Publicado por DV & archivado en Internacional, Lucha, Pensamiento, Textos.

Hemos sido hijas de esta nueva etapa histórica para los pueblos en lucha, que inicia con el quiebre de la polí­tica tradicional imperialista en medio oriente y el insostenible programa económico de austeridad en lo que se ha denominado “occidente”. Respectivamente, la primavera árabe y los movimientos de indignadxs figuraron en las primeras planas de los grandes medios de comunicaciones, que con grandes matices, ilustran una nueva era para los movimientos sociales que retoman las históricas banderas de antiimperialismo, anticapitalismo y libertad completa para quienes tienen que sufrir dictaduras militares, civiles y comerciales.

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El área estratégica donde decantó gran parte de esta dinámica fue Siria, paí­s gobernado por la “dinastí­a” pseudo-democrática de la familia Al-Asad, que bajo un programa populista pretendí­a servir como última trinchera de lucha del viejo y ya oxidado nacionalismo socialista en Medio Oriente ante la caí­da de las iniciativas musulmanes en Egipto, Gadafi en Libia y la avanzada con cada vez más fuerza de partidos yihadistas y pro-imperialistas en Yemen, Israel, Turquí­a, Marruecos, Túnez y más recientemente con la formación del Estado Islámico. La vieja estrategia de Estados Unidos, con sus paí­ses y tratados satélite (OTAN, por ejemplo), de utilizar el ya conocido intervencionismo de manera directa (desembarco de tropas o bombardeos aéreos y navales) o indirecta (prestación de servicios de inteligencia o ayuda militar logí­stica), para expandir sus arcas por medio de la expropiación por despojo y la apertura de nuevos mercados a través del colonialismo, ha triunfado en gran parte de los paí­ses mencionados, pero ha fallado en Siria, donde se encontró con una gran fuerza que le planteó una guerra civil abierta, cuyo desarrollo se puede explicar en dos bandos diametralmente diferentes: por un lado, Al-Asad ha podido mantener gobernabilidad en gran parte del paí­s con el apoyo diplomático de paí­ses como Rusia y China y una estricta polí­tica represiva, antidemocrática y que viola la privacidad de los sirios, pero más interesante para nuestro proyecto revolucionario es la resistencia armada que se ha tejido en Rojava, región nor-oriental de Siria que se ha organizado bajo una forma polí­tica que reniega del papel del Estado como ente regularizador y totalizador de la sociedad.

Rojava es la parte este de Kurdistán (de ahí­ su nombre, pues en traducción al español significa “occidente”), región geográfica donde históricamente ha habitado el pueblo Kurdo y que se extiende por otros tres paí­ses: Irak, Irán y Turquí­a. El pueblo Kurdo, a lo largo de las décadas, ha establecido su propia lucha al fragor de genocidios en su contra, insurrecciones fallidas e incluso un intento torpedeado por Francia e Inglaterra de la creación de un Estado Kurdo en 1923. En los años 70, y producto de la preocupación de jóvenes y estudiantes kurdos que desde universidades y barrios de las principales ciudades de Turquí­a se enteraban de los crí­menes contra su pueblo, nace el Partido de los Trabajadores de Kurdistán, inspirados por el estalinismo, el leninismo y el maoí­smo. Desde entonces, los militantes kurdos comenzaron una guerra popular por las urbes turcas, pero especialmente, en las montañas sur-orientales, dentro de lo que serí­a el Kurdistán Turco. Enfrascados en una contienda sangrienta, el Estado Turco empezó una estrategia de militarización y contrainsurgencia apoyada por paí­ses europeos y Estados Unidos, que llevó a la captura de su principal lí­der, Abdullah “Apo” í–calan, a finales de los años 90.

A partir de esta captura y de una profunda revisión autocrí­tica dentro de las bases y la dirección del PKK, nuevos elementos teóricos y polí­ticos empezaron a incorporándose, dejando atrás la perspectiva autoritaria y militarista de la lucha social. Textos de Inmanuel Wallerstein, Murray Bookchin, Rosa Luxemburgo y mucho más anarquistas, socialistas libertarios y marxistas heterodoxos, empezaron a circular por la prisión hecha única y especialmente para í–calan, así­ como en las bases urbanas y sobre todo, en las montañas de Kurdistán. Fruto de años de estudio, surgen dos decisiones estratégicas: militarmente, se renuncia a la táctica de la ofensiva terrorista como forma de presión (estallido de carros bomba, atentados en las grandes ciudades y asesinato selectivo de miembros del Estado Turco), restringiéndose el uso de las armas a la mera labor de autodefensa, iniciando un proceso de paz aun vigente (similar caso al del EZLN en Chiapas, México); y por otro lado, nace el confederalismo democrático, como propuesta polí­tica de sí­ntesis que reuniera los aportes de pensadores y militantes que se han preocupado especialmente por la democracia directa y la autonomí­a, en el contexto concreto para el pueblo Kurdo.

