Publicado por DV & archivado en Economía, Opinión.

El pasado martes aparecía en el periódico Diario de Burgos una noticia sobre la empresa Glovo.

Aparte de destacar cómo este diario hace publicidad “gratuita” de ciertas empresas, nos preguntamos qué hay detrás de este tipo de negocios que forman parte del la supuesta “economía colaborativa” y que tiene en sus espaldas numerosas denuncias por sus condiciones laborales.

La noticia en concreto hablaba de los negocios de la ciudad que ya utilizan este servicio reparto a domicilio de productos tan dispares como comida, medicamentos, flores, ropa, etc. Nos comenta la manera fácil de hacer los pedidos, a través de una aplicación en el móvil y que a partir de ahora nos tendremos que acostumbrar a ver a estos “glovers” – las personas que reparten los pedidos en bici o moto con una bolsa amarilla donde se destaca el logo de la empresa-, circulando apresuradamente para llegar a tiempo a entregar las mercancías.

Sin un ápice de cuestionamiento o crítica sobre este tipo de empresas -que siendo un diario que genera pensamiento esta premisa debiera ser incuestionable-, la noticia continúa en su afán de alabar las bondades de Glovo, citando las ciudades y emplazamientos internacionales donde opera dando a entender que es beneficioso que también Burgos sea una pionera en este tipo de negocios – en Castilla y Léon solamente está en Valladolid-.

Leyendo la noticia te dan ganas de descargarte la aplicación y ponerte a hacer pedidos de las cosas que necesites o no, da igual, porque total por 1.9€ me ahorro atascos, las colas en las tiendas, tener que hablar con gente y me facilita mi vida acomodada.

Pero me acuerdo que hace no mucho-2017- aparecieron denuncias a esta empresa  catalana por las condiciones laborales que mantiene con los “glovers”. Estas personas deberían estar como asalariados/as de la empresa, pero en lugar de esto, les tienen como autónomos, falsos autónomos, para que toda la responsabilidad laboral recaiga sobre ellos/as; de esta manera, la empresa se evita darles de alta y así estos/as trabajadores/as tienen que hacer frente al IVA, IRPF, seguridad Social de autónomos, sin vacaciones ni bajas, mantenimiento del vehículo que usen para sus desplazamiento, seguros, etc.

Estas plataformas de reparto a domicilio, como Uber Eats, Deliveroo, forman parte de las empresas sin empleados dentro de la Gig Economy – economía de los pequeños encargos-  que  defienden su modelo empresarial a partir de la flexibilidad -sin horarios fijos, ni jefes- que ofrecen a quienes quieran “colaborar” con dichas plataformas. Lo que esconde este mantra de la flexibilidad es una estrategia neoliberal salvaje para precarizar aún más los trabajos generando condiciones laborables inestables, ingresos irregulares, sin salario mínimo, descansos, eliminación de la negociación colectiva, etc.

Todos estos nichos empresariales novedosos que aparecen nos debería obligar a reflexionar sobre la sociedad que estamos generando. Nos tendríamos que preguntar si son necesarios este tipo de trabajos; qué se está fomentando con ellos;  a quien benefician realmente; cómo imponen paulatinamente el individualismo como única opción vital – ya ni tengo que bajar a la tienda, relacionarme con mis vecinas, encontrarme con algún conocido, pensar cómo organizarme para hacer las cosas porque ya hay quien me trae todo lo que quiero a casa. Cómo juegan psicológicamente con nuestra percepción de la realidad haciéndonos creer que aunque nos cueste llegar a fin de mes, podemos sentirnos mejor porque pagamos o explotamos a otras personas para que hagan los recados que nosotras no queremos hacer. Nos venden la fantasía de poder salir momentáneamente de nuestra vidas precarizadas, que además nos lo merecemos porque llevamos todo el día trabajando y que menos que nos traigan la cena a casa: para escaparnos de nuestra condición de esclavitud capitalista, esclavizamos a otras personas que están en situaciones más jodidas que las nuestras.

El corto que Pau Rodilla, arroja luz sobre estas reflexiones:

 

No es la primera vez que se critica a estas empresas y todo lo que esconden, entonces ¿por qué es tan dificil que el Diario de Burgos redacte una noticia periodística de verdad,  donde no lave la imagen de estas plataformas que lejos de dar algo bueno para la ciudad van a generar más empleos basuras? ¿qué intereses tiene este periódico y su propietario, Méndez Pozo, para hacer publicidad “gratuita” de esta empresa y de tantas otras? Será que tal vez no es tan gratuita, y por tanto, las noticias dejan de serlo para convertirse en anuncios del mejor postor.

Un Comentario para “Desenmascarando a la empresa Glovo”

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