el terror y la razón de Estado porque se me olvida que soy humano, y cumplo con la obligación de matar, vejar y violar, y me quejo nada más cuando nos tocan la paga extra para el jamón navideño nos damos cuenta de la indiferencia de la mayorí­a, y es cierto, imbéciles tomando cañas, la pija y maloliente sociedad burguesa,hinchada de ociosidad y bienes materiales, y los conscientes explotadores burgaleses, porque con la crisis sólo se benefician los empresarios , especuladores y caciques , no olvidemos el clero, no olvidemos esos mandamases que nos roban el tiempo, el sudor y pan de nuestrx hijxs y encima se rien de vosotros, los militares, la otra casta vil de beneficiadxs parásitxs.

    El miedo, el terror, el poder, el dinero , la autoridad, la religión opio del pueblo, solo eso…a desterrar.

    Un saludo.

  11. Jon

    Puro corporativismo.Si el gobierno hubiera anunciado una subida de sueldos para ellos y los militares (cosa que acabara pasando cuando de verdad se los necesite) no hubieran estado en esas manifestaciones.¡Que diferencia con otra mucha gente que se solidariza sin ser un afectado directo!.
    La policia y el ejercito tienen el monopolio de la violencia.La pregunta es,¿es legitimo este estado?.Un estado que no es democratico y donde gobiernan los ricos y para los ricos con el apoyo borreguil de gente mediatizada por los medios de comunicación de esos mismos ricos.Y cuando la gente deja de ser borrega y se convierten en personas con dignidad,cuando tumban a esos gobiernos y barren a la oligarquia economica que se encuentra tras ellos,pasa siempre lo mismo.Recordad Chile en 1973 con Allende.Recordad Venezuela en 2002 con Hugo Chavez.
    Ultimamente van refinando cada vez más los golpes de estado.Mirad Honduras o Paraguay con el golpe de los latifundistas feudales y señores de la soja.
    Señores,esta gente no es de fiar.La mayoria han absorvido esa ideologia reaccionaria que se respira en esas unidades policiales y militares.La revolución de esta gente es la fascista.Y el fascismo es la demagogia facil de los ricachones con la justicia social cuando el tinglado se les viene abajo y temen perder sus bienes fruto de otra revolución,esta si,autenticamente revolucionaria.
    Hoy en Intereconomia veo como ese anuncio de la cadena sobre los valores que ellos dicen defender aparece la lucha de trabajadores y empresarios por la justicia social.Hace meses se limitaban a hablar de que ellos creian que trabajadores y empresarios no eran enemigos.Una pequeña anecdota,un pequeño cambio que mucha gente no percibira pero que demuestra todo lo que estamos diciendo

  12. 1 madero 1000 lapiceros

    Los maderos no son obreros y jamás compañeros.

    Más allá que sus salarios, dietas, extras y plus, devengan de fondos públicos que pagamos los ciudadanos en diferentes acápites, los efectivos de las fuerzas policiales, no son por su naturaleza “empleados públicos” como los docentes o los trabajadores estatales, porque se estarí­a ignorando que son una fuerza represiva del Estado que garantiza la dominación social y la polí­tica de los capitalistas sobre las clases trabajadoras y desposeí­das.

    Y también más allá de su extracción social, aún cuando obrera, convertido en policí­a al servicio del Estado capitalista, y dado que la existencia determina la conciencia, es un defensor de patrones y burgueses, y por ende, nunca un obrero.

