Publicado por DV & archivado en Humor, Relato.

Hace algún tiempo explicaba a mis lectores cómo la alargada sombra de mi abuelo había conseguido cerrar el blog en el que expresa mis desvelos de eterna segundona al trono de España. Ahora, desde mis reales aposentos, me cuesta trabajo reprimir el regocijo ante las desgracias que se abaten sobre la Corona. ¿No lo adivinan? Si, me llamo Sofía de Borbón y Ortiz, y no se lo digan a nadie, soy la responsable del inicio del fin de la monarquía.

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“La mayoría de las personas cree que todos los niños ricos son felices, pero mi vida ha sido desgraciada desde el mismo momento en que nací. A pesar de pertenecer a la realeza española, sufro un mal mundano. Tengo una hermana mayor y ella es más guapa, más simpática, más lista y más querida por todos. Sin contar con que es mi único obstáculo para que pueda ser Reina de España. Sí, me llamo Sofía de Borbón y Ortiz y odio a mi hermana”.  Pero no solo la odio a ella, no soportó a quienes a base de caricias y arrumacos la han convertido en el ojito derecho de la opinión pública. Si supiera toda esa gente que se le cae la baba ante la carita angelical de mi hermana lo que tengo que sufrir.  Pero eso se ha acabado, ahora todos ellos están saboreando el néctar amargo de mi terrible venganza.

Ni siquiera me dejaron continuar con el diario íntimo en el que se exponía mis penas, no dejaron que desahogara el llanto a una niña que siempre fue segundona en todo, en los besos y caricias de papá, en los mimos y besos de buenas noches de mamá, y, claro, también en la sucesión al trono. Para ella todo, para mi nada. Bueno,  casi me olvido de  los cuentos que cada noche me lee Jaime de Peñafiel, a quien en casa siempre llaman el paniaguado del abuelo. Su empeño en que aprenda francés y su pronunciación macarrónica hacen que mi imaginación infantil se avive con las llamas de la Bastilla incendiada,  y el silbido eléctrico, oh la la lá, de la guillotina.

¿Qué les hubiera costado dejar que publicara mis penas? ¿No puede ni tan siquiera una niña airear sus amarguras?

En su día les comenté a todos ustedes que estaría dispuesta a llegar donde fuese necesario. Me aliaría con los carlistas, esa rama colateral de la familia que siempre se menciona entre susurros en casa. Estaba dispuesta a capitanear un golpe de Estado o incluso me atrevería a instaurar la República, todo con tal de que mi hermana no llegue al trono y poder vengarme de mi familia.  Pero parece ser que ni carlistas, ni militares golpistas, ni siquiera los  republicanos, que cada vez que se los menciona el abuelo se santigua, son lo que eran…al fin y al cabo, mi abuelo siempre dice que, llegado el caso, llamemos a  un tal Santiago Carrillo.

Juré y perjuré que incluso sería capaz de aliarme con estos anarquistas trasnochados que gestionan el blog desde donde les escribo. Pero, a pesar de su fascinación por los que han querido irrumpir a base de bombazo en la línea de sucesión a la corona, ni por esas ha dado resultado. Uno me comentó que de las únicas bombas que quería oír hablar eran las de chocolate y encima tuvo el descaro de pedirme un cigarrillo, y hasta juraría que tonteaba conmigo, habrase visto…Otro de ellos excusaba su desgana argumentando que desde que le mordió un perro policía (de cuatro patas) teme que las noches de luna llena se convierta en un confidente al servicio del Estado. Aunque a renglón seguido me desveló que lo que más pena le daba era que el pobre animal ahora estaría aullando estrofas de A las barricadas, profiriendo discursos ininteligibles para los otros perros  y que tarde o temprano moriría de rabia (social).

Está visto que estos anarcos, a pesar de su aspecto hosco y desgreñado, ni de lejos recordaban a aquellos otros de la bomba orsini. Pero no iba a descansar hasta ver mi venganza consumada, urgía cambiar de estrategia y poner en marcha un plan en el que desde dentro de la propia monarquía poner patas arriba la institución que instauró ese señor bajito al que tanto se venera en casa.

