Publicado por DV & archivado en Cambio climático y Anticivilización, Opinión.

Madrid acoge del 2 al 13 de diciembre la conocida como Cumbre anual del Clima de Naciones Unidas, pero ¿qué legitimidad tiene el Estado Español para organizar un evento como este?

En un principio la cumbre se iba a realizar en Brasil país que renunció a la celebración tras la elección de Bolsonaro. Más tarde iba a ser Chile el encargado de organizarla pero debido a las protestas que están teniendo lugar en el país decidió renunciar a ella y fue entonces cuando España se ofreció a acogerla y Naciones Unidas aceptó dicha oferta, aun así Chile es el país que presidirá la cumbre. El gobierno no podía desaprovechar la oportunidad de fingir que lucha contra el cambio climático y estar en todas las fotos.

¿Qué supone esta celebración para España?
Si hablamos de dinero, esta cumbre supondrá un desembolso de unos 86 millones (de los que se prevé recuperar el 20% por donaciones de otros países participantes).
Si hablamos de contaminación, la celebración de dicha cumbre generará unas 65.000 toneladas de CO2, realizamos una cumbre del clima pero lanzamos a la atmósfera tantísimo CO2, un poco incongruente parece. Pero no nos preocupemos, el gobierno tiene la intención de compensar dichas emisiones a través de reducciones certificadas de emisiones que adquirirá y que procederán de proyectos impulsados por bancos de desarrollo. Parece que si pagas puedes contaminar.

¿Es legítimo que una cumbre como esta se celebre en España?

Sin duda España no es un país ejemplo de lucha contra el cambio climático.
En cuanto a emisiones de CO2 se refiere, en 2018 se encontraba a la cabeza de los países europeos que más han aumentado sus emisiones en comparación con el año 1990 (año en el que se asumió el protocolo de Kioto).
Si nuestros políticos se caracterizan por algo en lo referente a este tema es por tomar medidas contra la contaminación sólo cuando Europa ha expedientado o marcado requerimientos como fue el caso de la contaminación del aire en ciudades como Madrid y Barcelona.
De hecho, el actual alcalde de Madrid hace no mucho trató de dar marcha atrás a una medida contra la contaminación del aire eliminando Madrid Central, medida que no pudo tomar por orden judicial. Pero no se queda ahí, ese mismo alcalde en el día de la inauguración de la cumbre del clima se vanagloriaba de lo bien que funciona dicha medida gracias a él, parece que ya olvidó su promesa electoral de eliminarlo.

Pero la expectación de celebrar la cumbre en España, tiene más cosas curiosas. Endesa compra la portada de todos los periódicos hablando de lo buena que es y lo que se preocupa por el cambio climático, un movimiento magistral para lavar su imagen y además se publica el mismo día de la inauguración ¿cuanto habrá costado eso a Endesa? Parece que si pagas tienes portadas. Lo que no pone en esas portadas es que Endesa es la empresa española que más emisiones de CO2 lanza a la atmósfera.

Pero si en Madrid cuecen habas, aquí a calderadas. Hace unos días La Junta de Castilla y León anunciaba las conclusiones de un informe de la UBU para combatir el cambio climático que rezaba la siguiente conclusión: “Necesitamos más pantanos”. A la Junta de Castilla y León se ha vestido con el lucido traje del pragmatismo, creen que dentro de unos años escaseará el agua, no para el consumo humano pero sí para las explotaciones agrícolas, así que harán más pantanos. Los planes de JCyL son plantar dos pantanos en León, en el cauce del río Órbigo pese a las grandes y contundentes protestas de los habitantes de la zona. El propio estudio de la UBU habla de la problemática que las eléctricas ocasionan para la explotación del agua, debido a las instalaciones hidroeléctricas de las que gozan sin pagar nada por ello.

El capitalismo verde ha llegado, en forma de cumbre, de Greta, de Pedro, … ha llegado disfrazado de buenas intenciones, pero el capitalismo no es verde y responde a una sola premisa: la rentabilidad. Las cumbres, los líderes, políticos y empresarios nos han hecho responsables de la contaminación y muchos hemos mordido el anzuelo, pero nuestra responsabilidad es infinitamente menor que la de aquellos que tejen las nuevas formas de consumo, las leyes, las multas, los nuevos envases y productos que rodearán nuestras vidas.

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