    El trabajo de un policí­a no es una actividad productiva, es un accionar represivo. Las policí­as de diferentes ámbitos se han enfrentado a trabajadores y estudiantes para custodiar tanto los intereses patronales o los estatales. La sindicalización de la policí­a no transforma ni mucho menos, su esencia represiva; más aún las demandas de esos sindicatos policiales, han tenido que ver en equipar los diferentes cuerpos con mejor armamento e instrucción en nuevas técnicas de control y represión

    Lejos de una expresión de deseos, la posibilidad eventual de un compromiso efectivo de una parte de la policí­a para no reprimir a los trabajadores e incluso rebelarse ante esa orden, sólo serí­a posible en una situación de lucha de clases aguda, es decir revolucionaria, que produzca el quiebre y descomposición del Estado y de sus instituciones coercitivas y la radicalización polí­tica y social de las grandes masas. Sólo bajo esas condiciones la clase trabajadora podrí­a establecer un acuerdo favorable a sus intereses en pos de romper la cadena de mandos, suprimiendo la disciplina vertical a la media y alta oficialidad, debilitando así­ el poder represivo del Estado burgués, sobre la base de la movilización revolucionaria, lo que presupone la autoorganización y el armamento obrero y popular, el factor de persuasión sobre las fuerzas represivas.

    El Estado ha inducido en la población el mensaje del papel de custodio de la seguridad y el orden, indispensables para el funcionamiento social; y aún cuando una gran mayorí­a de la sociedad ha asumido este mensaje intrí­nsecamente perverso, los policí­as que se suman a las manifestaciones sociales contra los recortes del gobierno del PP, contaminan y tergiversan el sentido de la suma de demandas de los diferentes sectores.

    Los médicos, enfermeros y personal sanitario, educadores, trabajadores del metro, de trenes, funcionarios administrativos, parados, trabajadores en precario, interinos, bomberos… etc., no tienen puntos en común con quiénes emplean armas y ensañamiento en las manifestaciones, con quiénes se hacen los heridos cuando la represión es salvaje y dar así­ a los medios de comunicación los titulares falaces de batallas y encontronazos; asimismo el movimiento obrero y los movimientos sociales además de la violencia permanente, soportan la infiltración de secretas y soplones.

    Produce náusea intelectual y emocional compartir la calle y no enfrente como es tradicional, natural y, por sobre todo digno. Como indigno es pensar que existen policí­as buenos. Con el desempleo creciendo a diario, se han incorporado a inicios de este mes de julio, 1.178 nuevos agentes en la Comunidad de Madrid, con el objetivo de “garantizar la paz social”… Los policí­as que acosan a los inmigrantes, los que se emplean a fondo en los desahucios, son de igual calaña de los que cargan contra los mineros, contra los parados, contra los jóvenes, contra los yayos…. Custodian el orden y la ley de los banqueros, de los parásitos sociales, de la oligarquí­a, son los esbirros de las clases dominantes.

    No sólo es deseable que acorten los salarios, pagas y dietas de los represores, ya que por reivindicativa que sea una manifestación obrera, va implí­cita en ella, el ansia y la lucha por la disolución de todas las fuerzas de seguridad, al tiempo que se defiende y se promueve las formas de autodefensa obrera y popular, enfrentando la violencia centralizada del Estado y sus bandas de matones armados.

    No se puede permanecer indiferente y tolerante que en las multitudinarias manifestaciones contra los planes devastadores de la derecha y sus secuaces, los sicarios del capital sean manifestantes comunes. No lo son, no lo han sido y no lo serán, porque son maltratadores y mamporreros, su cometido es vil, despreciable e infame, su función es sostener a los grupos dominantes, a los poderosos, mafiosos y corruptos con todos los medios a su alcance.

    La clase obrera ha sido golpeada tremendamente con la reforma laboral, el recorte de derechos y servicios, en educación, en sanidad, en investigación, en ayudas sociales, la subida de impuestos, la reducción de salarios. En las masivas respuestas se contagia y multiplica la rebeldí­a, se acrecienta la rabia, se remienda la maltrecha economí­a individual en una suerte de trueque fraternal que se acumula en las calles sin, hasta ahora, condicionamientos, ya que se ha colado en las marchas, la infame policí­a. Para evitar el envilecimiento de tamaña proximidad, es indispensable expulsarlos de la marchas obreras y populares, tenemos sobradas razones e inalterables sentimientos. Y es sin ninguna duda una cuestión innegociable de principios. No tenemos ni queremos otros principios, porque en ellos nos va la vida, toda la vida, la nuestra y la de generaciones anteriores que libraron heroicas batallas para destrozar las cadenas y todos los mecanismos embaucadores de sometimiento.

