Publicado por DV & archivado en Antipatriarcado, Feminismos, Opinión.

El caso de la Manada ya se ha resuelto, judicialmente hablando. Finalmente, las barbaridades que cometieron estos individuos han obtenido 15 años de prisión para cada uno. Se reconoce que no fue abuso sino violación. La alegrí­a inicial se entremezcla con contradicciones más profundas. ¿Ya hemos resuelto el problema de las violaciones?

Sabemos que son unos dí­as donde hay mucho debate en las redes y en las calles sobre la sentencia de este juicio y la sensibilidad está a flor de piel; por ello, queremos aportar una pequeña reflexión partiendo de la autocrí­tica y de la necesidad de incluir esta mirada anticarcelaria a todos los temas- antifascismo, corrupción, etc.- no solo donde la lucha feminista está más presente.

Sin duda, la violación grupal de los Sanfermines de 2016 forma parte ya de la memoria colectiva de nuestra sociedad actual; como el caso de las chicas de Alcasser- 1992- o el asesinato de Ana Orantes -1997-, la “Manada” será comentado por generaciones venideras como el inicio de la concienciación pública sobre las violencias sexuales que padecemos las mujeres.

Si de algo ha servido el sufrimiento de esta chica es para visibilizar que este juicio tan mediático es la punta del iceberg de una violencia estructural machista que nos ataca en todos los ámbitos de la existencia y que difí­cilmente se va a solucionar a base de encarcelamientos y de medidas punitivas. Esto no significa que no sea necesario dar una respuesta a estos machirulos que se creen que nuestros cuerpos están para sus deseos y fantasí­as sexuales, pero me temo que necesitamos explorar otros caminos más allá de las prisiones para acabar con el sistema patriarcal que nos maltrata constantemente.

Así­ como durante estos tres años que ha durado el juicio, han sido numerosas las reflexiones y argumentaciones volcadas desde los movimientos feministas, ahora necesitamos seguir preguntándonos cómo construir respuestas ante las violencias machistas desde una posición antipunitivistas que contribuyan a generar espacios de libertad, no de muros donde aislar las conductas problemáticas, quedando las causas que las generan fuera.

No podemos olvidar que las estadí­sticas hablan de 3 violaciones diarias  con lo que un castigo ejemplar no va a acabar con la cultura de la violación imperante en nuestra sociedad, aunque sea un aviso a navegantes; una cultura perpetuada a través de la industria del porno, de la cosificación de las mujeres en la publicidad, la hipersexualización de las niñas, de una masculinidad dañina que hace sentir “más hombre” a quien somete, humilla y maltrata.

Es lógico que las ví­ctimas necesiten que se haga justicia, se reconozca el delito  y se las repare. De ahí­ que la infinidad de manifestaciones organizadas durante  estos años querí­an exigir a la Justicia- si es que existe- que llamara a los actos por su nombre -violación, no abuso- y que esta no quedara impune. De alguna manera, la rabia e indignación mostradas en las calles simbolizaban un juicio público donde la “manada” cambiaba de bando, formándola en esos momentos, las miles de personas que aullaban con fuerza que no queremos más violencia ni esta miseria moral en nuestras calles, fiestas, trabajos, hogares., etc.

Por ello, a pesar de esta sentencia, tendremos que seguir organizándonos y luchando porque esto no se ha acabado aquí­.

Seguirá habiendo una estructura judicial machista que pondrá en cuestionamiento la ropa de la mujer violada, su actitud, su vida anterior y posterior al suceso, su actividad sexual, etc. El problema se enraiza profundamente, en la mentalidad de muchos jueces, abogados, jóvenes, gente “corriente” que opina que esos chicos de la manada sufren una caza de brujas– ¡qué ironí­a! por el lobby feminista. Aunque no nos guste reconocerlo, una gran parte de la sociedad sigue pensando que no es para tanto, que qué harí­a ella a esas horas de fiesta sola, que pobrecillos esos chavales, la que les ha caí­do encima… ni los propios protagonistas de este macabro suceso se consideran a si mismo violadores, ¿les hará tomar conciencia los 15 años de talego? Es esa mentalidad arraigada en las creencias de dominación y de disciplinamiento patriarcal las que tenemos que tratar de aniquilar; en palabras de Rita Segato, antropóloga feminista, el varón que viola no lo hace por placer sexual, sino para reafirmar su masculinidad y mantener su status frente al mundo.

Mucha pedagogí­a, sensibilización y autodefensa feminista nos queda por desarrollar en los entornos donde nos encontramos para deconstruir las  ideas machistas que fundamentan este sistema opresor. Trabajar con las chicas para que se sepan defender y sepan descifrar la cantidad de gestos menores que están en la vida cotidiana siendo el caldo de cultivo para futuras agresiones; hacia ellos, que cuestionen la masculinidad hegemónica basada en la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres; que cultiven una sexualidad sana, de respeto y empatí­a. Mucho curro en las calles para visibilizar que no estamos solas, que todas las violaciones son importantes – las que sufren las inmigrantes, las prostitutas, las personas trans también nos deben movilizar-; que no nos van a silenciar más, que el miedo lo afrontamos entre todas, que en red funcionamos mejor y que la lucha feminista no se para en los parlamentos ni en los juzgados..que continuará más allá de leyes y sentencias.

Necesitamos seguir esforzándonos colectivamente en pensar  qué soluciones son más adecuadas para construir un sociedad libre de violencias, apostando por las que pasan por reforzar los lazos comunitarios donde se erradiquen las jerarquí­as por razón de sexo, clase y raza como causantes de este sistema autoritario, en vez de poner el foco de las protestas masivas en condenas de cárcel.

 

 

 

Un Comentario para “Y después de la sentencia ¿qué?”

  1. Mariana

    Muy buen artí­culo. No son temas sencillos, ni conseguiremos soluciones fáciles, ni son posibles posiciones de blancos y negros o una coherencia impoluta. Pero continuemos debatiendo en esta linea, complejizando los debates, siendo crí­ticas.

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