La cercaní­a entre las kurdas de Turquí­a como de Siria empezó a permitir el transito del confederalismo democrático hacia Rojava. Desde mediados de la década anterior varios partidos polí­ticos kurdos presentes en Siria, que habí­an sido aliados de Al-Asad o se encontraban aun dentro de la lógica de la lucha por la toma del poder, empezaron a asimilar la apuesta por la autonomí­a del pueblo Kurdo, organizándose de manera confederal y no en el paradigma estatal. En 2004, luego de enfrentamientos entre el pueblo Kurdo y tropas sirias, se forman las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en lengua kurda), expresión de autodefensa del pueblo kurdo e impulsadas por el Partido de la Unión Democrática, fuerza confederalista democrática en Rojava. Manteniendo criticas al gobierno de Al-Asad, la primavera árabe y el inicio de la guerra civil siria llevó a las YPG a no permitir el ingreso de tropas de un bando u otro por territorios Kurdos, viéndose atacados en oportunidades por uno u otro ejército. Ello llevó a que Kobane, la principal ciudad en Rojava en la frontera con Turquí­a y que hasta entonces tenia menos distancias en lo táctico con el ejército del Al-Asad, declarara y ejerciera su autonomí­a el 19 de Julio de 2012, luego de ser expulsadas las fuerzas gubernamentales que querí­an llevar al pueblo kurdo a apoyar al régimen oficialista.

Comienza entonces una revolución social que toca varias esferas del pueblo kurdo, que van desde una visión ecologista sobre el medio ambiente y la economí­a, hasta una extenuante preocupación por la participación de la Mujer en los asuntos que históricamente se le han negado, naciendo el Consejo de la Mujer del Congreso Democrático de la Sociedad y las Unidades Femeninas de Protección (YPJ). A partir del 2013, el pueblo kurdo afronta a un nuevo enemigo: el Estado Islámico (EI), organización yihadista hija de las polí­ticas contra-insurgentes y golpistas de Estados Unidos creadas a través de la CIA, que dieron vida también a los Talibanes en Afganistán y Al-Qaeda en Oriente Próximo. El EI comenzó un sitio de Kobane, donde masacró a grandes capas de la población, decapitó milicianos e infundió terror en el pueblo kurdo, con la complicidad operativa del Estado Turco. Tras varios meses encerrados por el sur contra el EI y por el norte por Turquí­a, que disparaba a quienes se refugiaban en sus fronteras de la barbarie yihadista o a quienes se disponí­an a solidarizarse con sus hermanas, el sitio terminó con la victoria absoluta de las kurdas, a pesar de la casi totalidad destrucción de Kobane.

David Graeber, conocido anarquista y antropólogo estadounidense, sentenciaba tras su visita en Enero del presente año a Rojava, que pareciera que la izquierda en el mundo tuviera los ojos cerrados ante la situación kurda, de manera similar, como pasó en la Revolución Española, donde el ala más revolucionaria no consiguió más apoyo que las brigadas internacionales de voluntarias. Frente a Rojava, las revolucionarias hemos brillado por nuestra ausencia, a pesar de los casos contados de internacionalistas apoyando la lucha kurda. En este contexto, en Colombia no ha habido una extensión de lo que pasa realmente en Rojava a excepción de iniciativas puntuales que no han recogido a las fuerzas que combatimos por la autonomí­a, la libertad y la revolución social.

Así­ pues, desde el NCL hacemos un llamado de unidad a todas las organizaciones revolucionarias y libertarias que a partir de su praxis han luchado por la auto-organización de las oprimidas y la completa autonomí­a y autogestión de los territorios por fuera del Estado. En particular, la demanda inmediata es de solidaridad polí­tica, especialmente frente a los últimos atentados en Turquí­a contra jóvenes revolucionarias y la represión generalizada en dicho paí­s contra la izquierda y el pueblo kurdo, que se ha saldado con cerca de medio centenar de compañeras asesinadas. Hoy más que nunca se hace necesario denunciar el régimen de terror de Turquí­a, quien tiene la complicidad comercial del gobierno de Santos, quien ha enfatizado a través de visitas diplomáticas el apoyo del Estado narco-paramilitar colombiano al genocida presidente turco de Endorgan.

¡Viva la Lucha Kurda! ¡Biji Rojava!, ¡Rojava vive!

 

Fuente: alasbarricadas.org

 

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