  13. Miguelo

    Partiendo de que esto es un Blog Polí­tico supongo (corregidme si me equivoco), evidentemente esta posicionado. no obstante en el mundo se ha llegado a un punto que creo que hay que cambiar de estrategia digamos.
    Hemos sido divididos para ser vencidos. Como bien reza la frase: “no somos de izquierdas ni de derechas… somos los de arriba contra los de abajo”

    El mundo ha llegado a una situación en que la conciencia de las personas gracias que esta despertando.

    Igual no os habeis informado o llevado al dí­a los sucesos.

    Si es cierto que la policia es una herramienta mas directa que cualquier otra al servicio del “orden mundial”… pero SEÑORES Y SEÑORAS!! NO NOS ENGAÑEMOS… TODOS HEMOS SIDO DISEÑADOS PARA ESTAR AL SERVICIO DEL SISTEMA… Quien lo niegue se esta engañando… La policia y ejercitos son parte nuestra y es algo innegable, son amigos, hermanos, primos , hijos nuestros o de alguien que conozcamos… Hace u año y medio mas o menos en Winsconsin EEUU, manifestantes tomaron el congreso y enviaron a la policia a desalojarlo… La policia entró y comunicó a los manifestantes que les habí­an ordenado desalojar el edificio…
    Sabéis que decí­a el comunicado? “Somos la Policlia y nos han enviado a desalojar el edificio, pero como sabemos lo que esta bien y lo que esta mal, no solo no vamos a sacar a nadie de aqui sino que vamos a pasar la noche con vosotros”

    http://www.youtube.com/watch?v=HVE_rLjxnfU

    a parte de el ejercito griego que se unió a los manifestantes y los guardianes del juramento, tambien la policia en Frankfurt que se unió a los manifestantes también. Es un hecho que no se puede negar y es muy aprovechable. Pero se ve que todos los colectivos politizados estan atrapados en las redes de la politica y en una eterna lucha de derecha contra izquierda y solo ven eso… alimentando odio entre colores.. pero eso lamentablemente solo nos perjudicará a todos. Ya no hya posturas politicas porque la gente ya no quiere politica…. La gente quiere un mundo nuevo sin esos parásitos…

  14. Concienciadx

    Realmente lxs individuxs somos creadxs y moldeadxs por el ambiente, pero el individux tiene la capacidad de modificar y moldear ese ambiente.. Dicho esto, le cuestan a mis entendederas dilucidar que un(a) representante de la autoridad uniformado(a) con porra, pistola u otro medio “legal” para asesinar, torturar, encarcelar, abusar y reprimir sea “mi amigx”, por mucha dinámica y estrategia reivindicativa y rupturista polí­tica que tenga, …es decir no comprendo que unxs mercenarixs rompan con el control y orden vigente cuando estxs son los perpetuadores del sistema de dominación estatal-capitalista. Es un hecho consumado que unxs parásitos quieran seguir viviendo como eso, aquí­ en una democracia de la europa del dios dinero o sino en un Estado totalitario fascista, o en un capitalismo de Estado..pero en todas ellas con diferentes amos y legislaciones diseñadas para explotar, oprimir y chupar la sangre al pueblo. Construyamos entre todxs a la vez una sociedad libre y solidaria..pero es necesario a la vez derribar lo que no queremos, aquello que nos encadena, esclaviza y nos está chupando la sangre y las conciencias.

    EL UNICO EJERCITO ES EL PUEBLO ARMADO.

