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Mi amigo Barredo, con ocasión de alguna noticia luctuosa sobre el medio ambiente y en referencia a mis hijos, me dijo que la próxima revolución en el mundo sería por la supervivencia. En principio me aterró la idea…Un texto del escritor burgalés Rubén de la Peña .

(…) Ese concepto de la revolución que tenemos los mediterráneos suele vincularse a violencia, muertes y purgas. Pero luego pensé que, quizás, no debería ser así

Hoy, estamos en el vigésimo primer día de confinamiento debido a la pandemia del Covid 19 y veo que no estamos aprendiendo nada. Seguimos asustados frente al televisor, atentos a la progresión en las cifras de muertos e infectados. Aterrorizados por lo que, económicamente, va a suponer este parón. Y he de decir que, al igual que a los grandes “lobbies”, a mí también me da la sensación de que se está desaprovechando esta reclusión. No por el aspecto bursátil o económico, sino porque la sociedad no está tomando conciencia de cómo están pasando las cosas y qué lectura se puede extraer de todo ello. La primera lección que, entiendo, tenemos que poner en valor es la importancia de lo público. Como elemento de cohesión de la sociedad. Como fórmula para defendernos socialmente.

Desde hace años se nos está inoculando las bondades de lo privado para resolver las necesidades de la sociedad. Ahora queda demostrado que lo que verdaderamente mantiene una sociedad frente al abismo es lo público. Que la mayoría de las personas que prestan sus servicios en la administración mantiene la actitud de servicio hacia los demás. Hasta el sacrificio, voluntario, deontológicamente.

Segundo, estamos asistiendo al primer experimento (involuntariamente tanto por los ciudadanos como por el capitalismo) en el que el acceso a los bienes no se hace a través del trabajo. El trabajo, durante estos días de confinamiento, ha dejado de ser la excusa para proveer a la ciudadanía de bienes elementales o de entretenimiento. Si bien es cierto que se sigue trabajando pero sólo en los sectores primarios, de abastecimiento. A la par que la oferta cultural sigue funcionando (de manera muy distinta que hasta la fecha). ¿Qué es lo que ha desaparecido, entonces? Pues que todas esas loas que el capitalismo nos viene ofreciendo como identidad y falsa necesidad de nuestra sociedad: el coche, los viajes, el consumo de lo superfluo… se ven innecesarias durante quince, veinte, treinta o cuarenta días. Y la gente se está esforzando por encontrar, para sí mismo o para ofrecer al prójimo, un entretenimiento. Una identidad a su ocio con medios y conceptos lúdicos que durante estos días han desaparecido.

Tercero, hemos dejado de destrozar el planeta y la sociedad en nuestro afán en búsqueda de lo innecesario, lo exótico y lo alienante. Durante estos días hemos dejado de ver la vida como una competición por ver quien conseguía la mansión más grande, quien hacía turismo al lugar más inaccesible, o quien lograba la proeza más alienante.

Estos tres aspectos son los que, de manera más inmediata, se pueden extraer de estos días de confinamiento. Ahora, si os parece bien, podemos entrar en un análisis un poco más profundo, aunque breve, de lo que socialmente podía convertirse nuestro futuro de una manera optimista y transformadora.

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Un Comentario para “La revolución por la supervivencia”

  1. Benito

    De gran interés Rubén tu cuadernillo.
    Gracias por tu tiempo, por tu interés que es el mío, reflexionar y actuar ante este presente tan afectado en todos los sentidos.
    Si puedo decirte algo, para mi, la fecha de inicio y final del cuadernillo completa con ello el documento.

    Bj.

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