Publicado por DV & archivado en Pensamiento.

Ayer se aprobó en el parlamento el ingreso mínimo vital.

Ningún voto en contra, tan solo un bloque en abstención. ¿Cúal es la razón para que todas las fuerzas políticas se hayan unido en esto y la única que aparentemente no lo ha hecho seguramente este de “postureo”?

El pasado 1 de Mayo en un comunicado que entre otros firmaban sindicatos a los que para nada se les puede acusar de estómagos agradecidos o “amarillos” se decía, entre otras cosas, esto:

…la necesidad de conseguir la Renta Básica universal e incondicional que permita que nadie quede sin los ingresos necesarios para poder afrontar con dignidad la actual situación…

Hoy algunos están de enhorabuena, puede que esperasen mayores migajas pero al menos tienen migajas. Otros, sin embargo, consideran la llegada del “impuesto negativo”, la “renta básica” o el eufemismo rampante “ingreso mínimo vital”, como uno de los mayores goles que hoy nos ha metido el capitalismo y que seguramente haga más pobres a los pobres y más ricos a los ricos.

Todo esto empezó en 1962. Milton Friedman publica su obra “Capitalism and Freedom” por la Universidad de Chicago. Milton en la obra idea un impuesto, al que llama negativo, para pagar a las rentas que no llegan a un umbral de ingresos. Entender a Milton es difícil y requiere, al menos, leer el libro pero resumiendo es se parece mucho a la medida que se ha aprobado en el congreso. La idea de Milton para atajar la pobreza que genera el sistema capitalista es apoyada por la prestigiosa escuela liberal de Chicago. Una de las reacciones contemporáneas más destacadas a la obra de Milton fue la de Foucault que la criticó duramente. Foucault pensaba que el sistema de Milton estaba ideado para que el “pobre” caiga en la frustración y prefiera estar empleado a cobrar la ayuda. Para Foucault esta es una política de renuncia del pleno empleo, la orientada a la empresa y soterraba la idea de revisar de dónde procedía la riqueza y hacer un reparto equitativo. Una medida que nos aleja de políticas socialistas y nos acerca a políticas liberales.

Pese a que desde 1962 la idea lleva dando vueltas entre los ideólogos del capitalismo ha tardado más de 4 décadas en que sea aplicada por los gobiernos. Las razones son complejas. Pongámonos en situación. Imaginen el siguiente dilema: 2 países, con un índice de paro alto y similar. El primero decide optar por tener pleno empleo, sus habitantes se reparten el trabajo con una reducción de la jornada laboral, en vez de trabajar 8 horas pasarán a trabajar 6. El primer país goza de bajas cotas de marginalidad. El segundo país, sin embargo, decide optar por mantener las 8 horas laborales pese al alto desempleo. Obviamente el segundo país tiene unas altas cotas de marginalidad, delincuencia, desigualdad social, etc. Para atajar la marginalidad y la delincuencia el segundo país aplica el impuesto negativo. El segundo país es un país desigual pero mucho más competitivo que el primero ya que el segundo país tiene a sus habitantes más productivos trabajando probablemente más de 8 horas mientras que el resto no molesta, esto hace que el primer país no pueda competir contra el segundo país ya que el segundo país produce mejor, más barato y su fuerza de trabajo esta muy asimilada.

El capitalismo hoy presumiblemente tiene un gran problema, si nadie lo remedia llegará a su cota máxima de creación de empleo. Por otro lado los avances tecnológicos, sociales, etc. perfeccionan los modelos productivos destruyendo empleo. Es decir, cada día que pasa hay menos posibilidades de tener trabajo. Los malos presagios de Foucault sobre el “impuesto negativo” se tornan, si cabe, mucho más reales. Que los brazos liberales en España apoyen esta medida no es casual, si esto se tramita como proyecto de ley no quedará otra que asumir las proposiciones de enmienda para que la medida sea perfecta para la patronal.

A día de hoy nadie se plantea, como hizo Francia hace años, una jornada de 7 horas. La izquierda hace 40 años hacia cosas de izquierdas, intentaba repartir el trabajo, hoy ni tan siquiera eso. El tablero donde jugamos se llama capitalismo y ha parado en seco cualquier lucha social que pretenda recuperar la dignidad laboral. La búsqueda del trabajo digno para todos se ha acabado. La “izquierda del capital” nos ha vendido el “ingreso mínimo vital” como el mayor logro social en décadas. En realidad el “ingreso mínimo vital” es el logro de la patronal, es el logro de los explotadores y no será la idea que nos traiga la igualdad social. Al menos, seamos inteligentes, no lo celebremos.

4 Comentarios para “Ingreso mínimo vital”

  1. Anónimo

    Me ha gustado este artículo. Ya que he intentado comentar en el anterior sobre sanidad y no me deja lo haré aquí.
    Estoy deseoso de que en las protestas por las sanidad se hable de lo que para mí es la clave, y es porque en este país los trabajadores públicos tienen una sanidad privada con unas coberturas diferentes. En educación no lo tengo tan claro, pero en sanidad si.
    SANIDAD PÚBLICA DE TODOS Y PARA TODOS.
    Mientras los trabajadores públicos tengan sanidad privada la pública no se defenderá nunca.

  2. Anónimo

    El mismo pesado de antes, por poner un ejemplo, a los ancianos en residencias infectados por cocido se les ha dejado ir a hospitales dependiendo de si eran de la seguridad social o de muface.

  3. Anónimo

    El mismo pesado de antes, por poner un ejemplo reciente .
    A los ancianos en residencias infectados por el cocido se les ha llevado o no a hospitales dependiendo de si tenían cobertura con la seguridad social o con muface.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.