  15. Vidal

    El Estado tiene una tendencia natural a hipertrofiarse para incrementar su control sobre la sociedad. Pero esta hipertrofia tiene la contrapartida de aumentar sus necesidades financieras y económicas para cubrir los costes que ocasiona. Cuando el tamaño del aparato estatal alcanza un determinado nivel en el que los gastos para su propio mantenimiento superan su capacidad de financiación, ya sea través de la emisión de deuda o por medio de impuestos, se hace necesario realizar recortes.

    El actual modelo de Estado de bienestar, que tiene su origen en el régimen militarista y protofascista de Otto von Bismarck, no es viable económica y financieramente en tanto en cuanto su elevado tamaño acarrea unos costes monetarios difí­ciles de mantener en el tiempo, a lo que hay que unir la dificultad añadida impuesta por la actual crisis mundial. Debido a todo esto los recortes presupuestarios efectuados por el gobierno español responden claramente a la razón de Estado para garantizar su supervivencia a largo plazo, lo que no impedirá en ningún caso que se produzca un incremento de la tensión y conflictividad social en aquellos sectores que hasta ahora se han beneficiado de diferentes servicios, prestaciones y subvenciones estatales que ahora son suprimidas. Esto es lo que en gran medida explica las más recientes protestas en las que se ha involucrado la mayor parte del funcionariado.

    Sin embargo, es necesario conservar una perspectiva global sobre el conjunto del proceso polí­tico y social al que asistimos en la actualidad, el cual no tiene ni mucho menos su origen en la gestión del actual gobierno, sino que en última instancia es la continuación y profundización de las polí­ticas de la anterior administración. Así­ pues, tras más de un año del comienzo de las protestas sociales es necesario hacer una pequeña valoración del papel que han jugado en relación al Estado y su sistema de opresión polí­tico-económico, y con ello poner en contexto la reciente incorporación de la clase funcionarial a las protestas.

    No cabe duda de que ya a finales del 2010, pero sobre todo a comienzos del 2011, el sistema comenzaba a ofrecer claras muestras de decadencia y agotamiento. La elevada corrupción y el descrédito del parlamentarismo y la clase polí­tica, unido a las dificultades económicas de desempleo, falta de acceso a la vivienda, creciente explotación laboral, etc., constituyeron el fermento de descontento preciso para desencadenar la oleada de protestas que comenzaron en la primavera del 2011. Pero a la vista de los nulos resultados prácticos, sobre todo a nivel polí­tico, que han tenido todas estas protestas y las claras muestras de que no fueron puestas en marcha de manera espontánea como los mass-media trataron de hacernos creer, se hace necesario repensar su sentido y finalidad última en relación con los movimientos que en la actualidad tienen lugar entre el funcionariado, y especialmente entre los cuerpos represivos y el ejército.

    El creciente distanciamiento entre la sociedad y las instituciones que comenzaba a percibirse a comienzos del 2011, y que daba visos de agrandar aún más la fisura entre el pueblo y el Estado, creó una oportunidad única para generar una situación favorable para desencadenar una ruptura de la sociedad con el Estado. Sin embargo, las protestas que se pusieron en marcha en mayo del 2011 han demostrado ser aprovechadas y utilizadas por la elite dominante para desarrollar su particular intervención polí­tica, y con ello abortar cualquier tipo de regeneración social que permitiera romper con el orden establecido.

    Históricamente las elites dominantes han desarrollado la habilidosa capacidad de utilizar al pueblo contra sí­ mismo para degradarlo aún más y conservar su posición de poder en el seno de la sociedad. El origen último de las protestas del 2011 es el descontento social, pero su aparente espontaneidad no es tal en la medida en que fueron organizadas y dirigidas desde la sombra por el poder a través de diversas organizaciones que canalizaron dicho descontento, y que en último término lo instrumentalizaron al servicio de los intereses estratégicos de la elite dominante. A este respecto es reseñable el oscuro origen, todaví­a no aclarado, de la organización Democracia Real Ya así­ como el papel que ha desempeñado a lo largo del último año como caja de resonancia mediática de los principales ideólogos del sistema.