Como disfrutaría tejiendo mi tela de araña, incubaría con deleite los huevos podridos que eclosionarían en el seño de la Familia Real y despejarían mi camino hacia el trono. Me convertiría en un virus troyano que una vez dentro, hackearía a la mismísima monarquía. Eso de los troyanos y los hackers he de reconocer que se lo oí una vez a uno en Burgos, que hablaba mucho y muy bien, pero que no era ni de izquierdas, ni de derechas, ni de centro y ni mucho menos de Gamonal, porque según tenía entendido allí eran muy violentos…

¿Quién si ni yo hubiera sido capaz de poner en manos de la fiscalía la pruebas que inculpan a mi tío Urdangarín? Aquello solo fue el inicio de mi plan maquiavélico, y además no me costó gran esfuerzo. Pobrecito, desde que dio el braguetazo real se pensaba inmune a todo, y así lo fue durante mucho tiempo, el nuestro es un reino en el que se ha impuesto la omertá respecto a los líos en los que anda metida mi familia. Pero todo eso se ha acabado, no contaban con la ira de una niña despechada.

Y que me dicen del accidente de mi primo Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, estaba claro que un niño repelente y mal criado tenía que probar un poco de su propia medicina. Recuerden las patadas que le dio este angelito a una de nuestras primas en la boda de mis papas, yo aún no había nacido pero desde el mismo momento en el que fui engendrada sabía que aquel niñato me las pagaría.  ¡Qué fácil fue darle el cambiazo a mi tío Marichalar y poner en sus manos la escopeta que previamente había manipulado!. Aunque no lo crean, tuve que tener también cuidado, como yo, mi primito es Borbón, y ya sabe que los hombres de nuestra familia son de gatillo fácil, y si no que se lo digan a mi abuelo o a su hermano.

¿Y qué me dicen de lo del safari de caza en Bostwana? Sólo a mi retorcida mente infantil se le podía haber ocurrido que mi abuelo tuviera un accidente justo el día del aniversario de la II República. Yo lo dejé todo preparado, esta vez  no podrían salir del paso diciendo que el abuelo se había tropezado con una puerta, gafas de sol estilo superhéroe de cómic y todo arreglado.Mis papis presas del pánico llamaron al tal Santiago Carrillo y les dijo que, a pesar de su honda y leal servidumbre por mi familia, ni siquiera él estaba dispuesto a jugarse el cuello por la monarquía pues para cuellos ya estaban los del Jarama…

Una dulce sonrisa se ha dibujado mi cara al comprobar como todo el reino ha aplaudido con cerrada ovación mi ocurrencia trasladando en seguida el pésame, a la familia del elefante.   Pero es solo el principio, esta Corte de los Milagros del siglo XXI dará todavía mucho de qué hablar, no les quepa la menor duda. Yo solo quería un poco de cariño, y nisiquera me dejaron contar mis penas en un blog. Ahora os chincháis.

Sofía de Borbón y Ortiz

7 Comentarios para “Los elefantes y el rey. Un cuento sobre el principio del fin de la monarquía”

  1. pepe

    Yo estoy a favor de la labor social de la monarquía, solamente cuando colabora con los comedores sociales donando carne de elefante y oso, macerada en alcohol

  2. KomeMierda

    Estupendo artículo Sofia, ya has demostrado tener más inteligencia y sentido común que toda tu familia junta.
    Tu abuelo ha pedido disculpas, y dice que no volverá a ocurrir, aunque no ha dejado claro que no volverá a ocurrir; que nos enteremos de sus viajes, o que no volverá a romperse la cadera.
    http://www.rtve.es/noticias/20120418/rey-pide-perdon-su-viaje-siento-mucho-he-equivocado-no-volvera-ocurrir/516970.shtml

    Personalmente creo que al igual que tus abuelos, tus padres tendrán más hijos hasta que salga un niño, con lo que las esperanzas de reinar de Leonor serán como las de tu tía Elena.
    Creo que los abogados de los elefantes piden como trofeo la cadera de tu abuelo para hacerse unas fotos.

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