    En mayo de 2011 tuvo lugar un fenómeno social inédito en la historia reciente del Estado español, pues por primera vez en mucho tiempo parecí­a darse una clara oportunidad para la formación de un movimiento regenerador de la sociedad. Prueba de todo esto fue la autoorganización asamblearia, la aparición de grupos de trabajo y comisiones, la recuperación del espacio público y la reorganización de las relaciones sociales sobre una base horizontal e igualitaria que sirvió para rescatar la sociabilidad de las personas y la superación de su individualismo. Sin embargo, el potencial regenerador, y por tanto revolucionario en tanto que rupturista con las instituciones del orden establecido y su cuadro general de disvalores, de este movimiento fue abortado mediante una habilidosa maniobra polí­tica de la elite dirigente, de forma que lo ha convertido en un movimiento que ha impedido cualquier tipo de alternativa real y efectiva al sistema establecido al ahogar a sus integrantes en una dinámica reivindicativa y reformista completamente autodestructiva.

    El autogobierno popular a través de la autoorganización asamblearia constituyó, a pesar de todos los defectos iniciales de la experiencia, la completa impugnación del Estado como organización polí­tica de la sociedad pero también de su sistema de dictadura parlamentarista. Todo esto hubiera servido, de haberse desarrollado de manera exitosa, para generar una serie de fuerzas y lí­neas de acción que podrí­an haber conllevado unos cambios cualitativos, en tanto que regeneradores, que no hubieran tardado en desencadenar una ruptura del pueblo con el Estado. Durante este último año hemos asistido al aborto de la gestación en el seno de la sociedad de una conciencia polí­tica, colectiva y, en definitiva, revolucionaria que sirviera de base para la creación de unas nuevas condiciones subjetivas en la población que hicieran posible la construcción de un proyecto completamente rupturista, y por tanto revolucionario, con el orden vigente. Este aborto ha sido llevado a cabo con suma inteligencia mediante una sofisticada intervención polí­tica de las elites dirigentes a través de los diferentes agentes estatales y paraestatales de servicio que se encuentran en la izquierda, lo que ha servido para reconducir las protestas a través de los cauces impuestos por el sistema establecido y sus instituciones, y con ello dirigirlas hacia una dinámica reformista y reivindicativa en la que únicamente se persigue la satisfacción de intereses particulares y, por tanto, la consecución de ventajas parciales e inmediatas con las que se renuncia a efectuar cambios generales y sustantivos en el orden establecido. De esta forma el sistema permanece intacto en tanto en cuanto no es cuestionado ni es llevada a cabo ninguna acción destinada a su definitiva subversión.

    El Estado de bienestar y su sociedad de consumo han contribuido enormemente a crear individuos dóciles, sumisos, hedonistas, abotargados, mental y espiritualmente decrépitos e incapaces de pensar por sí­ mismos. Esto ha facilitado la labor de las elites dominantes para crear una inusitada dependencia de la sociedad con el Estado. Sin embargo, la hipertrofia del Estado, unido al contexto económico y financiero mundial, ha obligado a efectuar importantes recortes y ajustes que han dejado en la cuneta a importantes sectores de la población que se beneficiaban del Estado, de entre los que comienzan a destacar los funcionarios, quienes recientemente se han unido a las protestas sociales. Las protestas derivadas de los susodichos recortes sólo son motivadas por el interés particular de los afectados, lo que muy especialmente en el caso de los funcionarios demuestran un claro corporativismo.

    Debido a este cúmulo de medidas impopulares emprendidas por el Estado, unido a la corrupción generalizada de la clase polí­tica y al alejamiento de las instituciones, el descontento social puede ser un elemento desestabilizador del sistema que ponga fin a su legitimidad, y con ello la completa ruptura entre el pueblo y el Estado. Para impedir esta ruptura las elites dominantes históricamente han desarrollado diferentes formas de intervención polí­tica con las que han generado procesos de reforma para crear una nueva legitimidad, y dar lugar así­ a una nueva alianza con el pueblo. En este contexto se sitúan los ataques a la monarquí­a, el republicanismo latente en la sociedad como corriente polí­tica y de opinión y las protestas de los funcionarios.

    El actual sistema de dominación parlamentarista tiene la necesidad acuciante de renovarse en la medida en que cada vez es más patente el distanciamiento entre la sociedad y sus instituciones y estructuras de poder. Resulta del todo significativo que en este contexto en el que han sido numerosos y muy notorios los casos de corrupción polí­tica haya salido a la palestra la monarquí­a, la cual también se ha visto salpicada directamente por la corrupción rampante que impera a nivel institucional. Los escándalos en torno al caso Nóos, las escapadas furtivas del monarca, la corrupción en torno a la familia de la mujer del sucesor al trono, etc., han trascendido en los grandes medios y no por casualidad. Los trapos sucios de la monarquí­a, al menos lo que a corrupción se refiere, han contribuido de manera considerable a deteriorar su imagen en la sociedad, lo que en ningún caso puede considerarse algo fortuito sino fruto de una estrategia bien elaborada desde los vértices del poder establecido. Asimismo, el cuestionamiento de las instituciones parlamentaristas, pero también del propio sistema en tanto que no-democrático, han contribuido a un creciente descrédito hacia el orden polí­tico establecido y sus correspondientes representantes, lo que ha incentivado, unido al desprestigio de la monarquí­a, el resurgimiento y extensión del republicanismo en la sociedad como corriente polí­tica y de opinión.

    En cuanto al papel de los funcionarios en el contexto general de protestas sociales hay que señalar el tratamiento informativo que ha recibido de los medios de comunicación, ya que han contribuido a generar simpatí­as entre la población unas protestas reivindicativas que únicamente atienden a los intereses particulares y corporativistas de los afectados, y que ahora, tras más de un año de oleada de protestas, revisten con una edulcorada retórica con la que tratan de embellecer sus demandas corporativas para conectarlas con el contexto de descontento general. Respecto a esto último los mass-media se han encargado de elogiar y magnificar las protestas de los funcionarios, pero especialmente desde el momento en el que los cuerpos represivos se sumaron a estas. Por otro lado también hay que apuntar el trato que los funcionarios han recibido de las propias autoridades en tanto en cuanto han contado con su condescendencia, hasta el punto de que han sido llevados en palmitas durante sus movilizaciones lo que ya denota el trato privilegiado que reciben del propio poder. Por el contrario, si los protagonistas de estas protestas hubieran sido otros lo más probable es que hubieran sido brutalmente reprimidos desde el primer momento.

    Pero aún más inquietante es comprobar que los militares también se han manifestado en contra de los recortes aplicados, que son mí­nimos en defensa si los comparamos con otros ministerios, y han expresado públicamente su malestar en relación a la polí­tica oficial al mismo tiempo que han secundado las protestas contra esos mismos recortes. Lo preocupante no sólo es el hecho de que unos individuos armados den opiniones polí­ticas, sino el tratamiento mediático que han recibido, en clara connivencia con algunos sectores de ciertos movimientos sociales, al presentarlos como aliados del pueblo en contra del gobierno. Este tipo de maniobras polí­ticas y de manipulación mediática pueden tener, como casi seguro que así­ sea, un largo alcance estratégico con una finalidad muy clara: crear una nueva legitimidad con la que restablecer una alianza entre el pueblo y el Estado, y al mismo tiempo conseguir la identificación del primero con el segundo. En este sentido resulta muy funcional presentar a los cuerpos represivos y al ejército como aliados del pueblo contra unas medidas impopulares, lo que sirve para granjear la simpatí­a de una parte de la población hacia estas organizaciones y conseguir su identificación con el Estado.

    Después de más de un año de protestas sociales y de creciente represión en el contexto de una crisis social y económica sin precedentes, la policí­a y el ejército son presentados como aliados del pueblo y hasta como sus benefactores, junto a toda la clase funcionarial, para frenar unas polí­ticas impopulares que atentan contra los intereses de la mayorí­a. Sin embargo, detrás de todo ello no sólo están los coyunturales intereses corporativistas de los individuos pertenecientes a estas organizaciones, sino sobre todo una maniobra de largo alcance que, para crear una nueva legitimidad y alianza entre el pueblo y el Estado, persigue de manera premeditada provocar una crisis polí­tica con la que plantear la necesidad de una reforma del sistema para darle continuidad en el futuro. La función de las protestas que comenzaron hace poco más de un año no serí­a otra que la de preparar las condiciones sociales de conflictividad dirigida y controlada por un lado, y la manipulación ideológica y moral por otro, para facilitar de este modo la precipitación de una crisis polí­tica inevitable que de otra manera hubiera escapado al control de las elites dominantes. Unido a todo esto se encuentran las crí­ticas y ataques a la monarquí­a desde casi todos los sectores del arco polí­tico, a lo que hay que unir un republicanismo que en cuanto la actual crisis social y económica se convierta en polí­tica saldrá a la palestra y será planteado como la solución de todos los problemas.

    En estas circunstancias los movimientos sociales, teledirigidos desde la cúspide del poder, han servido para mantener la discusión polí­tica en el terreno ideológico del sistema, y de esta manera orientarla hacia cuestiones no esenciales y del todo secundarias al obviar los problemas fundamentales de tipo polí­tico que constituyen el trasfondo de la crisis en curso, lo que llevarí­a tarde o temprano a un cuestionamiento radical del sistema estatal-capitalista. Así­, dada la desorientación general de la población, determinadas organizaciones que nuclean movimientos sociales como el 15M y que ocupan una posición destacada en el seno de estos, han servido para impregnar a la opinión pública con ideas prefabricadas que, al menos en la mayor parte de los casos, son un producto de los principales ideólogos a sueldo del sistema y que sirven para preparar el contexto para una reforma y lavado de cara del régimen. Este es el caso de todos esos profesores a sueldo del Estado como Vicení§ Navarro o Juan Torres, pero también el de los mercenarios ideológicos como los José Luis Sanpedro o los Alberto Garzón que se encargan de decirle a la gente lo que tienen que pensar. Estos individuos, junto a aquellas organizaciones que vertebran los actuales movimientos sociales, constituyen una caja de resonancia mediática creada por el propio poder para orientar y dirigir a la opinión pública hacia posiciones reformistas, controlar cualquier posible oposición y con ello impedir acciones que tengan como finalidad la subversión del sistema establecido.

    Los callejones sin salida habilitados por el sistema a través de los movimientos sociales hoy en liza forman parte de una estrategia para su propia reforma y autorenovación en la que han convergido las protestas del funcionariado. En lo que a esto respecta el debate acerca de un proceso constituyente para el establecimiento de una tercera república resulta muy funcional para la reforma general del sistema. Para que este debate tenga lugar será necesario que la elite dirigente, con especial habilidad e inteligencia, genere un escenario adecuado de creciente impopularidad del régimen a todos los niveles que precipite una crisis polí­tica, lo que permitirá desarrollar todo un teatro con el que presentar al ejército y a las fuerzas de represión como los redentores de la sociedad frente a una clase polí­tica corrupta, unas instituciones decrépitas e incapaces, y una monarquí­a viciosa y podrida. La implementación de una operación de ingenierí­a polí­tica de tal envergadura facilitará la apertura del debate sobre la conveniencia de dar comienzo a un proceso constituyente que traiga la tercera república como solución a todos estos males. Todo esto será aderezado por medio de la manipulación mediática con la que crear en torno al proyecto republicano un sinfí­n de nuevas expectativas en la sociedad para, así­, generar una nueva legitimidad que reconstruya la alianza entre el pueblo y el Estado.

    La insoslayable contradicción entre opresor y oprimido ha sido históricamente fuente de inestabilidad, lo que desde el poder ha tratado de resolverse mediante sucesivas reformas del orden establecido para conseguir la identificación del oprimido con su opresor. Esto, como decimos, se resume en una nueva legitimidad en la que el pueblo se identifica con el Estado[1] y renuncia a cualquier ví­a rupturista con el sistema estatal-capitalista, lo que en el caso concreto del Estado español se reduce a una identificación de la sociedad con el aparato coercitivo encarnado por sus represores.

    Frente a una coyuntura así­ las fuerzas realmente rupturistas y revolucionarias tienen ante sí­ la tarea de sabotear ese proceso constituyente republicano, lo cual únicamente puede hacerse mediante la apuesta polí­tica por un modelo de autogobierno a través de asambleas populares en contraposición al parlamentarismo. Pero nada de esto es posible si previamente no se dan los pasos necesarios para crear la conciencia polí­tica necesaria para que una parte importante de la sociedad reconozca como necesario ese modelo, y con ello se comiencen a trabar aquellas transformaciones que a nivel cualitativo deben operar en el sujeto para la superación del actual cuadro general de disvalores impuesto por el sistema estatal-capitalista, que es lo que a fin de cuentas lo capacitará para tomar posesión de su propia vida y futuro de manera colectiva a través del autogobierno de las asambleas populares. De esta forma podrá evitarse que los conflictos sociales sean canalizados por el sistema a través de su laberinto institucional para su neutralización y sometimiento a la lógica del par Estado-Capital.

    Por último, y para poder desarrollar un contrapoder real frente al poder constituido, es completamente necesario romper con la espiral reivindicativa en la que están inmersos amplios sectores populares, para lo que es preciso crear la correspondiente conciencia polí­tica y colectiva necesaria para plantear la problemática social actual en unos nuevos términos. Todo esto se traduce en comenzar a prescindir del Estado en todo aquello en lo que nos ha hecho dependientes de él, y desarrollar alternativas autogestionadas en lo económico, social y cultural sobre la base de la cooperación, que es lo que permitirá establecer un amplio tejido social de ayuda mutua y solidaridad que hoy no existe. La transformación radical de la estructura de relaciones sociales sólo puede efectuarse si la propia sociedad, o una parte de ella, asume la responsabilidad de desarrollar aquellas tareas y servicios necesarios que el Estado ya no proveerá. De esta forma es posible caminar hacia la autonomí­a y la autosuficiencia frente a un Estado que se ve obligado a desprenderse de funciones que hasta ahora habí­a desempeñado, y que nos conduce aceleradamente hacia cotas aún mayores de opresión. Todo esto demuestra que hoy más que nunca es necesario un proyecto revolucionario que rompa con el actual orden estatal-capitalista que conduzca a la sociedad hacia su definitiva emancipación.

    [1] Uno de los tantos ejemplos de intervención polí­tica de las elites para conseguir este objetivo fue el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, justo en un contexto social de importante inestabilidad y escalada de la violencia a todos los niveles, lo que sirvió para conseguir construir una nueva legitimidad al presentar al monarca, jefe supremo del ejército, como redentor de la sociedad y paladí­n de la democracia frente a unos militares involucionistas. Así­ fue como desde el poder se consiguió que la sociedad se identificara con el jefe del Estado, que por la posición que ocupa es sin lugar a dudas el máximo representante de los opresores, y consecuentemente con el sistema de dictadura parlamentarista.

  16. No me lo puedo creer

    De toda la puta vida: LOS MADEROS NO SON OBREROS.

  17. para el policí­a

    El problema es que el concepto de unidad que teneis los policí­as es distinto al que tenemos el resto.

    Después de todo lo que se ha visto este último año, ha quedado bastante claro que el único motivo que puede tener un policí­a para serlo es por dinero, (aunque soy de los que creen que algunos también por puro sadismo y resentimientos personales).

    Comprende que la gente como poco desconfí­e de vosotros.

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